jueves, 18 de noviembre de 2010

- Guggenheim y Kursaal.........la bella y la bestia

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Este verano, aprovechando el recorrido que me trasladaba desde las piadosas aguas de Lourdes, hasta el sápido pulpo de Pontevedra, pude disfrutar de las dos marineras capitales vascas, San Sebastián y Bilbao, antaño tan diferentes una a otra; aristócrata y señorial la que se deja mecer por el oleaje del mar, destartalada e industrial la que se asienta a las orillas de la ría del Nervión. Esa fue la impresión que me causaron la primera vez que las visité, Donostia resplandecía de brillo, el sol iluminaba de una forma especial las cristaleras de los edificios y la blanca barandilla de La Concha; Bilbao olía, no se que decir a que olía, pero no eran agradables sus efluvios, el color de su ría era de chocolate aguado y por doquier deterioradas vallas intentaban ocultar lo intapable: montones de instalaciones corroídas, que a lo largo de sus riveras no tenían fin, hasta cuando había sol, la ciudad parecía gris. Las dos mantenían un vetusto y animado barrio viejo, pero era lo único que las asemejaba.

El denostado por algunos “Estado de Las Autonomías” ha generado que nos volquemos en la mejora de nuestras Comunidades y no solo se nota en el País Vasco, también en el resto del estado, prueba antagónica y concluyente de ello lo tenemos en este Madrid que nos lo están convirtiendo en plástico, quitándole su sabor y ese tipismo y color que también antaño tenia. Pero no todos los dineros se usan para bien de los vecinos, unos mejoran sus ciudades, ...................otros mejoran sus bolsillos o los de sus pijas amistades. Pero volvamos a lo nuestro que de lo demás ya hay literatura de sobra, que no reflexiones colectivas. Hoy Bilbao y San Sebastián están mas igualadas que por aquel entonces, las dos han crecido y las dos siguen manteniendo ese viejo barrio que las da sabor y que siempre he utilizado para tomar esos “chiquitos”, pena que los pinchos hayan subido muy por encima de la inflación.

En las dos se han hecho grandes inversiones, sus alcaldes, el peneuvista (perdón por la expresión, pero no es mía) Azkuna en Bilbao y el socialista Elorza en Donosti, han transformado a mejor su entorno, sobre todo la primera de ellas, recuperando lo que fueron las roñosas instalaciones industriales y dejando un aspecto desconocido en la urbe.

Pero me quiero ajustar en lo que hoy son los símbolos culturales de las dos ciudades y en los que centré mi ultima visita, por un lado el Centro Kursaal, por el otro el Museo Guggenheim. Los había visto solo por la prensa, en distintos artículos y fotos, también por la televisión. Los medios los alababan en extremo a los dos, uno factura del afamado y navarro arquitecto Moneo, el otro diseño del artista-arquitecto y canadiense Gehry. No quiero en estas notas llevarme dejar por análisis previos a mi periplo por estas capitales vascas. Ya conocía los gustos por los cuadriláteros volumétricos de don Rafael, he visitado el museo de Mérida y la ampliación de El Prado y si bien sus interiores están conseguidos, por fuera son simples cubos, o cubos simples, no se come mucho el coco el señor Moneo en su diseño integrador de sus obras con el entorno urbano. De Gehry no conocía nada personalmente, pero sus diseños del museo de Bilbao, la Casa Danzante de Praga, el hotel de la bodega Marqués de Riscal en Elciego (Rioja Alavesa), el museo Vitra de Basilea o la sala de conciertos Walt Disney en Los Ángeles, me llamaban la atención por su rompedora forma de llenar los espacios y por crear en ellos una amalgama de formas curvas, con materiales que los hacen brillar a cualquier hora, ya sea día o noche.

La visita de las dos urbes me gusto, y no hizo mas que afirmar mis prejuicios hacia el de Navarra. Tengo que aclarar que el interior del Kursaal no pudo ser ollado por mis ojos, toda vez que estaba cerrado al publico, también reconocer a su favor que esas formas geométricas a las que nos tiene acostumbrados, esta vez me fueron menos monótonas y mas luminosas que las que le han precedido en sus trabajos. Pero no tengo por menos que criticar y esto no se lo atribuyo a él, la ubicación de los edificios (pues son dos) están en el comienzo del Paseo de la Playa de Zurriola y si bien su vista desde el puente es pasable, no lo es desde cualquier otro lugar. Han desaparecido las vistas de las fachadas primerizas del barrio de Gros, edificadas en los umbrales del siglo XX, como hermanas pequeñas de La Concha, y ahora sucumben bajo las sombras de estos paralelepípedos de cristal. Imaginemos por un momento las reacciones que se hubieran producido, si esta instalación se hubiera situado en la otra orilla del Urumea, en la playa aristocrática y emblemática de La Bella Easo.

Por el contrario el sitio elegido para el Guggenheim de Bilbao, no puede ser más idóneo, en el barrio de Abandoibarra, a orilla de la ría, en un lugar donde anteriormente estaban los muelles para descarga de contenedores de los buques que cruzaban la ciudad junto a sus calles y que también han desaparecido con esta edificación.

