jueves, 27 de abril de 2017

miércoles, 19 de abril de 2017

- Valle del Jerte…… los cerezos en flor

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Una vez más buscando la luz y el color nos acercamos hacia donde se funden las graníticas sierras de Gredos y Béjar, camino del puerto de Tornavacas, en la unión de la Vieja Castilla y la Extremadura. Esplendida balconada para divisar en toda su magnitud la panorámica que nos ofrece el amplio y sosegado Valle del Jerte, sus poblados y la tenue blancura que desde él ya podemos apreciar de los tonos níveos de sus frutales en flor, que junto con el verdor primaveral y las lluvias recientes hacen resplandecer en toda su hermosura este altozano del norte extremeño. Trocha por donde antiguamente cruzaban los pastores, arrieros, trashumantes gentes y milicias, que buscando un paso generoso a su caminar, atravesaban las altivas sierras carpetovetónicas para buscar mejores pastos de temporada, o tal vez una mejor vida. 

Antes que ellos, trajinaron estos lares los Vetones, que de origen celta tuvieron en liza por su guerrería a los romanos del Imperio, que también estuvieron por estas tierras dándole la denominación de "Comarca del Gozo"…………. por algo seria, dejando a posterioridad la impronta, como no, de sus novedosas vías de comunicación. También cruzó este concurrido collado el emperador Carlos V (primero de los apodados así en la nueva Hispania), que camino de su último destino en Yuste, atravesó por esta trocha cerca de las siete de la tarde un miércoles 11 de noviembre de 1556, acomodándose en la población de Tornavacas en la casa de Juan Méndez Dávila, fiel servidor y criado del ya dimitido monarca.  

Hemos llegado hasta aquí por tierras abulenses del Barco de Ávila, cruzado el Puerto Castilla (anticipo del de Tornavacas), circulando por encima de que en su día fuera la posible y antigua calzada romana que unía Plasencia con Ávila por el Barco y el Puerto de Villatoro, hoy carretera N-110 que comunica Plasencia con Soria. Senderos también de trashumancia entre Castilla y Extremadura por los que discurría el "real Cordel de Tornavacas” adscrita a la Real Cañada Segoviana, transitado durante cientos de años por incontables migraciones. Sirviendo este paso natural de comunicación, como itinerario ideal para cruzar los ganados a los frescos agostaderos de los estivos castellanoleoneses, pasando los inviernos en las cálidas dehesas extremeñas. Cañada por la que se trasladaba fundamentalmente el pastoreo y el imprescindible abastecimiento de carne y sal, actividades reguladas por el "Honrado Concejo de la Mesta", que creado en 1273 por el "sabio" rey Alfonso X, fue abolido en 1883, con las ya precoces, por aquellas épocas; normas liberalizadoras que hoy en día sufrimos. 

Descendiendo ya el afamado valle al que da nombre el incipiente rio Jerte, con el que nos cruzamos a los pocos centenares de metros en nuestra bajada, todo parece transformarse, comienza a aparecer el algodonado blancor de las flores de sus cerezos que todavía a esta altitud no están en su esplendor, pero ya una vez descendidos e inmersos en serenidad de la vega sí que se dejan notar, haciendo que nuestras sorprendidas miradas se hagan insaciables en la búsqueda de las mejores vistas. 

También contribuye a este espectáculo la abundancia de agua, alimentada por los deshielos primaverales y las lluvias recientemente caídas, generando que a través de las 15 gargantas salpicadas de espumosas cascadas que descienden vertiginosamente hacia las zonas donde se sitúan las poblaciones del valle. Esto genera que esta época sea la ideal para recorrer este idílico rincón de la geografía hispana, convertida en un autentico vergel en el que disfrutar de sus aterrazados campos, sus cristalinas aguas, sus bosques de castaños o robles, sus barrancales y por supuesto de la enorme floración de ese millón y medio de cerezos que parecen querer despertar del sueño invernal. No quiero comentar mucho de la arquitectura de sus localidades y aldeas, pues sería muy crítica mi opinión sobre este tema, solo dejar el comentario de que salvando algunos elementos aislados en algunas de sus antiguas calles, no ha sido muy afortunado su desarrollo y mantenimiento urbanístico……… y aquí queda. 

Para conocer bien sus rincones es casi imprescindible escudriñar además de con las rudas del vehículos, el recorrer caminando los senderos que ascienden sus gargantas llenas de rincones luz y color. Recorrer los algo más de 20 km. por la no muy conocida y poco transitada carretera de Iryda, partiendo de El Torno por Rebollar, hasta la intersección de la carretera que asciende al Puerto de Honduras desde Jerte, es unas de las experiencias que no se olvida. Recorre a media ladera esta parte occidental del valle, con unas vistas impresionantes y cruzando una a una las gargantas que por ella descienden crea la sensación de estar en un mundo cuasi mágico e irreal. Donde las plantaciones de cerezos que situadas en los empinados bancales por entre los que circulamos, parecen que nos saludan a nuestro paso, donde el sol de la mañana los hace más sugerentes al traspasar la luz por entre sus pétalos blancos y a lo bajo el valle entre las luces y las sombras. 

Los caminos que trepan por las gargantas forman parte de la magia de este lugar, el ronroneo del agua y el verdor son nuestra compañía, las subidas cuestan pero el paisaje que se encuentra en nuestro rededor lo compensa de manera soportable. Hay lugares de umbría en donde el intenso verde del musgo es el casi único protagonista, las cascadas se suceden de charca en chaca y el rumor de la cercana agua es la música de ambiente. 

La garganta de Las Nogaleas es posiblemente la más altanera e impetuosa, la de los Infiernos la más conocida pues en ella se haya el paraje de Los Pilones, donde casi todo el mundo acude en la época que sea, para observar las pulidas pozas que la erosión del agua y el tiempo han formado, creando un paisaje continuado de pequeños pero hermosos y sutiles saltos de agua, dignos de cualquier documental televisivo. Pero también si la recorremos entera retornando por el Puente Nuevo o de Carlos V hasta Jerte, es la más costosa y altiva. La de La Puria situada entre las poblaciones de El Torno y Rebollar es mas domestica y domesticada, pero no por ello menos hermosa y atractiva, con el añadido de poder rebuscar en su parte superior esos chozos donde se refugiaban los pastores de antaño en tiempos de inclemencia. 

