lunes, 20 de enero de 2014

- El Mapa de Piri Reis

De siempre me han atraído los mapas y planos, los lugares lejanos y los misterios por descubrir. Ya de niño miraba ese gran mapa coloreado de la España Provincial que situado detrás del altillo de la mesa del profesor, a un lado de la pizarra, presidia el aula de primaria de aquel colegio La Paloma del Madrid antiguo; donde en su patio, antes de entrar a clase todos los días, nos formaban cual milicia, a corear el "Cara al Sol" y el Himno Requeté "...........por dios, por la patria y el rey, murieron nuestros padres...........", buen comiendo mañanero para instruirnos después con números y letras, entre los altos ventanales que daban a la calle de San Francisco el Grande. También llamaban mi atención, en esa púber edad, los globos terráqueos que veía en los escaparates de algunas papelerías, esos que giraban sobre un eje, y digo veía, por que pasaron muchos años hasta que fui agasajado por los "Magos de Oriente" con uno de ellos, sobre el cual pase grandes momentos imaginando un mundo, que por aquel entonces me superaba y que no era capar de abarcar en su totalidad.
 
Ha pasado el tiempo desde entonces, pero mi interés por estas proyecciones de la geografía terrestre no ha disminuido, creo que al contrario. El haber conseguido viajar por algunos de esos lugares, sobre los que pintados de vivos colores ponía mi dedo en aquel planisferio esférico obsequiado por el onírico Baltasar, solo ha hecho que mi interés por estas cartas graficas se haya acrecentado, en la certeza de no ser el único humano interesado por estos croquis terrestres. Ya tiempo antes de que Ptolomeo redactase su Mapamundi en el siglo II, otros muchos trabajaron en las ciencias de la geografía y la astrología, dejándonos innumerables y valiosos trabajos de ello. Ahora, que nos han educado para que nuestra cultura sea basada en memoria visual, y con los nuevos adelantos tecnológicos: el Google Earth, los GPS para los móviles y vehículos, los satélites espaciales y las nuevos sistemas de medición; somos legión los interesados por la geografía grafica, y yo especialmente con gran inclinación sobre los mapas antiguos e históricos, de los cuales suelo siempre dejar alguna reseña o ilustración en los artículos de este blog que poco a poco voy configurando.
 
Los primeros rasgos de representaciones geográficas que hasta nosotros han llegado fueron cincelados o pintados en las paredes de las cuevas durante el neolítico, siendo habitual este soporte hasta la generalización de  la imprenta. Ejemplos de ellos, vistos por mi y que me vienen ahora a la memoria son: La Galería de los Mapas en el Vaticano, el mosaico de Madaba en Jordania, donde está representado Oriente Medio y las Tierras Santas, o el mapamundi de San Pedro da Rocas en Orense. Después se utilizaron soportes de madera e incluso tablillas de arcilla y pergaminos para plasmar estas geografías; más tarde, ya inventado el papel, en este practico y útil soporte se generalizó su uso. Muchos se utilizaban para dar a conocer nuevos territorios, para marcar rutas a lugares lejanos o para ubicar e identificar poblaciones y accidentes geográficos, otros para la navegación por los escabrosos mares de entonces, pero muchos otros fueros usados para la expansión de territorios por medio de la guerra. Hoy en día seguimos así, la maquina guerrera es la pionera en gran parte de todos los avances de esta ciencia cartográfica, sirviéndose del espacio estratosférico para desde él elaborar nuevas imágenes de gran precisión, sobre las que diseñar las siniestras y espantosas estrategias bélicas que los medios de comunicación nos trasmiten a diario.
 
Estos remotos mapas que siguen en su evolución una cronología histórica, progresan y avanzan a medida que el planeta en el que habitamos se va haciendo más conocido y se descubren nuevos territorios. Esa es en la practica el desarrollo de esta ciencia con el paso de los años, a medida que se desvelan nuevos lugares, se redactan y se crean nuevos planos, así ha sido y así será. Pero en toda lógica, siempre hay alguna salvedad y en este método por muy claro que nos parezca, la razón difiere de la realidad,.......................... este es el caso de los enigmáticos mapas de Piri Reis.
 
A mitad del siglo XV, en plena expansión del imperio otomano y en la ciudad tuca de Gallipoli, en la parte europea del estrecho de Dardanelos, nace en 1465 Hajji Ahmed Muhiddin Piri, al cual se le conocería más adelante como Piri Reis (reis = almirante). Este afamado cartógrafo y marino, comienza con 12 años a instruirse en la navegación de la mano de su tío Ahmed Kemaleddin (Kemal Reis), corsario y más tarde comándate de la flota turca, quien entre otras hazañas se acercó en 1487 hasta Al Ándalus para ayudar al gobernador musulmán de Granada, en sus refriegas con los Católicos Reyes, y posteriormente entre 1490 y 1492 para trasladar a los judíos e islámicos expulsados de sus tierras hispanas, hacia territorios turcos, en los que aportaron nuevos oficios, nuevos conocimientos y nuevas ideas, favoreciendo considerablemente al desarrollo del Imperio Otomano. De estas enseñanzas de su tío, Piri Reis adquirió una gran cultura, ya que hablaba además de turco, árabe, griego, español, italiano y portugués. Junto a su tío intervino entre los años 1499 y 1502 en numerosas batallas navales contra España, la Republica de Génova (no confundamos con la sede del P.P.) y la Republica de Venecia, contra estos últimos participando en las batallas de Lepanto de 1499 (Zonchio) y 1500 (Modon).
 