En el museo bilbaíno caprichosas formas de un resplandeciente “titanio” nos acogen dándonos la bienvenida, todo es capricho en cuanto a sus vértices. Gerhy ha querido dejar su idea del espacio en laminas que no guardan el equilibrio de la verticalidad pura y juega con las formas para hacerlas irreales, es como si los vientos que recorren la encajonada orilla del Nervión hubiesen modelado estas planchas a su antojo. El edificio parece un barco futurista, recorrerlo por su exterior es en si una excursión cultural, nada se repite, solo el color y los reflejos, que a cada hora del día se tornan mas caprichosos, la noche también es especial en él, aun cuando la iluminación que tiene no ha sido afortunadamente exagerada. Orgullosos pueden estar los estudiantes de la Universidad de Deusto de tener este edificio justo enfrente.

Su interior es también espacio, grandes zonas donde la luz es la constante, aquí las líneas siguen igualmente la marca de su exterior, domina el blanco como elemento y eso le confiere una resplandor especial, sus salas son desiguales y siguen una disposición audaz con respecto a los clásicos museos. De sus exposiciones no voy hacer prácticamente mención, pues sobre el arte en general y mas concretamente sobre el arte vanguardista no soy el mas idóneo para hacer critica, me gusta o no me gusta, me pasa como con los vinos,............ No soy tan atrevido como para opinar sobre un tema que en general desconozco, pero si quiero hacer reseña especial sobre la obra de Richard Serra y su sala de esculturas minimalistas creadas sobre gruesas laminas férricas, entre las cuales podemos pasear, formando parte de esas enormes áreas como elementos adicionales de esas composiciones, elementos complementarios a las formas generales del museo................me gustaron.

Todo el edificio es una obra de arte en sí y de hay sus criticas, devotos detractores lo critican por que su diseño artístico, desmerece su contenido y alegan que eso nunca puede pasar en un museo, que su continente supere a su contenido.

De nuevo no quiero dejarme llevar por mis obsesiones, ..............o si, que coño, pero comparando el Guggenheim con el Kursaal son la Bella y la Bestia, el Yin y el Yang, la luz y las tinieblas, el día y la noche, el blanco y el..................... gris.

Solo deseo a los que no lo conozcáis, que os acerquéis a Bilbao para verlo.

viernes, 12 de noviembre de 2010

- Sahara Occidental, un territorio traicionado

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No son solo las imágenes de esta semana las que me hacen recordar ese “País”. Sigue viniendo a mi memoria cada vez que ese territorio es noticia, casi siempre para mal, los tiempos, allá por los años 70, cuando junto a un grupo de amigos recolectábamos ropas usadas y las entregábamos a la Asociación de Amistad y Solidaridad con el Pueblo Saharaui, que tenían su sede en un destartalado piso de la calle Humilladero de mi viejo barrio madrileño. Aun creo tener de aquella inolvidable época por casa, algún cartel en la que ya se pedía la libertad para el Sahara Occidental y se podía ver en él una imagen “gloriosa” de El Uali, su dirigente indiscutible en aquellos tiempos.

Han pasado casi cuarenta años y las cosas en esos territorios no han ido mas que a peor, lo vemos por las imágenes y noticias de estos días atrás.

Quiero trasladar una introducción histórica para demostrar el derecho que el pueblo saharaui tiene de su independencia y aclarar que nadie, ningún otro país, ya sea vecino o no tiene derechos sobre su tierra y que cualquier usurpación del mismo, supone un acto de colonialismo o pura dominación.

Es un territorio inhóspito, seco, desértico casi en su totalidad, pero habitado desde la antigüedad, como lo demuestran las pinturas rupestres, grabados, arquitectura funeraria y objetos de la época neolítica allí encontradas. Ya desde este periodo se habla de Sahara con independencia al resto de los países del norte de África.

Durante los primeros siglos de nuestra era comienzan a llegar los primeros desplazados a la región de Saguia El Hamra que era su denominación entonces. Con el imperio romano llegan las tribus beréberes de los Zenata y Sanhaja. Es algún siglo después cuando se delimitan las fronteras entre la zona sedentaria al norte de Draa, mas fertil y el tipo de vida nómada que se lleva a cabo en el sur, mas árido. En el siglo VII y VIII empiezan a ser islamizadas, culminado esta en el siglo XI, abandonado durante esta época este territorio los almorávides, expandiéndose hacia el norte, conquistando Marruecos y la Península Ibérica.

En el siglo XIII el Sáhara fue ocupado por un pueblo árabe beduino, los Beni Hassan, procedentes de Yemen, quienes expulsaron a todos los que encontraron hasta tropezar con los Sanhaja, con quienes después de bastantes enfrentamientos acabaron fusionándose. Es a partir de esta fusión donde Sáhara Occidental queda ya arabizado y del que proviene el pueblo que hoy conocemos como saharaui.

Durante el siglo XIV y XV el comercio transahariano adquiere su plenitud, el cual transitaba por el territorio saharaui. Las Islas Canarias son incorporadas a la corona de Castilla a principios del siglo XV, siendo desde entonces estos territorios de una importancia estratégica para España, en los viajes para su colonización americana.