Otra también accesible en vehículo es la garganta Bonal, donde está situada la cascada del Caozo, posiblemente el salto de agua más llamativo y hermoso de toda la zona, pero también el más visitado con lo que ello conlleva. Y también próxima la garganta de Marta, esta algo decepciónate si se la compara con las demás………. pero de todo tiene que haber en la viña del señor……………. marques. 

Estas últimas se pueden recorrer por la también panorámica carretera, que partiendo de Cabezuela del Valle hasta Casas del Castañar pasa por Valdastillas y Cabrero, otro empacho de cerezos en flor y vistas del valle en toda su extensión, una nueva maravilla. 

Para alojarnos elegimos la Casa Rural El Regajo en el Trono, en todo lo alto del pueblo, y creo que no nos equivocamos, las vistas son esplendidas y el edificio con amplitud y espacio. Para tomarla por la tarde (unas cervezas sin más, pues el "más" es poca cosa más), también en la población de El Torno pero esta vez en la parte baja, Casa Aurelio, con una magnifica terraza con vistas al atardecer del valle. Para comer el "Camping Rio Jerte" de Navalconcejo, buena atención y cordialidad por parte de cocinero que nos atendió directamente por falta de personal ese día, buena carne y buenas ensaladas. Y para tomar un café de mañana en Piornal "Mesón Los Truenas", que además de amabilidad y agrado ponen churros gratis y recién hechos de "aperitivo". 

Pero las meridionales lomas de las sierras del norte extremeño dan para más deleitosos escarceos, escrutando lugares de singular encanto. Habiendo de atravesar los montes de "Tras la Sierra" para introducirnos en el Valle de Ambroz, por donde hoy discurre la autopista A-66 que une Sevilla con Gijón y por donde pasaba en tiempos la Calzada Romana de la Vía de la Plata. Justo por donde transitaba esta ruta del Imperio, nos acercamos a conocer las ruinas de la solitaria y olvidada ciudad romana de Cáparra, que sin ser comparables a otras de nuestra geografía, si que tienen la originalidad de hallarse en ellas el único arco romano cuadriforme que existe en nuestro país. 

La construcción del embalse de Gabriel y Galán, para remansar las aguas extremeñas del rio Alagón, que se realizó durante la fiebre "pantanil" de los años 50 en plena dictadura, concretamente entre los 1952 y 1961, produjo la expropiación de las tierras de labor de algunas localidades de la zona, como es la singular población de Granadilla, antes llamada Granada y a quien le cambiaron el nombre los Católicos Reyes después de la toma del último reducto musulmán en tierra hispana. 

El nombre de este embalse "extremeño" fue puesto a propuesta de los familiares del poeta "charro" (salmantino) José María Gabriel y Galán, quienes eran los terratenientes-propietarios de la mayoría de las tierras colindaste, que en su día formaron parte del señorío de la Casa de Alba……………. señor marqués. Hoy sus aguas sirven para irrigar 20.000 hectáreas de tierras situadas en zonas alejadas, pero el municipio más cercano, Guijo de Granadilla, no posee ni una hectárea de regadío…………… todo el agua para las posesiones del señor marqués. 

Como si fuera un islote en medio del mar de agua, rodeada de verde y primaveral arbolado, Granadilla es una sorpresa más ante nuestra vista. Se nos presenta como un monumento a la impotencia, al desarraigo, al exilio, al desdeño. Completamente abandonada de forma obligada por sus antiguos pobladores, posee sin embargo el encanto de lo inaccesible, de lo alejado y distante, de lo olvidado, pero con esa magia especial que nos trasladan sus piedras y todo su entorno. Totalmente circundada por su
muralla árabe (almohade), la tercera en importancia de nuestra maltratada piel de toro después de las de Ávila y Lugo, nos recibe su hermoso castillo almenado, invitándonos a recorrer sus desmantelas calles, plazas y rincones, hasta llegar a su medieval iglesia. 

Como recompensa de su trágica misión, en 1980 Granadilla fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, seria en desagravio del forzado destierro al que fueron condenados sus aproximadamente 1.500 vecinos dejando abandonadas alrededor de 250 casas. 

Partimos de las histriónicas y bucólicas calles de este grato lugar camino hacia las solaneras faldas del Valdeamor y Pinajarro, para recorrer la población de Hervás, que situada a orillas de la "Ruta de la Plata" fue considerada tenedora de "todas las proporciones para ser uno de los pueblos más felices del reino” por lo menos para el infame borbón Fernando VII en el año 1816, quien por ello la declaró "Villa Libre", villa que fue de templarios. 

Estrecho y empinado laberinto de empedradas callejuelas que forman su buen conservada "judería", antiguo barrio hebreo formado por casas de arquitectura tradicional y popular, donde no faltan las edificaciones construidas enlienzo  mampuesto de hasta tres alturas, armadas con vigas de madera de castaño entre adobes y ladrillo, con airosos aleros. Estando muchas de sus fachadas cubiertas de tejas para sobrellevar mejor los rigores del invierno.

Es en este arrabal, donde medio centenar de familias mosaicas convivieron con el resto de los credos durante el siglo XIV, hasta que la comunidad fue expulsada por decreto de los Católicos Reyes "Isabel y Fernando", partiendo en su mayoría hacia la cercana Portugal. 

"Sabedes o devedes saber que porque nos fuemos ynfonnados que en estos nuestros reynos avia algunos malos christianos que judayzavan e apostatavan de nuestra santa fé católica, de lo cual era mucha cabsa la comunicación de los judios con los christianos, en las cortes que hecimos en la cibdad de Toledo el año pasado de mill e quatrocientos e ochenta años. mandamos apartar a los dichos judíos en todas la qibdades, villas e lugares apartados donde biviesen, esperando que con su apartamiento se remediara". 