Cuando en 1511 muere su tío, Piri regresa a su ciudad natal donde comienza a trabajar en sus estudios sobre navegación, dedicando gran parte de esta etapa de su vida a su pasión por la cartografía, teniendo acceso privilegiado a la Biblioteca Imperial de Constantinopla, la cual a su vez contenía entre sus volúmenes los pocos escritos que quedaban de la arrasada Biblioteca de Alejandría, la más antigua y grande del mundo, centro de cultura por aquel entonces. Fue durante esta época cuando empezó a escribir su obra  Kitab-i Bahriye el "Libro de las Materias Marinas", un atlas marítimo, en el que se encuentra el célebre y enigmático mapa confeccionado durante 1513 (en marzo pasado cumplió su quinto centenario), sobre el cual me extenderé más adelante. De esta completa obra, cuyo original finalizo en 1521, dedicaría en 1526 un ejemplar ampliado y revisado al sultán Solimán el Magnífico, como regalo por sus apoyos.
 
En 1516, se hizo de nuevo a la mar como capitán de la flota otomana, tomando parte en la conquista de Egipto en 1517. En 1522 participó en el asedio de la isla de Rodas contra los Caballeros de la Orden de San Juan, de la que fueron expulsados definitivamente en 1523.
 
En 1547 Piri fue ascendido al rango de almirante, como comandante de la flota turca en el Mar Rojo y Golfo Pérsico. El 26 de febrero 1548 reconquistada Aden a los portugueses, en 1552 recupera Muscat que Portugal había dominado desde 1507, así como la estratégica isla de Kish. En el continente asiático ocupa la isla de Ormuz, en la entrada del Golfo Pérsico, la península de Qatar y la isla de Bahréin, evitando de esta manera que los lusos instalasen bases estratégicas en los lugares idóneos de la costa de Arabia.
 
Anciano ya, cercó Ormuz por órdenes del sultán otomano, pero acabó aceptando un soborno que le procuraron los sitiados. El gobernador de Egipto, Alí Bajá, supo de este hecho, llamándole a su presencia para dar aclaraciones por esa actitud, negándose Reis a asistir por lo cual decretó detenerlo, ordenado ejecutarlo, muriendo decapitado en 1554 cuando contaba 89 años. Actualmente muchos navíos y submarinos de la armada turca llevan su nombre.
 
El Mapa de Piri Reis
Como capitán de la marina turca, Piri estaba habituado a trabajar con cartas de navegación y mapas terrestres. En aquellos tiempos no era extraño corregir mapas, sobre otros más antiguos, actualizando los datos geográficos recogidos en ellos. El copiado de cartas marinas y planos era práctica usual entre los navegantes, ya que la cartografía era complicada de confeccionar y muy costosa. No es de extrañar que Piri Reis utilizara mapas de otras autorías antes de emprender viaje a cualquier destino y elaborara sus propios planos a partir de ellos. Poseer mapas lo más fiables posible era trascendental en aquella época, así que Reis confecciono su famoso mapa, uno de los atlas antiguos más fascinantes, misteriosos y desconcertantes de la historia, a partir de diferentes informaciones a las que tuvo acceso a lo largo de su vida, algunas de ellas de la propia Biblioteca Imperial, pudiendo alguno de los mapas remontarse incluso al siglo IV a. C. ya que el mismo lo dejó escrito de su puño y letra en el propio mapa.
 
Fue en 1511, en la ciudad de Gallípoli cuando comenzó a elaborar el primero de los mapas, que en 1517 entregó como regalo al sultán Yavuz Selim I, conquistador de Egipto, durante un viaje que realizó por el país del Nilo. Aunque la historia de este mapa comenzó en 1501, nueve años después del primer viaje de Colón, cuando su tío Kemal Reis, apresó próximas a la costa del levante español siete naves, descubriendo que uno de sus tripulantes había sido uno de los marineros que realizaron los tres primeros viajes al Nuevo Mundo y poseía un mapa dibujado por el mismo Colón. Kemal hizo preso al marino enviándolo a su sobrino Piri, y aunque el tema tiene un grado de misterio, el cartógrafo certifica que a través del navegante apresado, llega a su conocimiento que el descubridor de las Américas poseía un antiguo un libro con referencias y mapas (posiblemente el mapa que el monje alemán Andreas Walsperger realizo en 1448) de las tierras del continente recién hallado. En los márgenes de su trabajo, comenta el almirante otomano que Colón tenia perfecta noción de lo que se encontraría, pero también sabía de la desconfianza que podría tener entre los gobernantes de la época sus enigmáticos conocimientos, por lo que omitió lo referente al continente desconocido. Sabia así mismo que a los nativos de estas tierras les atraían las cuentas de vidrio, por lo cual cargo en su viaje cantidad de ellas. En él se narra el descubrimiento del continente Americano por Colon en "1485", siete años antes de pactar su primer viaje con los "Católicos Reyes" en las Capitulaciones de Santa Fe. Fray Bartolomé de las Casas ya dejó escrito, en su libro "Historia de las Indias", que Colon sabía hacia dónde iba, cómo debía navegar, por cuanto tiempo y lo que encontraría, también comenta que en su cuarto viaje buscaba un paso hacia el Océano Pacífico, ya existente un mapa antiguo del que el "Almirante de la Mar Océana" al parecer tenía una copia.
 