Ya en el año1583, el gran sultán marroquí El Mansur, del que ya he hablado en un articulo anterior, intenta por primera vez invadir el Sahara Occidental, siendo derrotado por los saharauis en la región de Farsia.

En el siglo XVII, los holandeses ocupan la región del Río de Oro, cediéndosela a los ingleses en 1665 y pasando a manos francesas en 1727.

Durante los siglos XVIII y XIX, los sultanes marroquíes Mohamed Ben Abdal-lah en 1767, Mulay Suleiman en 1799 y Mulay Abderrahman en 1856 reconocen por escrito a España e Inglaterra no tener ninguna autoridad sobre esos territorios.

Cultural y Étnicamente eran diferentes de sus vecinos, se movían con sus rebaños a través del desierto, en unas rutas más o menos regulares, establecidas por estaciones, pozos o fuentes, no conocían fronteras, ni ningun poder por encima de ellos.

La colectividad Saharaui, como el resto África en aquel momento, era una sociedad tribal, pero tenía algunas peculiaridades determinadas. Se gobernada por la Asamblea de los Cuarenta, "Ait Arba-ain", cada uno de los cuales representaba una de las Tribus Saharauis. Manteniéndose hasta mitad del siglo XIX totalmente libre de la ocupación extranjera, soportando durante este periodo fracasados intentos de ocupación.

1884 es el año que da comienzo a la colonización Española en tierra saharaui, creando un protectorado desde cabo Blanco a Cabo Bojador. Comenzando inmediatamente las hostilidades de los saharauis contra el estado colonial, con la toma, ocupación y destrucción de un puesto Español. Al año siguiente la conferencia de Berlín se da vía libre para que los estados europeos se repartan África.

A finales del siglo XIX, el dirigente político-religioso, chej Ma El Ainín, funda la ciudad de Smara, instalándose en ella en el lugar, creando la localidad santa, centro espiritual y político saharaui.

A principios del siglo XX Francia aprovechando la debilidad política y económica de aquella España, intenta ocupar el territorio, pero sus habitantes, los saharauis atacan en 1905 la guarnición francesa de Tiyigy, situada en territorio Mauritano. Finalmente en 1912 son acordadas entre Francia y España las fronteras definitivas de ambos países en este territorio, quedando en manos francesas Mauritania, Argelia y Marruecos. En ayuda de este ultimo país y en contra de la colonización francesa acuden los saharauis, dirigidos por El Heiba, hijo del chej Ma El Ainín, solamente en seis meses de 1908 se registran 125 batallas entre los saharauis y el ejército francés.

En 1934, en plena Republica Española, los “notables” de las tribus de los habitantes del Sahara Occidental, firman con España su “amistoso sometimiento”, denominándose Sahara Español, convirtiéndose en 1958 en una provincia mas del estado. Ese mismo año los pobladores saharauis, piden ayuda a su vecino marroquí que ya había conseguido su independencia colonial de Francia, para lograr la suya, pero fueron traicionados y abandonados por ellos. Como recompensa, el dictador Franco premió al Reino de Marruecos con la cesión de la actual provincia de Tarfaya, situada actualmente en el sur marroquí, que hasta entonces estuvo habitada por saharauis, bajo dominación española.

España ingresa en 1955 en las Naciones Unidas y tiene que someterse por ello a los principios en cuestiones de descolonización de este organismo. Pero la actitud de la dictadura es intentar ganar tiempo para evitarlo. En 1965 la ONU invita a España a iniciar los trámites de descolonización, quedando aceptado por nuestro país el principio de autodeterminación.

El 17 de junio de 1970, se moviliza el pueblo saharaui revindicando su independencia, llevando a una gran manifestación. El gobierno de Franco a través del Ejercito y las fuerzas policiales españolas reaccionan masacrando a los manifestantes y liquidando el movimiento de liberación, desapareciendo en la revuelta su líder Mohamed Sidi Brahim Basiri.

A principios de los setenta se inicia el proceso de Autonomía previo a la independencia, tal como reclamaban la ONU y la población saharaui. Culminada una breve fase autonómica, queda fijada para 1975 la celebración del Referéndum de autodeterminación. Ante las presiones marroquíes y las dilaciones internacionales, los saharauis deciden tomar las armas y luchar por su territorio. En mayo de 1973 se celebra el Congreso Constituyente del Frente por la Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro, conocido como Frente Polisario, liderado por El Uali.

Una Comisión de Encuesta de la ONU llega al territorio saharaui en mayo de 1975 y comprueba que "el Polisario es la única fuerza política dominante en el territorio y que la inmensa mayoría del pueblo desea la independencia". Los saharauis alertan a la ONU sobre las amenazas de invasión de Mauritania y Marruecos.

Durante el mismo año, y en medio del proceso desmoronamiento de la dictadura iniciada en España con la muerte de Franco el 20N, el Gobierno español procede a la entrega del territorio de Sahara Occidental a Mauritania y Marruecos. Comienzan entonces los enfrentamientos armados entre el Frente Polisario y el ejercito marroquí. El rey alauita promueve su "Marcha verde" en noviembre. Con esta marcha, Hassan II moviliza a 350.000 hombres y mujeres de todo el pais, además de 25.000 soldados, para tomar posesión de Sáhara. La población civil saharaui se ve obligada a huir. El 14 de noviembre, España entrega el territorio de Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania, a través de la firma de los Acuerdos Tripartitos de Madrid y nuevamente son traicionados sus habitantes, algunos de aquellos ciudadanos aun mantienen su D.N.I. español.