Edicto redactado por Tomas de Torquemada, quien fuera máximo responsable de la "Inquisición" por aquellos tiempos. No es fácil conocer el dato exacto de los judíos de Hervás que fueron desterrados de su patria, pudiendo estar la cifra entre 250 o 300 los que tuvieron que exiliarse a tierras extrañas. Pero dejaron una huella cultural que aún pervive, pues aunque algunos se quedaron al reconvertirte forzadamente al cristianismo dominante, siguieron manteniendo algunos de sus hábitos, formas de vida, tradiciones y leyendas. 

Ya en avanzada tarde, retornamos al florido Jerte cruzando los Montes Tras la Sierra por el Puerto de Honduras, paso que permite la comunicación entre el Valle del Ambroz y el del Jerte.  Ubicado a 1.450 metros de altura, mil por encima de cualquiera de las depresiones vecinas, su sinuosa carretera de algo más de 30 km. es recompensada con las vistas y espacios por los que la ruta pasa, con frondosos bosques de robles y castaños, sin duda una trocha que bien merece la pena transitar, observando en la lejanía Las Hurdes, las sierras de Gredos, Gata y Francia.
 
Si bien para acercarnos a ver los floridos almendros del Valle del Jerte tomamos la ruta que bordea la zona norte de la Sierra de Gredos, para retornar al bullicio capitalino elegimos recorrerla por el sur, haciéndolo por los hermosos, soleados y bien conservados caseríos de La Vera, una verdadera maravilla en estos extraordinarios días primaverales, un espectáculo de luz, color y vida que aconsejo a todos los que tengáis necesidad de respirar……… buen viaje.

 

martes, 20 de diciembre de 2016

- Titicaca…… el mar en los Andes

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Por fin vemos las azules aguas del Lago Titicaca, para mi mítico, alejado e inalcanzable destino desde hace muchos años, cuando lo descubrí por primera a través de las fotos de una vieja revista de los años 70. Ahí está, ante mí, sereno y tranquilo, esperando ser descubierto por mis ojos, mi mente y el objetivo de la cámara. Las sensaciones de lejanía e inaccesibilidad se han borrado de mi imaginación al contemplar la inmensidad de sus oscuras aguas como si de cobalto líquido se tratase, calma, serenidad, sosiego, es lo que nos trasladan estos míticos paisajes en la lejanía mientras nos acercamos hasta ellos. Lugares de singular cultura andina e inigualable belleza, que a todos los viajeros que hasta aquí nos acercamos no deja de trasmitirnos, en algunos momentos misterio y turbación y en otros una relajante placidez. Uno de esos destinos que esparcidos por el mundo convierten su visita en mito. 

A casi 4.000 metros de altura, y vigilado en su extremo oriental por las majestuosas cimas nevadas de la Cordillera Real que superan los 6.000 m. de altitud, el llamado "Mar de los Andes" por las grandes dimensiones que posee, se sitúa en una zona compartida entre Bolivia y Perú. Con una superficie de unos 8,490 km2, una profundidad límite de 280 metros, su máxima longitud de 204 kilómetros por 65 de anchura, un perímetro costero de 1.125 kilómetros y un volumen de agua que llega alcanza los 890 km3. Con un paisaje único en medio del Altiplano Andino enmarcado en un impresionante decorado, con la tramoya de las cumbres nevadas como fondo escénico. En el que sus aguas bañan y guardan a una población mayoritariamente indígena, que aún conservan gran parte de las tradiciones de la civilización inca, convirtiéndolo uno de los lugares más soberbios y misteriosos de América. Aguas tranquilas y transparentes; playas de colores claros; bosquecillos que mueren al borde del agua, a semejanza de los paisajes mediterráneos para los que nos acercamos hasta aquí provenientes de viejo continente. Cuando uno llega al lago navegable más alto del planeta, no puede entender tanta magia frente a sus ojos. 

Solo dos naciones del continente sudamericano no tienen mar, siendo Bolivia una de ellas, por los circunstancias históricas que ya he relacionado en artículos anteriores. A la espera de conseguir recuperar en el futuro una salida al mar, mantiene su flota "marina" en el Lago Titicaca. Conservando en su enseña nacional las diez estrellas, nueve por los actuales departamentos, más una por el litoral boliviano (Atacama) que ellos denominan Mejillones. 

Comenta una leyenda que, fue en este lago donde comenzó a generarse el linaje de lo que después sería el gran imperio inca, siendo un lugar sagrado para los apodados como "Hijos del Sol". Los descendientes de aquellas culturas siguen venerando estas aguas a través de vistosas representaciones folclóricas y religiosas, quedando seducidos por ellas cuantos visitantes se animan a llegar hasta estas latitudes. 

Las primeras noticias que llegan a occidente de estos lugares, son las que hacen seguir los colonizadores españoles que hasta ellos logran aproximarse. Siendo Pedro Sancho, secretario Pizarro, el que los menciona desde Cuzco, al tener noticias a finales de 1533 de los dos enviados a explorar el Kollasuyo (El Collado o Altiplano Andino) Diego de Agüero y a Pedro Martín de Moguer. Que a su retorno, después de cuarenta días recorriendo esos parajes, informaron de que: "había una gran laguna como de cien leguas y que la mayor población se encuentra a su alrededor, y en medio de ella hay dos islas pequeñas, en una de las cuales existe una casa del sol que es tenida en gran veneración… están al servicio de este santuario seiscientos indios y más de mil mujeres…". Aunque el más prolífico sobre las tierras andinas fue Pedro Cieza de León, quien posteriormente afirmó que en ellas “hubo un famoso y riquísimo templo del sol, en memoria de haber salido de allí su primer inca Manco Capac”, refiriéndose a la Isla del Sol del Lago Titicaca. 