Piri Reis no fue nunca un explorador y jamás navegó por el Atlántico, el mismo reconoce en su “Kitab-i Bahriye” que sus atlas son solo copias de otros mapas más antiguos de los que tenía conocimiento, sobre los cuales había tenido acceso. Textualmente nos dice: “En nuestro siglo, no hay otro mapa como este. Vuestro servidor lo ha dibujado y ahora está completo… A partir de veinte cartas y mapas mundi de los tiempos de Alejandro”, relacionando sus fuentes:  "de ocho Jaferyas de ese tipo y un mapa árabe de Hind (India), y de cuatro mapas portugueses recién elaborados que muestran los países de Sind (Paquistán), Hind y Cin (China) geométricamente dibujadas, y también de un mapa dibujado por Qulunbu (Colón) en la región occidental, he extraído se . Al reducir todos estos mapas a una escala de esta forma final se llegó, por lo que este mapa de estas tierras es considerada por los marineros lo más exacta y tan fiable como la exactitud y fiabilidad de los siete mares en los mapas mencionados ", indicando así mismo: “El trabajo realizado en este libro revela que no puede hacerse ninguna exposición si no está basada en hechos…”. Había usado por lo menos en su confección unas veinte fuentes cartográficas y mapamundis, de las que solo nos da pistas de catorce: el mapa de las tierras del Oeste (el Caribe) usado por "el infiel llamado Colon", una árabe de la India, cuatro portuguesas recién elaboradas de América, el Océano Indico y China............... y lo más sorprendente los ocho mapas datados de los tiempos Alejando Magno.......... Aunque este tema crea cierta controversia, por el posible error en el tiempo, sobre Ptolomeo I rey de Egipto durante el siglo III a.C. y general del gran Alejando, con Claudio Ptolomeo astrónomo griego del siglo II de nuestra era que vivió en Alejandría (Egipto), trabajando en su famosa biblioteca, destruida por el integrismo cristiano, pudiendo parte de sus legajos haber estado depositados en los almacenes de la Biblioteca Imperial de Constantinopla. Los restos del gran centro cultural que fue la Biblioteca Alejandrina pudieron haber sido trasportados sin dificultad desde sus escombros a la capital turca poco después de que el radicalismo, la intransigencia y intolerancia de los cristianos egipcios, diesen muerte a Hipatia, mujer libre, precursora de la cultura, y convencida pagana, de la que daré futura cuenta en otro artículo............... de los que pendientes tengo para añadir a este blog.
 
Nos indica en sus notas el almirante que otros de los orígenes de sus mapas habían sido: "los antiguos reyes del mar". Sobre lo que algunos autores teorizan del origen de algunas informaciones sobre los viajes marítimos de la gran armada China del Almirante  Zheng He y sus expediciones a principios del siglo XV. Otros destacan que a raíz del saqueo de Constantinopla por los venecianos durante la Cuarta Cruzada, fueron muchos los marineros que comenzaron a manejar mapas de precisión justo a partir del año 1204. Otros apuntan a los Templarios y su llegada a Tierras Santas, antiguo feudo de los Fenicios, verdaderos precursores de la navegación por el Mediterráneo a partir del siglo VII a.C. También existen extraños registros que señalan a la orden del Temple como poseedora de mapas de “extrañas tierras” más allá de las Columnas de Hércules (Estrecho de Gibraltar). Como así mismo la posibilidad de que cuando Alejandro Magno toma la ciudad fenicia de Tiro en el 332 a .C. se apropiara de los mapas náuticos fenicios, ya que por esa época la flota de Tiro era la más poderosa del mundo por entonces conocido, debiendo contar con cartógrafos capacitados y una importante biblioteca.
 
También se atribuye parte de sus orígenes a los judíos sefarditas españoles, expulsados por los Católicos Reyes, que asentándose en Constantinopla (Estambul), poseían antiguos mapas para su migración a la tierra de los dioses blancos. Por esta época apareció la figura de Abrahán Zacuto, matemático y astrónomo judío español que desterrado de España y posteriormente de Portugal recalaría finalmente en la capital Otomana. Zacuto había tenido acceso a las informaciones de los viajes de Colón y a los descubrimientos portugueses, pudiendo haber tenido relación con Piri Reis en su nuevo destino.
 
Mas rocambolesca aun que las anteriores es la de que estos mapas, junto con otros más, habrían sido entregados al cuidado de monjes del Tíbet por los señores del polo norte, la raza Aria divina antes de que se refugiara en la tierra interior, desde donde irradiarían su magnífico poder que mantendría el equilibrio geomántico de la tierra, poder repetido en cientos de mitos y leyendas orientales.
 
El imperio otomano fue durante mucho tiempo cultura puente ente el Oriente más lejano y la Europa occidental, sirviendo durante siglos de filtro de muchos de los conocimientos de por aquel entonces. Los navegantes fenicios, la cultura griega, los propios árabes y hasta los navegantes chinos fueron dejando un legado que en parte nunca llegó a occidente, pero del que Piri Reis si pudo sacar provecho para la realización de su obra.
 
Sean cuales fueran sus enigmáticas fuentes, Piri trabajó durante los siguientes tres años, reduciendo los mapas que le sirvieron de base a una misma escala, lo que era una ardua labor. Al terminarla, agregó esta inscripción: "Los dibujó el humilde Piri ibn Hajji Muhammad (Piri Reis), hijo de Hadj Mehmet, conocido como el sobrino de Kemal Reis, en la ciudad de Gelibolu (Galípoli). Dios tenga misericordia de ambos ,en el Sagrado Mes de Muharram del año 919 (marzo de 1513 de nuestro calendario)".
 
De este primer mapa fechado el 1513, dibujado sobre pergamino de piel de gacela, solo se conserva una sesta parte de lo que pudo ser un mapamundi completo del globo terráqueo. El fragmento que se conserva mide 90 centímetros de largo y 65 de ancho y está centrado en el Océano Atlántico. Debió por aquellos años ser muy útil al gobierno otomano, pues exponían que las nuevas rutas trazadas por los navegantes lusos e hispanos suponían un peligro para el control turco de las aéreas del Océano Índico, ante lo cual, años después, el mismo Reis fue puesto al mando de una flota en 1551, con la misión de repeler a las naves portuguesas que frecuentaban el Golfo Pérsico.
 