Mauritania firma un acuerdo con el Frente Polisario en 1979 cediéndole sus “derechos” territoriales, pero estos fueron inmediatamente ocupados por Marruecos.

Desde entonces la historia es más próxima y conocida, discusiones y mas charlas en la ONU, sobre un referéndum de independencia que nunca llega y mientras, el reino de Marruecos consolida su invasión, ocupando el territorio con colonos marroquíes traídos de todas las partes del país, intentando hacer su propia limpieza étnica. Mientras 165.000 saharauis viven refugiados en los campamentos argelinos, fuera de su tierra y esperando que algún día se les de una solución.

A través de esta resumida historia podemos confirmar que nunca, ningún país, ha tenido derechos territoriales sobre el Sahara Occidental, y que sus habitantes, los que había antes de 1975 y sus descendientes son los únicos que pueden decidir sobre el futuro y la independencia de esta tierra árida y seca.................que nunca ha sido dominada en su totalidad y que por un puñado de fosfatos, minerales y peces, ahora es codiciada por sus esquilmadas “riquezas”. Manteniendo al mismo tiempo el Reino Marroquí entretenidos a sus súbditos en un nacionalismo radical, que les haga olvidar las carencias democráticas y de libertad que sufren a diario.

Esta situación ha ido deteriorando y colmando la serena paciencia del pueblo saharaui, desarrollándose los acontecimientos que durante este año hemos podido conocer, desencadenando en la madrugada de este lunes el brutal desalojo por fuerzas militares y policiales marroquíes del campamento de Gdeym Izik, instalado en las proximidades de El Aaiun, sobre el que os invito a ver este video, sin que hasta la fecha tengamos datos de lo que allí ha ocurrido, pero que al pasar los días, los testimonios y las cifras de detenidos, heridos y muertos van aumentando sin parar, extendiéndose la represión, así como los movimientos insurgentes a otras ciudades de territorio.



España, los sucesivos gobiernos españoles, este de ahora también, tienen una responsabilidad indiscutible sobre estos territorios, pues sigue siendo de derecho su único administrador reconocido ante la ONU, ya que la ocupación Marroquí no ha sido reconocida por ningun organismo internacional.

Quiero desde estas letras declarar unilateralmente por mi parte la independencia y reconocer la soberanía de la República Árabe Saharaui Democrática, reconocida también por 85 estados soberanos.

Como vecino que soy de Rivas, agradecer a las numerosas familias ripenses que año tras año, todos los veranos acogen en sus casas a niños saharauis traídos desde los campamentos del desierto en Tinduf, convirtiendo su estancia en mi pueblo, en un verdadero regalo que tendrán para toda su vida. Así mismo reconocer la labor de la asociación Rivas-Sahel, por su trabajo a favor de los habitantes de estas desoladas tierras.

Quiero también desde aquí invitaros a la manifestación que se celebrara mañana día 13 en Madrid a las 12 horas desde Atocha a Sol..............allí nos veremos.



lunes, 8 de noviembre de 2010

- Marrakech

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Un púrpura pálido, un rojo ocre domina toda la ciudad, es el color de la tierra del sur marroquí, de los valles situados al norte de las altas montañas del Atlas, es el tono de la “Ciudad Roja”, el matiz que nos acompañara durante nuestro curiosear por Marrakech, la Capital del Sur.

Todo en norte africano, lo que denominamos el Magreb ha estado habitado desde tiempos primitivos por tribus beréberes, denominación romana de los imazighen “hombres libres”, que conforme a algunas teorías, su origen estuvo en el Cáucaso y que según otras serian el umbral de los vascos de por aquí; nosotros los iberos, en argot ramplón-macarra y en inmerecido modo despectivo les apodamos moros. Sus creencias religiosas se basaron inicialmente en la magia y la brujería, hasta que fueron islamizados. Estas tribus fueron el embrión sobre el cual la ciudad de Marrakech se fundó, al ser un lugar estratégico y punto de encuentro de las caravanas que cruzaban el Atlas hacia el África negra a través del Sahara. Cumpliendo dentro de pocos lustros los mil años de existencia, ha servido de origen al nombre de Marruecos, del que fue capital durante varios periodos hasta 1911.

Tras la caída del Imperio Romano, estos pueblos empezaron a expandirse, especialmente con su islamización y como defensores de la ortodoxia musulmana, hasta llegar a conquistar Hispania.

Algo de su historiaMarrakech se fundó el año 1062, siendo su creador el sultán almorávide Yusuf Ibn Tashfin, quien intervino en la península ibérica intentando unificar los reinos de taifas, ante el avance cristiano desarrollado por Alfonso VI tras la toma de Toledo. A su muerte le sucede su hijo Alí, quien con la construcción de canales subterráneos “khettaras” o qanats, palacios y baños públicos incrementó el desarrollo de la ciudad, al estilo y copia de Al Andalus.