A esta isla hace también reseña Antonio de la Calancha, comentando que en ella había un “ídolo de piedra azul vistosa, sin más figura que un rostro feo y el cuerpo como pez”. Que durante el proceso de “extirpación de idolatrías” ese y otros ídolos “fueron destrozados y arrojados a la laguna por los cristianos”. Como así ocurrió con los “gigantes ídolos esculpidos en piedra” que había en Copacabana, los cuales “fueron derribados y sustituidos por cruces de piedra y madera”. 
 

Es esta, la Isla del Sol, nuestro destino y a la que nos dirigimos directamente, llegando a ella el mismo día que salimos de La Paz y eso que tardamos más de una hora de lo previsto, unas 5 horas en recorrer los 155 km. que la separan de Copacabana cruzando en balsas el estrecho de Tiquina, lo que nos produjo gran parte del retraso. Aun así nos dio tiempo para contratar hotel para el día siguiente en la parte norte de la playa de Copacabana, justo al lado del muelle desde el que salen las embarcaciones para llegar a Challapampa, en el extremo norte de la Isla del Sol. Hacia la cual salimos de inmediato, pues no partían ya más barcos hasta el día siguiente. Incluso nos dio tiempo a contratar el alojamiento en la isla, que no hotel, y acercarnos hasta la zona de las ruinas de Chinkana, que distante unos 3 km. nos llevará unos 45 minutos, estamos rondando los 4.000 m. de altitud y eso se sigue notando. 

Teníamos noticias de que esta isla era uno de los lugares donde mejor se palpa la realidad de la cultura inca y la onírica magia del Lago Titicaca, y aunque ya llegamos con cierta facilidad los multicolores visitantes hasta sus costas, mantiene ese encantamiento que le da en parte su aislamiento de cientos de años. De todas las 36 ínsulas existentes en este enorme lago, la Isla del Sol es la más grande, unos 14 km², donde conviven y se relacionan tres comunidades autóctonas de origen quechua y aymara. En tiempos fue conocida como Titikaka ("titi" gato montés o puma y "kkakka" peña), la "sagrada peña del puma" desde la que salió el sol después de las tinieblas, en el por entonces conocido como Lago Chucuito, llamado después y hasta ahora como Titicaca por ser donde nació la saga origen del imperio inca. 

Es por ello lugar sagrado y custodio de tradiciones ancestrales, donde se encuentra la energía que creó el mundo y toda forma de vida según la mitología inca, donde brotó la luz y se elevaron la luna y el sol, y en el que la fabula ubica el mito sobre el origen de las culturas tiahuanaco e inca. Nos trasladan las leyendas que, la Isla del Sol era el legendario lugar donde nació el sol, y en la cual Viracocha (el dios sol y creador del universo) decidió engendrar a Manco Capac y Mama Ocllo (los equivalentes Adán y Eva de la cultura inca) para regenerar el mundo con un nuevo imperio. 

Nos lo comenta así el periodista y escritor Eduardo Galeano: “Al principio de los tiempos, la tierra y el cielo estaban a oscuras. Sólo noche había. Cuando la primera mujer y el primer hombre emergieron de las aguas del lago Titicaca, nació el sol. El sol fue inventado por Viracocha, el dios de los dioses, para que la mujer y el hombre pudieran verse”.

El gran dios, encomendó a la pareja la búsqueda de un lugar propicio y fértil para fundar la ciudad que fuera cuna de un imperio, proveyéndoles de un báculo de oro que deberían ir enterrando hasta encontrar un lugar donde quedara clavado con facilidad. Partieron en busca del lugar señalado, encontrándolo a orillas del río Huatanay en lo que un par de siglos después sería la ciudad de Cuzco, centro político y antigua capital de la cultura incaica, fundando uno de los mayores imperios de la historia americana, el Tawantinsuyu. 

Es por ello que la Isla del Sol, posee un especial peso histórico y mitológico al ser el mítico lugar de la creación inca, habiendo sido el territorio de peregrinaje más sagrado de aquella cultura. Existiendo por aquellos tiempos precoloniales un santuario de rituales dedicado al dios Inti (Sol) custodiado por jóvenes vírgenes, donde moraban, adoraban y hasta ofrecían su vida por el considerado padre de la cultura inca. Entre las que allí se practicaban, era de destacar la que efectuaban cada 21 de junio (solsticio de invierno) con la ofrenda a la "Pachamama" (Madre Tierra) de una niña virgen seleccionada por su hermosura, ofreciéndola en sacrificio a la "Madre Tierra" como símbolo de pureza y agradecimiento. Por aquellos tiempos la Isla del Sol estaba ocupada únicamente por "amautas" (sacerdotes), siendo vedada para los no iniciados en los cultos y s rituales ancestrales que se realizaban. Sin embargo hoy en día es punto de encuentro de turistas, arqueólogos y chamanes. 

Es su extremo norte se concentran la mayor parte de los restos arqueológicos del pasado, pudiendo llegar nuestra imaginación a sentir la presencia de Manco Kapac y Mama Ocllo naciendo de la Roca Sagrada o Roca de los Orígenes como también se la conoce. Que situada algo por encima y al levante de la Mesa Sagrada, esta ultima era lugar de ceremonias, destacando de entre ellas el sacrificio de las niñas vírgenes y animales para rendir homenaje al dios Inti. Unos centenares de metros más adelante nos encontramos las ruinas del Laberinto Chinkana, que según parece es el lugar donde vivían los sacerdotes que realizaban ceremonias espirituales. Estos lugares son sobrecogedores, no solo por las fabulas que sobre ellos recaen, su ubicación en la costa oeste de la isla, por encima de los acantilados y con unas vistas excepcionales, nos hace pensar que no fue mal lugar el elegido por los dioses para el nacimiento de un imperio tan mágico y enigmático como el de los Incas. 