El mapa muestra perfectamente: Bretaña, la península Ibérica, África Occidental, el océano Atlántico con infinidad de islas, parte de la costa Norteamérica, Sudamérica y la costa de la Antártida perfectamente detallada hasta una zona por debajo de África. Como está partido e incompleto, se piensa que debió contener también toda Europa, Asia e incluso Australia, componiendo el primer planisferio completo del globo terráqueo. El gran misterio de este mapa es que aparecen representadas muchas zonas de tierra que aún estaban por descubrir siendo desconocidas en su época. Y las recién descubiertas por Cristóbal Colón están dibujadas con cierta exactitud. Pero lo más sorprendente  no es sin embargo cómo Piri Reis pudo haber hecho un mapa exacto de la costa Antártica 300 años antes de ser descubierta, sino, como en el mapa se muestra su litoral, cuando este aun no estaba cubierto de hielo.
 
Respecto de la parte del plano que corresponde al África occidental, algunos caudalosos ríos atraviesan lo que hoy es el desierto del Sahara. Actualmente tenemos conocimiento de que hace más de 8.000 años este desierto enorme era surcado por grandes ríos que regaban fértiles praderas. Sobre la parte correspondiente a la América austral, aparecen en él las Islas Malvinas que no fueron observadas hasta mediados del siglo XVI, los Andes, que no se conocerían hasta la llegada de Pizarro en 1533 y el nacimiento del Amazonas, impensables para esta época. También la fauna pintada en el plano que coincide con la que se localiza en esas latitudes y no descrita hasta 1598. Las grandes islas por encima del ecuador que aparecen cartografiadas, corresponden a las altiplanicies submarinas de los islotes San Pedro y San Pablo, sobre la Gran Dorsal Atlántica (cuya existencia nadie sospechaba). Las anotaciones que sobre la Patagonia nos traslada no dan lugar a discusión: “Este país es árido. Todo está desolado y en ruinas y se dice que hay grandes serpientes […] y también se dice que estas orillas son muy calurosas”.  En él se ven las costas de la Antártida que no se descubrirá hasta 1818. América del Sur está unida con la Antártida por un istmo desaparecido hace miles y miles de años ( Magallanes localiza el estrecho patagónico en 1520 siete años después de la elaboración del primer mapa). Tierra de Fuego aparece unida por una estrecha franja al continente antártico y se correspondería a la perfección con la parte submarina de una cadena montañosa prolongación de los Andes, que según diversos estudios hechos con fotografía aérea, tomas bajo el agua con luz infrarroja y sondas acústicas enviadas desde buques, se ha podido confirmar. Con estos datos se determinó que dicho puente continental existió hacia el final de la Era Glacial. Pero la Era Glaciar finalizó hace 11.000 años cuando los mares estaban 140 metros por debajo del nivel actual.
 
Pero el elemento más sorprendente, el que más enigmas plantea, es el de las costas de la Antártida que en él se ven, son las de la Tierra de la Reina Maud, sin ningún atisbo de hielo. Esta proyección cartografía fue confirmada en 1949 con los apuntes sísmicos de una expedición anglo-sueca. Aún si quedan algunos científicos escépticos sobre este tema, planteando que el casquete de hielo data de varios millones de años. Otros, aceptan la tesis de que esta parte del Antártico pudiera emerger de los hielos durante aproximadamente 10.000 años. Los perfiles costeros, bahías, islas y promontorios del continente antártico estarían representados en el mapas de Piri Reis con una exactitud extraordinaria.
 
Por si todo esto fuera poco y para colmo de sorpresas, observando detenidamente el mapa, entre América del Sur y África veremos la existencia una isla de gran tamaño denominada "Antillia", rodeada de otras más pequeñas, que no existen en la actualidad. En lo que algunos han querido identificar el mítico continente desaparecido de la "Atlántida", del que Platón nos traslada en sus escritos. Además, en el plano de Piri Reis vienen marcados algunos puntos que en principio no poseían sentido aparente, pero tras comprobar su ubicación también merecen un comentario. Uno de ellos señala correctamente el punto de impacto del asteroide que creó el cráter Chicxulub en el golfo de México, hecho acaecido hace mas de 65 millones de años. El otro señala con gran precisión el centro geográfico del Triángulo de las Bermudas. Esto genera aun más el enigma y la magia de este mapa, dejándonos perplejos a unos y recelosos a otros.
 
Pero aun hay más datos interesantes en esta cartografía, como el hecho de que el mapa no es una perspectiva plana, como los que se realizaban en la época, ya que fue elaborado con proyección y trigonometría esférica muy avanzada, sistemas bastantes  desconcertantes en aquellos tiempos, puesto que la Geometría Proyectiva data de 1800. Para que se entienda, lo dibujado sería igual a sacar una fotografía al globo terráqueo desde una altura prudente, o como si viéramos la tierra desde el espacio, a algunos miles de kilómetros de distancia. El hecho lo nota Mallery en 1952 cuando ve que lo consignado era real pero con deformaciones, que desaparecieron al trasladarse los mapas por proyección sobre una esfera. En realidad es una vista en altura desde la vertical de algún punto de Egipto posiblemente El Cairo o Alejandría. ¿Curioso no?..............como para unirlo al enigma de las Pirámides.
 
Los misteriosos mapas elaborados por Peri Reis estuvieron olvidados entre los innumerables legajos del Palacio de Topkapi en Estambul, hasta que en 1929 fue recuperado por B. Halil Eldem, director del Museo Nacional Turco, el cual encontró por casualidad dos fragmentos del mapa trazado por cartógrafo. Hallándose en la actualidad custodiados en el Museo Topkapi Sarayi de ese mismo palacio, aunque muy pocas veces suelen estar expuestos al público. En el libro "Kitab-i Bahriye ", donde se encontraba el plano, hay un comentario marginal, en el que Piri anotó, "Un mapa de esta clase no lo posee nadie hoy en día". El mapa contiene hermosos dibujos de vistosos colores, acompañados de notas que reseñan relevantes descubrimientos: “La región se conoce con el nombre de Antilia. Está del lado por donde se pone el sol. Dicen que hay cuatro tipos de loros: blancos, rojos, verdes y negros. La gente se los come y luego se hacen tocados con las plumas de loro. Hay una piedra, parece pedernal. Es muy dura”.
 