Durante la Edad Media, la dinastía de los almorávide "el morabito"; una especie de monjes-soldados, consagrados a la Jihad, la guerra santa para convertir a los no creyentes, similar a lo que fueron en la cristiandad los templarios; harán de Marrakech una ciudad envidiada por sus excelentes pensadores y artistas, así como por la belleza y desarrollo de la cuidad, de este periodo solo ha quedado la Koubba almorávide de Ba’adiyn, situada muy próxima al palacio que aloja hoy en día el Museo de Marrakech.

Vencidos los almorávides, se instaló la dinastía de los almohades, "unificadores" del Islam, beréberes que negaban la intercesión de los morabitos o santones ante su dios Ala. El período almohade fue una época de gran grandiosidad para Marrakech, algunas construcciones aun nos la recuerdan, como la monumental Bab Agnau, majestuosa entrada de la Kasbah, fortaleza en la que existe también una mezquita. Durante este periodo se construyo la Mezquita Kutubia inspirada en el arte del Al Aldalus, se embelleció la ciudad con los Jardines del Agdal y el estanque de la Menara. Otros lugares del imperio también fueron ejecutados en esta época como la inacabada Torre Hassan de Rabat y en Hispania la Torre del Oro y la Giralda en Sevilla, así como la torre de Espantaperros en Badajoz.

En 1230 el califa Al-Mamun llama en su ayuda a Fernando III “El Santo” rey de castilla para recuperar Marrakech; que antojos de la historia, una persona a la que el Papa de Roma canonizó años después, ayuda a los infieles en los entresijos de su guerra santa, paradigmas de la historia que 800 años después vemos como se repiten.

Los incesantes descontentos e intrigas internas durante el siglo XIII, significaron el fin de los almohades cuando el sultán merinida Abu Yusuf Yacub penetró en Marrakech en 1269 y profanó las tumbas almohades. Finalizando el fin de esta dinastía y comenzando la de los merinidas, que gobernaron la ciudad durante los dos siglos siguientes. Estos establecieron la capital en Fez, decayendo el esplendor de la cuidad al trasladarse sus artesanos e intelectuales a la nueva capital. Pero las disputas internas permanecían y el desmembramiento del imperio musulmán era ya irremediable. El último sultán merinida fue asesinado en 1465 y el reino musulmán de Granada cayó en 1492.

Les sucedió otra nueva dinastía, la saadita que reinó hasta 1654, estos habían vivido en la región próxima a Marrakech durante casi dos siglos sin hacerse apreciar. En los inicios la lucha interna por el poder fue terrible y se identificó por la persecución y muerte de familias rivales completas de saadíes y aun dentro de la misma estirpe.

Moulay Abdallah desde su llegada al trono en 1557 comenzó por eliminar a todos sus competidores familiares potenciales; sus hermanos Abd El Malik y Ahmed El Mansur tuvieron que huir a Argelia. A partir de 1558, este monarca reunió en un barrio a todos los judíos de Marrakech - el Mellah creando así uno de los primeros guetos. Durante su mandato se edificaron la mezquita y la fuente Mouassine y la reconstrucción de la Medersa Ben Yussef.

En 1578 llega al poder Ahmed El Mansur, durante los 25 años de su reinado este monarca, extendió el imperio desde el Atlántico hasta Egipto, sometiendo a Sudán. Sus victorias aportaron a la ciudad muchas riquezas, entre ellas gran cantidad de oro, por lo cual fue conocido como "El Dorado". La ciudad se vio embellecida y recuperó su antiguo esplendor; hizo construir el Palacio El Badi, conmemorando la victoria contra el ejército portugués en 1578, una nueva kasbah, siendo también es el responsable de la ejecución de los elementos mas sobresalientes de las Tumbas Saadies. Su pasión por las ciencias y la literatura hicieron de la ciudad una gran capital cultural. Pese a su gusto exagerado por el lujo es recordado como un gran rey, respetado, admirado y sobre todo temido, siendo uno de los más extraordinarios sultanes del mundo, llegando a conquistar la mítica Tombuctú.Al morir sin designar sucesor, resurgieron antiguas disputas. El país se hundió en el caos y el hambre. Dando pie a los pocos años a la entrada de una nueva dinastía, los Alauitas, que tomaron el poder en el siglo XVI.

Estos son descendientes directos de Mahoma por parte de su hija Fátima casada con Ali, de donde procede el nombre de Alauíes, dinastía a la que pertenecen desde entonces todos los reyes que ha tenido el país y de ahí la denominación de "reino alauita".

Mulay Ismail gobernó durante 55 años hasta 1727, megalómano y cruel, es pese a ello recordado como el más grande dirigente del Islam de su época. Creó un ejército de 150.000 hombres formado con esclavos que tenían la obligación de reproducirse con las mujeres de un gigantesco harén; los niños eran educados como soldados perfectos. Setecientos rivales fueron decapitados durante su mandato, despojó la ciudad de origen romano de Volúbilis para recobrar sus materiales, tambien arrasó el magnifico Palacio El Badi, para vengarse de la dinastía Saadí. Se comenta que su harén estaba formado por 400 mujeres, llegando a tener más de mil hijos.