Es en este lugar, donde la misma tarde de nuestra llegada a la isla y después de una algo costosa ascensión de casi una hora, subidos a la cúspide de una cercana colina, resguardados del fuerte viento por un parapeto de piedras y acompañados por un agradable y simpático argentino, vemos como el sol inicia su camino hacia el ocaso escondiéndose por las tierras peruanas del Titicaca. Dando paso un rojo crepúsculo que re refleja en las tranquilas aguas del lago. Un momento que no solo recojo en mi cámara, es uno de esos instantes de magia que se quedan guardados en la mente para mucho tiempo. Con este espectáculo ante nosotros, no es difícil imaginar como la magia y el misticismo del lago Titicaca ha deslumbrado a cuantos pueblos se han asentado en sus orillas, no solo a los Incas también a la cultura Chiripa (1.000 a 100 a.C.), los Pucará (siglos II a.C. a VI d.C.), y sobre todo la civilización Tiahuanacota, quienes controlaron este hábitat lacustre hasta el siglo XVI, cuando llegaron los conquistadores españoles.  

En este territorio rodeado por las aguas del Titicaca no existe vehículo alguno, tenido que realizarse cualquier recorrido caminado, tal y como se ha hecho desde tiempo inmemorial. Es así, a pie, como nos permite disfrutar de la magia del silencio en medio de este entorno inigualable. El Camino del Inca o “Ruta Sagrada de la Eternidad del Sol” (Willa Thak), que recorre de norte a sur en su totalidad el cordal de la isla, nos obsequia con las mejores panorámicas de todo su perímetro, así como de la gran planicie de agua que se extiende por más de 150 kilómetros a nuestro alrededor. 

Al poco de amanecer y ya pertrechados para realizar el recorrido que nos habíamos propuesto, el de recorrer el cresterío de la isla de norte a sur por el "Camino del Inca", nos sorprende una enorme tromba de agua que cual si fuera una analogía de "diluvio Universal", congela nuestras madrugadoras intenciones. Teniendo que trastocar nuestros planes diarios y dedicar nuestro tiempo a un buen desayuno y a replantearnos la jornada. Retornamos navegando hasta la zona sur de la isla para visita Yumani, población a la que ascendemos tras recorrer los 220 peldaños de la legendaria e infinita escalinata que se interna en el bosquete, donde se halla la Fuente de las Tres Aguas, donde confluyen sendos caños de los que beben los lugareños para prolongar la vida. Con sus aguas de diferentes sabores, sus manaderos representan los tres idiomas que se hablan en la colectividad: aymara, quechua y castellano, y que construida durante el dominio Inca, nos evidencia los avanzados conocimientos hídricos de las culturas prehispánicas. Cuenta la leyenda que al "Gran Inca" (rey), para conseguir que fuera inmortal, lo subían hasta aquí seis sacerdotes llevando en un trono de oro para que el monarca bebiera de las aguas de la eterna juventud. 

La visión desde la altura es impresionante, al margen de la belleza del panorama, se respira ese misticismo que nos envuelve. A nuestro rededor las esculpidas y trabajadas de terrazas agrícolas sustento de estos pobladores, al fondo, en medio de la azulada planicie observamos la Isla de la Luna, otro mágico y enigmático lugar dedicado Mama Killa (nombre quechua de la Luna), en donde se localizan las ruinas de "Iñak Uyu" o Templo de la Luna, edificio de 35 habitaciones en el que se encontraban las vírgenes del sol. Hacia el sur y por encima del acantilado se encuentra el Palacio Pilcocaina (donde descansa el ave), lugar de veraneo del Gran Inca en busca de reposo, y donde era atendido por las "niustas", sacerdotisas dedicadas al culto de Inti o dios Sol. Este lugar nos ofrece unas vistas únicas del lago con las nevadas cumbres andinas de fondo. 

Retornados a tierras continentales, dedicamos la mañana del día que habíamos decidido "de descanso" a visitar la población de Copacabana. Subimos al Cerro Calvario, al que llaman así por existir uno de esos "viacrucis" con sus 14 estaciones de la Pasión de Cristo y todo, que los cristianos conquistadores instalaron para llegar a su cumbre, en la que curiosamente había un templo de la cultura inca. Pero al ir ascendiendo nos dimos cuenta que su nombre también tenía otra connotación, pues se trata de un verdadero "calvario" remontar sus empinadas escaleras a casi 4.000 m. de altitud. Una vez en su cumbre y repuesto de los resoplos, las impresionantes vistas de la inmensidad del lago con sus placidas aguas como teñidas de lapislázuli nos hacen olvidar la cuesta. Abajo la población de Copacabana con su "vintage" playa y los embarcaderos, también la plaza donde se sitia la Basílica, en la que se adora la milagrera imagen de la "Candelaria" o
Virgen Negra del Lago, patrona de Bolivia e inmaculado (por su blancura) lugar de acogida de devotos peregrinos. Donde los domingos;……….. y coincidimos en que era el día que el "Señor" nos mandó descasar; bautizan a los automóviles nuevos, bautismo en toda regla, con cura e hisopo, vehículos emperifollados y dueños engalanados. También esta sacrosanta iglesia está erigida sobre anteriores templos incaicos, donde cada seis de agosto piadosos creyentes visitan este santuario, quedando trasformando así el antiguo culto inca, que por tiempo inmemorial se rindió a Huiracocha como creador del universo, a las prácticas cristianas.
 

Después de almorzar en el genuino mercado de Santa Marta unas riquísimas truchas del Titicaca, esa misma tarde del "día de descanso", partimos en autobús a Puno. Población que aunque no muy alejada, apenas 144 km, se demora bastante por encima de las tres horas, debido a los trámites aduaneros al pasar a Perú (los policías bolivianos son un poco quisquillosos). Ya situados en un nuevo país y una nueva ciudad, buscamos alojamiento en su más "seguro" Casco Histórico, encontrando albergue en el muy recomendable Hotel Plaza Mayor, que como indica su nombre está casi al lado de la céntrica Plaza de Armas. Dedicando el resto de la ya oscura tarde a buscar quien nos puede llevar al día siguiente a conocer algunas de las islas del lago Titicaca, a pasear por la animada y peatonal calle Lima y a disfrutar en la noche de algunos de sus edificios coloniales. 