En la actualidad, el mapa con los contornos orientales de Sudamérica constituye un auténtico icono nacional para Turquía, tanto es así que aparece en el reverso de los billetes de diez de liras.
 
Posteriormente en 1528, actualizando la información a partir de mapas portugueses, en base a los descubrimientos de Gaspar Corte Real, Piri Reis dibujo su segundo planisferio, del que desgraciadamente solo se ha encontrado hasta ahora un pequeño trozo hermosamente ilustrado de parte de América del Norte, Groenlandia, la península del Labrador, Terranova, parte de Canadá y la costa oriental de Norteamérica, en el que ya aparece Florida y Cuba adquiere forma de isla.
 
El libro "Kitab-i Bahriye"
Kitab-i Bahriye  (Libro de las Materias Marinas), es la gran obra escrita por Peri Reis y a la que dedicó gran parte de su vida, tardando en confeccionar su primera edición  diez años de investigaciones, de 1511 a 1521. En él se resumen los conocimientos, tanto cristianos como otomanos sobre el Mediterráneo medieval, a través de un total de 132 planos portulanos (gráficos y mapas) muy precisos que describen los puertos y ciudades importantes del mar Mediterráneo, el famoso mapa de 1513, así como información detallada sobre la navegación. En él encontramos reseñas pormenorizadas sobre los principales puertos, bahías, golfos, cabos, penínsulas, islas, estrechos, vientos, corrientes marinas y refugios ideales del Mediterráneo, junto con datos sobre la población local de cada país, de las ciudades y de los aspectos curiosos de su cultura, así como técnicas de navegación y aclaraciones relacionadas con la astronomía, convirtiéndose en uno de los más afamados libros de marinería de la época. Se incluyen comentarios como: “la ciudad de Venecia tiene un área de 12 millas…consiste en partes de tierra y “an ear” de mar. El agua es en algunas zonas poco profunda y en otras, mucho. Los venecianos construyeron su ciudad sobre pilones en las zonas poco profundas…”  Hay treinta anotaciones sobre el mapa del mundo, veintinueve de Turquía y una en árabe.
 
La obra se divide en dos secciones, la primera dedicada a la información sobre los tipos de tormentas, las técnicas de utilización de la brújula, el astrolabio y el compas, los mapas portulanos con información detallada sobre los puertos y líneas de costas, los métodos de orientación por medio de las estrellas y las características del grandes océanos y las tierras que las rodean. Destacando los descubrimientos en el Nuevo Mundo realizados por Cristóbal Colón y los viajes de Vasco da Gama y otros marineros portugueses en su camino a la India y el resto de Asia.
 
La segunda sección se compone enteramente de portulanos y guías de cruceros. Cada tema contiene el mapa de una isla o costa. Comenzando con la descripción del estrecho de los Dardanelos, continuado con las islas y costas del mar Egeo, el mar Jónico, mar Adriático, mar Tirreno, mar de Liguria, la costa francesa del mediterráneo, las Islas Baleares, las costas de España, las costas de Al Ándalus (reino de Granada), el estrecho de Gibraltar, las Islas Canarias, las costas del norte de África, Egipto y el río Nilo, el Levante y la costa de Anatolia. Esta sección también incluye descripciones y dibujos de los monumentos característicos y edificios singulares de cada ciudad. Así como la información sobre su autor, indicando las razones por las que prefiere reunir toda las reseñas en un libro, convirtiéndolo en un verdadero atlas, en vez de dibujar un solo mapa, en el que no habría espacio en el que plasmas tanta información y detalles.
 
Cuando el almirante turco describe en su libro las costas de Al Ándalus del Reino de Granada "los castillos de Malika (Málaga) y Almeriye (Almería), en el Andalusia, que están en las costas del famoso país de Granada’’, nos deja una nota histórica ''el único hecho notable es la conquista del territorio por los castellanos’’, y aunque se trate de un apunte somero, no parece en absoluto un dato ingenuo, sino que hay una finalidad política y estratégica en su anotación.
 
Una nueva versión ampliada y revisada fue elaborada por Piri entre los años 1524 y 1525. En ella plasmó las cartas náuticas y mapas portulanos de las travesías, dibujados durante sus recorridos alrededor del mar Mediterráneo con su tío Kemal Reis. Esta edición, de 434 páginas y 290 planos, fue presentada como regalo   al sultán Suleiman el Magnífico en 1526 y en ella podemos ver una dedicatoria en verso en la que contaba la historia de un astrónomo que se llamaba Kolón..., que salió en busca de Antyle... la cual descubrió.
 
Los mapas que contiene son obras maestras de la miniatura turca, estando realizados con un estilo perfecto e iluminados con panes de oro y plata. Piri Reis quiso dar un herramienta útil a sus contemporáneos para navegar con seguridad por el mar, comenzado su obra con una sencilla pero categórica nota: “Las palabras vuelan y los escritos permanecen” y ciertamente con su magnífica obra consiguió perdurar a través del tiempo hasta nuestros días.
 
“El Libro de las materias marinas” está considerado el primer Derrotero (mapa de rutas) de la historia  por la envergadura y la amplitud de sus conocimientos. Se convertía con el tiempo en una herramienta de navegación imprescindible para los marinos ya que, aunque esa obra más ornamentada y mejorada, estuviera en manos del Sultán, circulaban copias más sencillas, en cuanto a su decoración, que eran el instrumento de cualquier barco otomano que navegase por el Mediterráneo. 

Pincha en la imagen de abajo si quieres ver los hermosos mapas portulanos elaborados por Piri Reis en su libro  Kitab-i Bahriye.