Durante el convulso siglo XIX Marrakech sufre los avatares históricos del propio Marruecos donde franceses, portugueses y españoles impusieron sus intereses coloniales, justificándolos unas veces para eliminar a los corsarios, otras por represalias por permitir la piratería, pero con el único fin del control de sus riquezas naturales y su privilegiada situación de puerta de África.
En 1894 con 16 años de edad, accede al poder Moulay Abdelaziz, entregado a los deportes, las fiestas, el lujo y con el país hundiéndose por las deudas, firmó en 1906 un tratado, que repartía el reino entre Francia y España.

Durante ese periodo, fascinados por la cultura oriental comenzaron a llegar gran cantidad de franceses a Marrakech, muchos de ellos instalándose definitivamente, adquiriendo y recuperando antiguos los riads en la Medina de Marrakech, creándose también el nuevo barrio europeo de Gueliz, ubicado extramuros.

Pero no tardando estallaron, sobre todo en Marrakech, los disturbios y revueltas a favor de la independencia. Para conseguir mantener el control, el gobierno francés hizo un pacto con Thami el Glaoui, uno de los señores de la guerra que estaba al frente de las tribus de las montañas del Atlas, nombrándolo en 1912 señor de Marrakech, dándole carta blanca sobre la ciudad y todo el sur marroquí. El Glaoui se instaló en un palacio de la ciudad y desde allí gobernó con dureza durante más de 40 años. Extravagante, cruel déspota y amante de los excesos, siendo también un personaje astuto y brillante, que organizaba solemnes banquetes para sus invitados a los que agasajaba con espléndidos regalos.

El protectorado duró hasta el regreso del exiliado rey Mohammed V en 1956 y la "Perla del Sur" como también han dado en llamar a Marrakech, al igual que el resto del pais consiguió su libertad e independencia colonial,......................... aunque para la plena, la de sus habitantes todavía les queda.

No quiero dejar de mencionar en estas notas dos personajes importantes relacionados con la ciudad y que por ser de origen hispano se merecen unas letras. Uno es el cordobés del siglo XII Averroes, de origen árabe, musulmán, librepensador, filosofo y sobre todo uno de los mejores médicos de su época. Al que, quien fuera el primer Presidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina, quiso reconocer sus aportaciones poniéndole su nombre al hospital “12 de Octubre”, pero los sectores mas rancios de la sociedad madrileña, los que ahora nos “gobiernan” este Madrid, trastocaron esa consideración a este personaje, que por sus ideas libres y tolerantes, en una época de intransigencia e integrismo religioso, fue expulsado de su país “Al Andalus” y exiliado murió en Marrakech en ll98.

El Otro prójimo al que quiero rendir deferencia es Juan Goytisolo, escritor, “España y los españoles”, el cual vive afincado en Marrakech desde ya hace muchos años. Crítico con los críticos de lo que se denomina la “emigración ilegal”, sus libros estuvieron prohibidos en España desde 1962 hasta 1976, no siendo difícil cruzarse con él a primeras horas de la mañana en las proximidades de la plaza Jemaa el Fna.

Un paseo por la ciudadCualquier recorrido que hagamos por la ciudad comenzará o concluirá en la inmensa y singular plaza de Jemaa el Fna, centro incomparable de la medina o barrio viejo y espacio donde observaremos las más variopintas actividades. Desde ella buscaremos la calle Riad Zitoun el Jadid y en dirección sur iremos en busca del Palacio Bahia, esta calle es un alboroto de comercios de todo tipo, concurrida por multitud de personal que a cualquier hora del día la transitan, es uno de las pasos principales de la medina y al recorrerla tendremos que esquivar las motos y bicicletas, que como practicando slalom sortean a los viandantes que por ella circulan. Antes de llegar al palacio nos desviaremos a la izquierda, para no sin preguntar dirigirnos al museo Dar Si Said, alojado en un hermoso palacio del siglo XIX en el que podremos ver piezas interesantes de las zonas del sur marroquí.

El palacio Bahia fue mandado construir a finales del siglo XIX y podemos ver en él sus patios y algunas de las 150 habitaciones de las que dispone, esta decorado con arabescos al estilo tradicional árabe, pero nada comparable a nuestra Alambra granadina.

Rodeando el palacio esta el Mellah, es la antigua judería, el barrio judío de la ciudad donde se asentaron los judíos expulsados de España. En el podemos encontrar dos sinagogas y un cementerio hebreo. Esta rodeado por una muralla que lo separa del resto de la medina; calles estrechas y casas con las paredes desconchas, dan la impresión de abandono, conservando un mercado cubierto muy animado, que no esta aun todavía inundado por los multicolores turistas; también podremos visitar aquí un pequeño zoco de joyerías y un animado mercado de especias en el que os aconsejo hacer las compras de estas esencias culinarias.

En las proximidades podemos visitar el palacio Badil, o mas bien sus ruinas (en su dia fue considerado una de las maravillas del mundo), ya que al esplendor de sus construcción en el siglo XVI por el sultán El Mansur, se topo con la necedad y la envidia de Moulay Ismail que al no poder construir otro que le pudiese igualar, ordenó su despojo y destrucción.