Amanecido un nuevo y plomizo día que después se iría enderezando, embarcamos rumbo a las "Islas de los Uros". A unos 6 km. de Puno, una media hora de navegación, se encuentran unos 80 islotes artificiales que han servido como morada a la etnia "Uro" durante cientos de años, que empujados por los incas y despojados de sus tierras tuvieron que asentase en las aguas del lago para poder sobrevivir. Aunque lleven el nombre de esos originarios nativos, la verdad es que el último de los que habitaba estas pequeñas islas falleció en la década de los 50 del pasado siglo, estando habitadas en la actualidad por grupos de origen "aymara". 

No son islas como se pudiera entender, pues son creadas artificialmente por manos humanas aprovechando la "totora", planta acuática y recurso natural muy habitual en las zonas lacustres y pantanosas de la América sureña, como es el caso de esta zona del Titicaca en la que hay poca
profundidad. Las hojas y los tallos de este junco es fundamental para la economía y la forma de vida de estas gentes, con ella a parte de "fabricar" las islas, les sirve para confeccionar y techar sus chozas, crear habitáculos, o para combustible una vez secas, así como elaborar sus barcas para navegar por las aguas del lago, como lo han hecho durante cientos de años, en las curiosas y pequeñas embarcaciones conocidas como "caballitos de totora". Cuando descendemos de la embarcación para visitar alguna de estas islas se tiene la chocante impresión de estar pisando sobre un esponjoso y mullido suelo vegetal con la sensación de estar flotando sobre las nubes que reflejan las aguas del lago. También con ella realizan trabajos de artesanía y enseres para su vida cotidiana. La utilizan igualmente como alimento, pues al pelar su corteza muestra una lechosa sustancia sin prácticamente gusto, utilizada como suplemento de su alimentación. 
 

La comunidad indígena de los "uros"; que alegan ser los dueños de las aguas del Titicaca; hasta mediados del pasado siglo su cotidiana actividad se realizaba en complicidad con el lago, fundiéndose e identificándose con él en una extraordinaria armonía. Hoy se han convertido en un espectáculo o atracción turística más de la zona, pero no por ello deja de ser interesante ver sus formas de vida y sus costumbres. 

Por último nos desplazamos hasta la isla Taquile, donde somos recibidos por sus hospitalarios pobladores, que con sus rostros curtidos por el sol, aun mantienen sus formas de vida y vestimentas tradicionales. Destacando la calidad de sus coloridos y trabajados textiles, que se esfuerzan en realizar mientras realizan sus traslados por los senderos de la isla, o en sus ratos de asueto sentados a la sombra de algunos de los originales portales que engalanan sus caminos. Practica declarada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
 
Si bien el lago Titicaca ya no tiene el hechizo que me reflejaba aquella revista de los años 70, aun deja trasmitir ese encanto de los lugares únicos de los que el planeta no anda sobrado. Sigue siendo un emblema de misticismo y uno de los centros espirituales más significativos de los territorios andinos desde ancestrales tiempos, llegando hasta sus márgenes multitud de gentes para buscar los secretos de su añeja cultura. Siendo especialmente su misticismo, el que atrae durante los equinoccios a miles de viajeros en la búsqueda experiencias sobrenaturales. Pero nosotros no buscamos esas exotéricas sensaciones, el devenir del mundo nos ha hecho más pragmáticos y menos prosaicos, por lo que continuamos nuestro periplo hacia las incaicas tierras de Cuzco y el Valle Sagrado, para conocer su cotidianidad de hoy en día entre sus ancestrales ruinas.

 

miércoles, 14 de diciembre de 2016

- Tiahuanaco (Bolivia)…… los enigmas del pasado o las misteriosas piedras

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Cuando los seres humanos del pasado aun vivían en cuevas u oquedades de las rocas al abrigo de la intemperie, la forma cónica a través de "hitos" formados por piedras superpuestas en tamaño decreciente, fue posiblemente su primer signo constructivo, usándolos para señalizar lugares donde habían realizado algún enterramiento de importancia, marcar un sitio relevante o trazar una ruta a seguir. Con el paso del tiempo y el lógico progresos de las mentes y del conocimiento, estos simples y picudos mojones de piedra se fueron agrandando progresivamente hasta convertirse en túmulos, y posteriormente en "pirámides". Estas formas constructivas no son exclusivas de una única y ancestral cultura, se da en todas la latitudes de muestro planeta y en épocas distantes en el tiempo. Hay quienes especulan sobre migraciones imposibles para trasladar la ciencia o técnica de estas edificaciones de unas a otras civilizaciones, pero la búsqueda de algo en lo que creer y la magia de lo celeste, hizo a todos los pueblos de la antigüedad el fijarte como guía y sumo hacedor a los astros y a los cielos, en la creencia de que sus dioses se hallaban en el firmamento, y que la mejor forma de llegar hasta ellos era elevar sus lugares de culto. Fue por eso que se edificaron entre otros: la Torre de Babel, los tótems de la américa norteña, los monasterios budistas y los campanarios cristianos, todos asemejando de alguna manera las piramidales formas.  

La simpleza de estas arquitecturas en su mayoría petras, sin necesidad del uso de argamasas u otros materiales de compactación y la búsqueda de esa altura que nos acercase a las deidades, en la ejecución de un puente para ascender desde el mundo terrenal al divino, hizo desarrollar por todos los continentes y en múltiples culturas estas edificaciones que, con mejor o peor técnica, han llegado hasta nosotros. Muchas de ellas aun sin conocer su origen ni quieres fueron sus ejecutores, generando por ello mucha literatura fantástica, enigmática y exotérica, llegando algunos a defender la tesis de que se realizaron en similitud a los volcanes y como protección ante la furia de estos, así como afirmaciones seudocientíficas que otorgan a las pirámides y a otros elementos con formas piramidales cualidades mágicas y misteriosas.
 