Un siglo después de la muerte de Piri Reis, durante la segunda mitad del siglo XVII, se confeccionó una tercera versión del libro incluyendo nuevos mapas, manteniendo los textos de la segunda pero con la cartográfica actualizada, en su mayoría copias de obras italianas y holandesas del siglo anterior. Estos mapas fueron mucho más precisos y muestran el Mar Negro que no se incluyó en el original.
 
Comprobaciones científicas del Mapa de Piri Reis
No han sido pocos los científicos y estudiosos que han intentado descifrar el misterio del mapa del almirante otomano, buscando explicaciones  lógicas y aceptadas comúnmente.
 
Después de su recuperación en 1929, fue el teutón Paul Kahle quien en 1931 lo presento a la sociedad científica internacional, sobre la base de que la única referencia cartográfica del viaje de Colon al nuevo mundo, se hubiera encontrado en los archivos del Palacio de Topkapi en Estambul. Durante los años cuarenta del siglo pasado, una serie de museos y bibliotecas adquirieron copias de estos fragmentos del mapa de Piri Reis a escala ampliada.
 
En 1953 un oficial de la marina turca envió, para su estudio, el mapa de Piri Reis al Instituto Hidrográfico de la Marina de los Estados Unidos. M.I. Walters, Ingeniero Jefe de la Oficina, pidió ayuda Arlington H. Mallery, capitán de marina y cartógrafo una autoridad en mapas antiguos, especializado en viejas cartas marinas. El mapa en cuestión fascino inmediatamente a los dos científicos, no pudiendo ocultar su admiración ante la exactitud de las proporciones y distancias entre el Antiguo y el Nuevo Mundo. Ambos investigadores observaron también que, o bien Piri Reis no utilizó las coordenadas habituales en su tiempo, o bien consideró realmente que la Tierra era redonda y lo tuvo en cuenta al trazar su mapa, dejando perplejos a los dos estudiosos que decidieron investigar las cosas a fondo. No sólo los contornos de la costa americana, sino también los de la Antártida, correspondían con toda exactitud a los que hoy conocemos gracias a la ciencia moderna. Encontrando que donde el almirante turco consignaba unas islas frente a la costa, corresponderían a picos subglaciares descubiertos por la Norwegian-Swedish-British Antarctic Expedition de 1952.
 
Después de un largo estudio, Mallery descubrió el método de proyección utilizado. Para comprobar la exactitud del mapa, hizo una rejilla y transfirió el mapa de Piri Reis en un globo: el mapa era totalmente exacto. Afirmó que la única manera de dibujar un mapa con una precisión tal era mediante topografía aérea, pero... ¿quien hace 6.000 años podría haber utilizado aviones para dibujar la tierra?
 
Durante el año Geofísico Internacional, 1957, se interesó también por los mapas el padre Lineham, de la Compañía de Jesús, antiguo director del observatorio astronómico de Weston, cartógrafo de la Marina Estadounidense y miembro integrante de las expediciones de la marina norteamericana a la Antártida. Su conclusión fue la misma: los mapas (especialmente la zona de la Antártida) son increíblemente precisos, llegando a ofrecer datos que a nosotros únicamente nos constan después de las expediciones antárticas de suecos, británicos y noruegos.
 
Años más tarde, el veterano cartógrafo, el profesor Charles H. Hapgood, después de revisar algunas de las copias de los mapas, hacía público un comunicado a la comunidad científica: “Tras realizar exhaustivos estudios sobre las cartografías creadas por el cartógrafo Piri Reis a principios del siglo XVI, muestra líneas costeras que tuvieron que ser registradas y cartografiadas antes de que el continente antártico quedase completamente cubierto por el hielo. Cuyos contornos concuerdan a la perfección con las líneas de costas marcadas por los cartógrafos actuales".
 
Hapgood quiso demostrar que el mapa de Piri Reis, se representa en geometría plana, conteniendo las latitudes y longitudes en ángulo recto en una tradicional "cuadricula", sin embargo, es obviamente copiado de un mapa anterior que fue proyectado utilizando trigonometría esférica. No sólo los primeros creadores de mapas sabían que la Tierra era redonda, sino que conocían su perímetro errando el cálculo en tan solo 50 kilómetros.
Hapggod envió su colección de mapas antiguos, no solamente el de Peri Reis al matemático Richard W. Strachan, del Instituto de Tecnología de Massachusetts. Hapggod querían saber exactamente el nivel de matemáticas que se necesita para elaborar los mapas de la fuente original. Strachan respondió en 1965, diciendo que el nivel tenía que ser muy alto. De hecho le comento, que a fin de elaborar estos mapas, los autores tuvieron que saber acerca de la trigonometría esferoidal (técnica no conocida hasta mediados del siglo XVIII), la curvatura de la tierra, los métodos de proyección, un conocimiento que es de un nivel muy alto.
 
La forma en que el mapa de Piri Reis muestra la Tierra de la Reina Maud, sus costas, sus ríos, cordilleras, mesetas, desiertos, bahías, ha sido confirmado por la expedición Británico-Sueca de 1949 a la Antártida (según lo dicho por Olhmeyer en su carta a Hapggod); Los investigadores, utilizando sonar y sondas sísmicas, indicaron la situación de las bahías y los ríos, etc. estaban debajo de una capa de hielo de cerca de una milla de espesor.
 
Charles Hapggod en 1953, escribió un libro llamado "Earth's shifting crust: a key to some basic problems of earth science", donde elaboró una teoría para explicar cómo la Antártida había estado libre de hielo hasta el año 4.000 antes de Cristo. La teoría es la siguiente: "La razón por la que la Antártida estuvo libre de hielo, y por lo tanto mucho más cálida, es que su ubicación no era el polo sur. Se encontraba aproximadamente a 2,000 millas más al norte".
 