Ya será hora de comer y para ello en las cercanías, encontraremos en la Plaza des Ferblantiers unos restaurante en la calle, en los que a buen precio podemos degustar cous cous, tajine e incluso unos guisos de lentejas o judías.

Estamos cerca tanto del Palacio real como del Palacio de Moulay Idriss, pero no os molestéis en intentar visitarlos, son propiedad de la familia real y aquí todo lo “real” es intraspasable, intocable y casi innombrable.

Ahora toca turno a la visita de las tumbas Saadíes, que ha sido el secreto mejor guardado de toda la ciudad durante casi 500 años, construidas en medio de la ciudad en el siglo XVI, no supo de su existencia hasta 1917, en los que unos oficiales franceses indagaron sobre que habría detrás de unos muros. Hoy son unos de los lugares mas visitados en los que encontraremos mas de 100 tumbas, entre las que destaca el mausoleo principal donde esta enterrado El Mansur y su familia

A poca corta distancia de las tumbas está Bab Agnau, la puerta de acceso a la Kasbah, es una de las puertas más bonitas de la ciudad, realizada en el siglo XII en piedra y no en ladrillo como la mayoría de los edificios.

Es hora de ir retornado a la plaza y lo haremos por la calle Ibn Rochd hasta el final donde nos cruzaremos con la Avenida de Houmman el Fetouaki, en el nº 13 encontraremos la “Patisserie fine de Marrakech”, lugar idóneo para tomar te junto a los mejores pasteles de la ciudad. Desde aquí ya no nos perdemos en llegar a la Jemaa el Fna, comenzará a atardecer y será el momento de repetir el te en algunas de las terrazas que los cafés de la plaza tienen en sus azoteas, desde las cuales cientos de turistas ascendemos a ver ese espectáculo de transformación, no solo del dia en noche. El inmenso espacio se transmuta en multitud de chiringuitos de comida, corros variopintos de gentes llenan por doquier cualquier lugar, mujeres que hacen tatuajes con henna, llamativos vendedores de agua, músicos, malabaristas, cuentistas, sacadores de muelas, encantadores de serpientes, puestos de esencias afrodisíacas, vendedores de cualquier cosa se instalan en ella, ofreciéndonos un espectáculo gratuito (salvo el precio del te), como si una obra de teatro se tratase.

Al contrario que todas las guías que sobre la ciudad se refieren, no recomiendo cenar en esos chiringuitos, y no es por cuestión de higiene que se la supone. Estos establecimientos al aire libre, que hace veinte años eran verdaderos “restaurantes” en los que cenaba la población local, se han convertido en una atracción turística más. En la actualidad solo encontraremos, minúsculas raciones cuya elaboración deja enormemente que desear. Entremos a los zocos y dejémonos llevar por el olfato hasta alguna humeante parrilla, en donde podremos tomar unos keftas de carne picada, acompañados con alguna ensalada marroquí.

La plaza y el conjunto de la Medina, fortificada con las murallas edificadas en el siglo XII, está protegida por un cordón de bastiones hechos de tierra roja, que encierran un laberinto de callejuelas y palacios, mercados y mezquitas, cúpulas y miranetes, que han sido declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 1985.

Dedicaremos otra jornada a visitar el resto de la ciudad. A primera hora el Jardín de La Menara estará en su esplendor y todavía no habrán llegado los autocares con los “japos”; situados al este, fuera del centro urbano y a unos 3,5 km. de la plaza, están dominados por un gran estanque de agua, desde donde sale el sistema de riego para todos los parterres de olivos y frutales que hay a su alrededor. Los jardines fueron realizados en el siglo XII, en la época almohade y a medidos del siglo XIX se ejecutó el pabellón de teja verde, que sirve de modelo para muchos carteles de promoción turística de la ciudad.

Continuamos nuestro paseo esta vez por la zona norte de la medina y nuevamente desde la animada plaza, introduciéndonos en sus souks (zocos) que ya a esta hora estarán en plena efervescencia, nos dejamos llevar por ellos guiándonos por los olores, practicamos el regateo aun sin tener que comprar, forma parte del guión, buscamos rincones oscuros y recónditos, husmeamos patios, atravesamos puertas, nos fundimos en ese bullicio de voces, quincalla y color.

Salimos de este Corte Ingles de la edad media y preguntamos por el barrio de los tanneries (tintoreros), que aunque no tienen los colores ni la dimensión de los de Fez, es curioso acercarse hasta allí, aunque sea por el simple hecho de recorrer esas callejas algo alejadas de la colorida presencia de foráneos.

Al retorno es visita imprescindible la Medersa de Ben Youssef, sin duda el edificio mas hermoso de todo Marrakech, se trata de una escuela coranica fundada en el siglo XIV, cuyas celdas de estudio rodean un bello patio con paredes de arabesco, presidido por pequeño estanque que contribuye a crear esa atmósfera de paz y sosiego, que después del ajetreo urbano se agradece.
No muy lejos en un palacio del siglo XIX celosamente restaurado encontramos el Museo de Marrakech, que si bien recoge obras de arte marroquí contemporáneo, merece la pena por ver en si el edificio y sus patios. Justo enfrente de el museo, en un lateral de la plaza encontramos la Koubba almorávide de Ba’adiyn, único resto que queda en la urbe de los fundadores de la ciudad.
El resto del dia lo podemos dedicar a visitar los Jardines Majorelle y la Kutubia. Los jardines diseñados en los años treinta por el pintor Jacques Majorelle, fueron adquiridos después por Yves Saint Laurent para crear allí un museo de arte islámico y reconstruirlos con un intenso azul cobalto, inspirando un estilo lujurioso y sensual.