Con finalidades diferentes podemos encontrar en distintas geografías ejemplos de estas arquitecturas: Las más famosas de Egipto, los zigurat mesopotámicos, los templos hindús y budistas, en Nubia, en Indonesia y por supuesto las originarias culturas americanas, Aztecas, Mayas, Nazcas, Incas, Tiahuanacotas y otras de las que se desconoce su origen. Pudiéndose localizar estos picudos y enormes amojonamientos de piedra en lugares tan dispares como: India, Laos, Camboya, Java, Egipto, Sudán, China, Irak, Irán, Japón, Grecia, Méjico, Guatemala, Perú, Bolivia, Ecuador, Francia y hasta en Tenerife y Cerdeña. Las hay con magnetismo o sin él, orientadas a cualquier punto que se nos antoje, con pasadizos, sin ellos……. y hasta las hay que afilan las chuchillas de afeitar. Pero sobre todos son elementos de antiguos cultos, sin tener que buscarles más enigmas y extrañas energías a su origen. Aun así tienen algo de magia y de misterio, el encontrarlas en medio de tupidas selvas o aisladas en amplias zonas desérticas, siempre crea una sensación de sorpresa y admiración, siendo el caso de las que nos ocupan estas letras.  

En medio del Altiplano Andino a casi los 4.000 m. de altura, encontramos las ruinas del complejo arqueológico de Tiahuanaco máximo exponente de la civilización más antigua de toda América, con 27 siglos de existencia hasta su desaparición, desde el 1500 a.C. al 1200 de nuestra era. 

Ubicadas en secarral paramo del altiplano andino; chocante lugar para el establecimiento de una avanzada civilización; a tan solo 15 km. al sur del lago Titicaca y a 75 km. al poniente de la ciudad de La Paz, Tiahuanaco fue la capital de un amplio territorio que abarcó 600.000 Km2, alcanzando el occidente de Bolivia, el noreste Argentino, la costa Litoral del norte de chileno y el sur peruano, encontrándose influencia de su cultura también en Ecuador. Es aquí y donde se pueden observar los restos de una civilización que nos ha legado extraordinarios vestigios de arquitectura y escultura, también incógnitas con grandes secretos y misterios aun sin resolver. Sus ruinas asombran por la grandiosidad y perfección de los trabajos constructivos y decorativos usados, con piedras perfectamente labradas de más de diez toneladas, cinceladas con los más precisos cortes en piedra que se conocen en la actualidad. 
A la llegada del extremeño Cieza de León a estas tierras en 1549, se encontró estos sorprendentes restos, aunque por aquel entonces eran mucho más imponentes. El paso del tiempo, los frecuentes terremotos en estas latitudes, y el saqueo al que fueron objeto sus muros para el uso de las piedras en nuevas edificaciones, como fue el levantamiento de los templos cristianos, favorecieron a su decadencia, permaneciendo in situ sólo los bloques de piedra más grandes. No pudieron los indígenas que habitaban sus proximidades, darles a los nuevos y foráneos allegados la menor información sobre su fundación, sólo detallaban que la metrópoli fue obrada por gigantes en una sola noche, antes de producirse el "Gran Diluvio", y que fue devastada por un monumental terremoto o por los rayos del Sol. En su mayor apogeo llegaron habitar la zona unas 400.000 personas, cuando la agricultura y el comercio eran prósperos, pero una sucesión de años de sequía asolaron la zona durante el siglo XI y Tiahuanaco fue progresivamente abandonada, disgregándose sus moradores por los valles circundantes. 

Cuando llegamos no había casi turistas, apenas un bullicioso grupo de traviesos colegiales locales y poco más. Entre las ruinas, algo abandonadas por falta de recursos, trabajaban familias indígenas de la zona que solamente se dedican al mantenimiento, pues las excavaciones arqueológicas están paralizadas por falta de dineros para ello, una pena al ser el enclave arqueológico más importante de toda Bolivia. Paseamos por entre los senderos remarcados con cordeles que delimitan y protegen esta superficie de algo más de 0,3 km2 de las 420 hectáreas que en su esplendor tuvo. Transitamos por entre los santuarios de Putuni y Kalasasaya "Templo de las Piedras Paradas" al que accedemos por su costal oeste. Según últimos estudios realizados, la antigüedad de este templo se remontaría a unos diecisiete mil años, siendo una especie de observatorio astronómico cuya utilidad era la de conocer las distintas estaciones del año. En su interior nos encontramos restos relevantes de la cultura Tiwanakota: los enormes y esculpidos sillares de piedra conocidos como "Monolito Ponce" y "Monolito Fraile", la magnífica y escalonada "Portada Principal" orientada en dirección este, y la afamada Puerta del Sol. 
 

Este esplendido portal lítico está tallado en un solo bloque pétreo de unas diez toneladas. Los grabados que podemos observar en su magnífico dintele representan un complejo calendario, junto a símbolos de las creencias religiosas basadas en la visión celeste y la astrología. Siendo este aislado portalón, el que mejor nos traslada el nivel de perfección que alcanzó esta ancestral cultura, tanto por su elaboración artística, como por el simbolismo que representan sus bajos y alto relieves. Es, alrededor de este pórtico, donde cada 21 de junio (solsticio de invierno en estas latitudes), se festeja el "año nuevo" de la cultura aymara, gran exhibición costumbrista y religiosa de devoción indígena al astro rey. 

Continuamos recorriendo el perímetro exterior de Kalasasaya hasta alcanzar la hermosa y bien trazada "Puerta Principal", situada a pocos metros y algo elevada sobre el Templete Semi-subterráneo. Enigmático templo, que encontramos bajo rasante, como si se tratara de una piscina vacía, siendo una de las construcciones mejor preservadas de todo el recinto, al no ser descubiertas por los conquistadores españoles cuando llegaron aquí, estando por aquel entonces completamente cubierto con los residuos depositados por la acción de los vientos durante centenares de años. En sus muros interiores se aprecian 175 enigmáticas cabezas incrustadas en sus paredes, que en su mayoría elaboradas en blanca caliza, contrastan con la bermeja piedra de su soporte. Se supone que estas representan a seres de culturas próximas de regiones limítrofes, o incluso a pueblos lejanos como normandos y asiáticos. 