Todos los investigadores: Walters, Mallery, Lineham, Hapgood y Strachan, aseguran sin ningún tipo de vacilación que, los mapas de Piri Reis fueron trazados a gran altura y elaborados a partir de un punto situado sobre la Ciudad de El Cairo. A conclusiones parecidas llegó el científico espacial francés y colaborador de la NASA Maurice Chatelain, quien aseguraba que estos mapas representaban una proyección plana de la superficie esférica de la Tierra tal y como podría ser vista hoy por un astronauta situado a una gran altura sobre Egipto. Curiosamente, una foto obtenida por un satélite sobre la vertical de El Cairo a una altura de 4.300 Kilómetros, muestra la misma deformación de las costas que las copias de Piri Reis.
 

El ex capitán de las Fuerzas navales británicas y cartógrafo Gavin Menzies en su libro 1421: The Year China Discovered The World. Presenta la teoría de que la masa terrestre meridional del mapa de Reis es realmente la Antártida y que está basada en cartas chinas anteriores. El almirante Hong Bao habría cartografiado esta costa a las órdenes del legendario almirante Zheng He unos setenta años antes de que Colón descubriera América. La expedición habría tenido como objetivo colocar a todo el planeta bajo el control tributario del emperador chino. La teoría de Menzies ha sido desacreditada por la historiografía científica.
 
Louis Pauwels y Jacques Bergier en su libro "El retorno de los brujos" de 1960, ante la inexistencia de hielo en la costa Antártica, popularizaron la idea de que Piri Reis había usado para la confección de  su mapa, otros muy antiguos, levantados por alguien capaz de volar. ¿Habrá sido trazado partiendo de observaciones hechas a bordo de una nave volante o espacial? ¿O serán notas tomadas por visitantes venidos de Fuera ? Se preguntaban hace casi cincuenta años quienes pusieron de moda la búsqueda de visitantes de otros mundos en el pasado.
 
Inverosímil es también la teoría del escritor e investigador Erick Von Däniken, que en una de sus obras nos habla de entidades alienígenas que han estado visitando nuestro mundo desde hace milenios, dando pie a la creación de las primeras civilizaciones y por consiguiente, a la sociedad actual. Von Däniken nos comenta que para la elaboración del mapa se usó tecnología espacial, máquinas voladoras de mundos extraterrestres que, según él, se ocultan tras los dioses de las antiguas tradiciones. Sólo eso explica, a su juicio, la inclusión de la Antártida y que tanto las costas como el interior de los continentes estén reflejados con “singular precisión; las cadenas de montañas, los picos, ríos, lagos y altiplanicies están diseñados con absoluta exactitud”.
 
En antiguos textos babilónicos se narra que los Dioses, los hijos de Anu, alcanzaron la región de Sumeria a través de los cielos desde su mundo natal, Nibiru. Tal vez los conocimientos de estos distantes viajeros fueron pasando de generación en generación hasta llegar a manos de Piri Reis, trasladándolos a sus mapas para que permaneciesen. Sumeria, en la actualidad es la tristemente castigada Siria, que hace frontera en su norte con Turquía.
 
Otros eruditos han intentado desmitificar los enigmas del mapa de Piri Reis. Imago Mundi, una de las más importantes revistas sobre la historia de la cartografía, jamás dedicó un artículo al mapa del Almirante Turco. Los datos descritos en las cartografías del Bahriye siguen siendo un misterio que todavía no ha sido descifrado. En la actualidad no existen evidencias históricas que sustenten que la carta de Reis procede de "antiguas civilizaciones" o de culturas desconocidas. El mapa de Piri Reis es considerad en la actualidad como una extraordinaria y bella compilación de todo el conocimiento geográfico de la Europa Medieval. Solo el tiempo nos dirá algo sobre su misteriosa creación, mientras tanto aquí os dejo los datos y las dudas.
 
Hoy en día, conocido cada recóndito lugar de este planeta, solo nos queda por descubrir los enigmas del universo, los agujeros negros, las galaxias y gradualmente se conformaran los mapas de ellas.....pero eso ira llegando poco a poco, y tendremos que esperar para poderlos ver......................aunque lo tengamos que hacer tras el cristal del escaparate de alguna vieja papelería.

 

miércoles, 8 de enero de 2014

- Bárdenas Reales (Navarra) ............. Vedado de Eguarás y Rincón del Bú

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Corrían los primeros años del siglo XV y el reino de Navarra (antes de Pamplona) llevaba funcionando cerca de 600 años. Al "Noble" rey Carlos III de Navarra, casado con Leonor, una castellana de la Casa Trastámara, se le ocurre buscar consorte para su hija Blanca, eligiendo a Martín "El Joven", rey de Sicilia aunque originario de Aragón. La joven infanta, educada refinadamente en las dependencias del recién erigido recinto palaciego de Olite, con anhelos de un príncipe azul y desposorio con amor, reniega del pretendiente de su padre. Y aquí es donde comienza la leyenda.
La princesa Navarra que representaba lo más selecto de la nobleza ibérica por aquellas épocas, viviendo dichosa su tiempo de juventud, no era de extrañar se opusiera a los arreglos maritales que su padre acordó para unir los linajes de Navarra y Aragón. Martín hijo del rey de Aragón fue el pretendiente destinado para Blanca, mostrando ésta su más enérgico rechazo pues ni siquiera conocía a su propuesto marido. Su padre, consciente de buscar el mejor destino para su reino, no dudó un instante en escarmentar la conducta  de su hija enviándola al castillo de Peñaflor, en medio de la soledad y la aridez de Las Bárdenas Reales de Navarra, a unas 6 leguas de distancia de Olite, capital del reino. En ese desamparado lugar permaneció encerrada y aislada, confinada en la torre de la solitaria fortaleza durante dos meses, recibiendo como único sustento pan y agua. Un humilde pastor de la zona se apiadó de la infortunada doncella, reconfortándola con queso, leche y amigable conversación.  