Para terminar el día nos acercaremos al minarete de la Kutubia, a esa hora de la tarde cuando el sol comienza a declinar y los colores tiñen de rojo mas aun la ciudad, a esa hora la torre de llamada a la oración se tiñe de ocre, dándole un aspecto mas sobresaliente si cabe. Símbolo de la medina y situada muy próxima a la plaza, la Kutubia se construyo a finales del siglo XII a semejanza de la Giralda Sevillana, siendo con sus 77 mts. el edificio mas alto de todo Marrakech, al que como su hermana bética se asciende por una rampa, dando la posibilidad en su tiempo de coronarla a caballo.

Sobre la ciudad, dominándola, se encuentran las altas montañas del Atlas como si del Guadarrama madrileño se tratase. Si disponemos de tiempo es aconsejable visitar algunos sitios ubicados en las proximidades de sus valles.

El Valle de Ourika se introduce poco a poco hacia las cumbres, según vamos avanzando se estrecha haciéndose mas verde y húmedo, es un oasis en estas tierras vacías del sur marroquí, hasta aquí también ha llegado la marabunta multicolor de los visitantes, pero aun así podemos disfrutar de sus poblados arrimados a la orilla del río, a los que accederemos por rústicos puentes colgantes, al final del asfalto encontramos la aldea de Setti Fatma, desde ella un sendero al otro lado del río trepa, entre chiringuitos de cacharrería varia y terrazas de te, hasta las siete cascadas que una tras otra se suceden en uno de sus arroyos, el paisaje es agreste y el murmullo de el agua nuestro acompañante, que pena que la falta de control de este desmesurado desarrollo, empañe la belleza de este lugar.

Desde aquí podemos acercarnos a el Puente natural de Imi-n-Ifri, en bereber "puerta del precipicio", situado a unos 130 km. Se trata de un puente cincelado por la naturaleza, que une perfectamente las dos partes del angosto valle del río Mehasseur, abriéndose en forma de pequeñas cascadas entre las grandes rocas del fondo, ubicado en un entorno natural formidable lleno de vegetación.

Pero sobre todo debemos visitar las Cascadas de Ouzoud, ubicadas 70 km. más adelante. Se trata de las cascadas mas grandes e impresionantes del norte africano. El río salva un desnivel de mas de 130 mts. formando tres sucesivos saltos, rotos por varias laminas de agua, el espectáculo es extraordinario y aunque hasta aquí también ha llegado la fiebre de los chiringuitos, que nos rodean en nuestro camino, no deja de sorprendernos la belleza de este entorno, rodeados de agua, vegetación y monos.

Pero sobre todo debemos llevarnos el recuerdo de Marrakech, impregnarnos de esa constante que toda ciudad de cultura islámica tiene, su intensa vida, su incesante trajinar, sus mercados, de los colores, de los puestos que encontramos por cualquiera de sus callejas, de sus miradas, de su intrincado laberinto urbano, de sus gentes, su algarabía y hasta de sus olores que nos sirven de consejeros para recorrerla.

Una maraña humana no solo por la algarabía de sus pobladores, la gran cantidad de foráneos multicolores que la visitamos, nos sumergimos entre sus gentes invadiendo su cotidianidad, cruzándonos con personalidades dispares a cada instante, viendo como comparten charla una mujer que solo nos deja ver de su rostro unos hermosos ojos negros, con una joven que liberada de su “hiyab” (pañuelo de cabeza) nos muestra por debajo de su falda unas bonitas piernas incluida sus rodillas o como pasean cogidos de la mano dos fornidos jóvenes, uno vestido de chilaba y el otro con vestimenta occidental, tomarse el primer zumo mañanero de naranjas y limón en algunos de los puestos de la plaza, perderse por la medina buscando salidas a calles que no la tienen, pasear temprano por los zocos antes de que las tiendas abran, recorriendo sus calles y sus plazas en compañía de la temprana soledad de la mañana, buscar los clarososcuros de sus luces y la noche, pasear la noche, dejándonos llevar por sus espacios oscuros que siempre nos llevaran a la gran plaza, ese espacio que por al noche se transforma en restaurante callejero y que aunque haya perdido la autenticidad que tuvieron en el pasado aun mantiene esa magia de tiempos atrás.

Marrakech es un contraste de sensaciones, un cóctel de impresiones, en donde sin lapsus pasamos de la oscuridad de un pasadizo en una calle, a la transparencia de la luz de un patio descubierto, de las humeantes brasas de un rustico bareto callejero, a las luces de neón que nos invitan a tomar una jugosa hamburguesa, reflejada en una fotografía de su fachada...............................Marrakech es una ciudad a la que siempre se quiere volver.