Ascendemos a la pirámide de Akapana, o lo que queda de ella, costándonos algo de trabajo por inclinado de su pendiente y la altura a la que nos situamos, algo por debajo de los 4.000 m. Siendo el monumento más notable por su simbología de todo este asentamiento preincaico, una pirámide compuesta por siete simbólicas plataformas escalonadas. Su planta, dispuesta también en escalones, fue cimentada aprovechando la forma de una colina natural del terreno. En su parte superior se hallaba un también escalonado templo semi-subterraneo, que con forma de cruz andina, los tiahuanacotas dedicaron a lugar de culto, pudiendo ser este lugar, donde originalmente se situara la representativa "Puerta del Sol". Santuario que fue arrasado por el colonizador español Oyardeburu, quien escudriñó su interior en la búsqueda de áureos tesoros. Siendo a partir de entonces cuando comenzó el saqueo de Akapana, siendo sólo unas mínimas algunas partes las que pudieron salvarse. 

Visitamos los museos para ver sobre todo el impresionante "Monolito Pachamama o Bennett", máximo exponente de la escultura totémica de Tiahuanaco. Una considerable pieza cincelada en roca, de 7.30 metros de altura y un peso de unas 20 toneladas, que con perfil humano podría encarnar a un soberano o a un dios. Inicialmente ubicado en la parte central del Templete semi-subterráneo, ahora se encuentra protegido entre los muros de estas salas acondicionadas y custodiado por la vehemente presencia de los guardas anti-fotos.

Por último nos acercamos a Puma Punku "Puerta del Puma" (pirámide solo descubierta en parte y actualmente en excavación). Que algo distante del resto, conforma un templo también a terraplenado parejo al de Akapana aunque más pequeño, formando el segundo monumento más importante del lugar. Y donde podemos observar los grandes bloques de piedras que formaban
sus muros y suelos de hasta 131 toneladas, así como pasear por entre las magníficas y elaboradas tallas esculpidas en sus desmanteladas piedras. Reputada por la asombrosa exactitud en su cincelado y engarce, Puma Ounku es uno de esos lugares donde los bloques de piedra están tan ajustadamente encastrados que la hoja de un cuchillo no se puede embocar entre ellos, especialmente lo podemos observar en los que están elaborados en forma de "H", que ajustan con enorme precisión.

Se le determina oficialmente al asentamiento una antigüedad de unos 2.000 años, aunque fuentes más verosímiles lo sitúa en el 15.000 a.C. Se utiliza como forma de datación de estos elementos megalíticos, el estudio de su alineación con determinadas estrellas y cuerpos estelares. Estando prácticamente la totalidad de ellos orientados fundamentalmente hacia la estrella Sirio y la constelación de Orión. 

La falta de documentación; al no tener esta cultura conocimiento de la escritura; no ha dejado constancia de los hoy todavía inexplicables métodos y técnicas que sus pobladores emplearon para trasladar y confeccionar estas piedras. Tesis empleada por algunos visionarios y estudiosos
para afirmar que estas construcciones fueron erigidas por una civilización super-avanzada, aunque tampoco se puede aseverar que estas gentes no fueran capaces de ello. Otras especulaciones, y cada vez más gentes en el mundo del esoterismo, piensan que civilizaciones de otros planetas lejano nos visitaron en tiempos pasados, y aun lo estarían haciendo ahora, prueba de ello sería este lugar de Puma Punku. La exactitud y perfección de los trabajos plasmados en las piedras que componen el lugar, nos hacen pensar que el hombre primitivo, con los elementos que contaba pudiera realizar tan precisos trabajos de talla en esos bloques pétreos.

La forma en la que fueron cincelados; con perfectos ángulos de 90º, superficies lisas exquisitamente pulidas, precisos taladros circulares imposibles de realizar con las herramientas de piedra o cobre de aquellos tiempos; nos hace reflexionar sobre los medios con la que fueron realizados estos trabajos, pues tenían que poseer una técnica bastante avanzada para realizarlos. Llamando principalmente la atención los bloques "H", que con una exactitud fuera de lo normal parecen haber sido construidos prácticamente en una cadena de montaje.


Ya he comentado con anterioridad, como a la llegada de los colonizadores hispanos, las gentes que poblaban el lugar atribuían su creación a una raza de gigantes dioses que descendieron del cielo levantando en una sola noche, usando una tecnología que hacía elevar las piedras para su traslado. ¿Estará la respuesta a muchos misterios en las leyendas y tradiciones de los ancestrales pueblos? 

En las paredes de Tiahuanaco; corazón de esta civilización preincaica edificada posteriormente a Puma Punku y si atribuible su construcción al ser humano; se nos muestran figuras con seres de otras razas, no solo de gentes del lugar, inclusive las hay que no parecen humanas, como las decenas de imágenes cinceladas o talladas en piedra que hay por todo el lugar y que no representan figuras terrenales.

Pero sin duda el objeto más enigmático y espectacular de la cultura Tiwanakota es la "Fuente Magna", también conocido como Vaso Fuente, recipiente circular y de tamaño considerable elaborado en piedra,  hallado cerca de la población de Chúa, a unos 70 km. de La Paz, en las proximidades del lago Titicaca. Posiblemente sería un objeto de uso religioso, en el que se puede observar en su parte exterior representaciones de la ciudad, pero en su parte interior, siendo lo que lo hace tan peculiar, se muestran signos cuneiformes de sumeria (Oriente medio), así como jeroglíficos protosumerios.


Esto constituye una clara conexión entre este lugar y Sumeria, lugar donde se originó la civilización humana tal como la conocemos, teoría en la que se apoyan los ideólogos de osoterimo avalando las supuestas visita de otros seres planetarios en tiempos antiguos. Los grabados de ángeles con bastón en la Puerta del Sol, o los signos existentes en la Fuente Magna y los encontrados en el Monolito Pokotia, se pueden entender que fue parte de la cultura sumeria la que ideó estas construcciones, alcanzando estas tierras en busca de ricos minerales, apodándola como "La tierra oeste del sol". 

Todo un enigma que el futuro esperemos despeje, mientras, dejamos volar nuestra imaginación en medio de estas ruinas llenas de magia y sortilegios.