Pasado el tiempo, convertida Blanca en reina, se acordó de aquel ocasional aliado otorgándole como compensación a sus cuidados la propiedad de las tierras protagonistas de su forzada clausura, que con el paso de los años se le conocería como Vedado de Eguarás. Según la interpretación popular de la leyenda, ello explicaría que estas tierras correspondan hoy al término municipal de Valtierra del que están separadas territorialmente, en lugar de estar incluidas en Las Bárdenas al que corresponderían desde un punto de vista lógico. 

Parece ser que la infanta recapitulo en su encierro, pues en 1402 se ofició el forzado casamiento, mas no hubo tiempo para el amor, dado que el rey Martín trajinaba implicado en diferentes guerras, y la pasión conyugal no concibió ningún vástago que alegrara la vida de nuestra princesa navarra. Martín el Joven falleció en 1409 víctima de la malaria y su enlutada viuda se encontró sola en tierra extraña. En ella continuó algunos años, los mismos que tardó su padre en negociar un segundo matrimonio de conveniencia, convirtiendo su vida sentimental en una verdadera calamidad, motivada en gran parte a la agitados tiempos que pusieron fin a la Edad Media; provocando con su descendencia la desaparición de reino de Navarra y la anexión al de Castilla por parte de los "Católicos Reyes".........pero esto ya es otra historia. 

Otras crónicas refieran la leyenda a Blanca II de Navarra, hija de la anterior. Pero según otros escritos, no fue en Peñaflor donde, también por un pacto casamentero de su padre, estuvo recluida,  si no en una casa torre de la localidad alavesa de Lukiano, acogida por la noble familia de los Gereña. Creándose con ello una nueva leyenda, la de "La Encontrada" ..................seria esta también otra historia que contar. 

Once "Blancas" de sangre real hubo en la historia de Navarra, no es extraño por ello que a falta de legajos, los curiosos por las leyendas se hagan un lio con ellas.........yo también,................ ya no se cual es la que pudo estar recluida en el Castillo de Peñaflor. Sea cual sea aquí queda la fábula de la triste historia de una reina sin amor. 

El Castillo de Peñaflor tiene el atributo de ser la única fortificación medieval que no ha sido alterada su fisonomía desde su construcción en el siglo XIII. Formado por una pequeña torre central que servía de atalaya, tres torres más pequeñas y un recinto amurallado donde se alojaba una reducida guarnición, del que hoy solo queda la ruina de su torre. El fortín se alza sobre un erosionado cabezo situado en el corazón del Vedado de Eguarás y por ende en medio de las Bárdenas Reales. Construido, igual que otros castillos bardeneros (Mirapeix, La Estaca (o Santa Margarita), Sancho Abarca, Aguilar, Peñarredonda, Sanchicorrota), por el rey Sancho VII el fuerte en el siglo XIII, para preservar las lindes con el reino Aragón y reprimir el creciente bandolerismo que asolaba la zona.  

De caprichoso equilibrio en lo alto del cerro, parece un prodigio que haya llegado hasta nuestros días. No obstante, esta bella silueta se encuentra en grave riesgo de perderse para siempre. Hasta hace quince años, se podía ascender hasta la torre sin gran apuro, hoy para conseguirlo hay que escalar su tramo final, desde la que se domina todo el contorno del Vedado de Eguarás.  

Situado bajo la meseta de La Estroza, entre Valtierra y Arguedas, en una depresión del terreno, cuyos límites son los acantilados del Plano, Candévalos y los desérticos parajes de la Blanca, el Vedado de Eguarás con una extensión de 497,79 ha. representa aproximadamente solo el 1% del territorio de las Bárdenas Reales. Está protegido por unas pequeñas elevaciones de entre 329 y 372 metros que lo separan y diferencian del resto de su entorno, constituyendo un oasis dentro de toda la aridez esteparia del contorno, ya que en él ha crecido a lo largo de los siglos una densa vegetación natural de bosque mediterráneo, compuesta por: pino carrasco, coscoja, escambrón, lentisco, enebro, romero y sabina, como así mismo otras especies endémicas como sisallo, tamariz y el ontinar. En los cortados del Plano, que parecen una muralla natural, anidan además el buitre, el alimoche, y el águila real; pudiéndonos encontrar en él: culebra bastarda, gato montés y jabalí. Declarado Reserva Natural en 1987, en su pequeño bosque, de tan solo 350 ha. se criaba abundante caza de perdices, jabalíes, conejos y liebres, siendo escenario de escenario de múltiples cacerías reales y posteriormente coto de caza. Además de su riqueza natural, el vedado de Eguarás ofrece unas parajes sorprendentes, atrayendo hacia este singular enclave cada vez a más paseantes y cicloturistas, muchos de ellos "gabachos" del otro lado del pirineo. 

El Vedado no ha formado nunca parte de los territorios que los congozantes (nombre con el que se conoce a las poblaciones con derecho de explotación de las Bárdenas Reales) tenían derecho a aprovechar, habiendo sido siempre finca independiente. Inicialmente, propiedad a los reyes de Navarra, que solían usarla como territorio de caza, fue cedido en 1357, durante seis años y 60 libras anuales de arriendo, por el entonces rey Carlos II a García Bartolomé de Roncal. A finales del siglo XV el Vedado junto con Valtierra, paso a ser propiedad del condestable Mosén Pierres de Peralta, teniéndose constancia que en 1530, durante el reinado de Carlos V, su propietario era el noble tudelano Juan de Eguarás del que tomaría su nombre. A mediados del siglo XIX pertenecía al Conde de Parent. Los dueños actuales son los condes de Cascajares, que explotan el vedado desde hace varias generaciones. En el interior de esta área podemos encontrar como únicas construcciones: las ruinas del castillo de Peñaflor, bajo este y en sus cercanías la Casa de Guardas y tres corrales para ovejas: el de la Blanca, el de la Barrera y el del Chopo. 

Para acceder hasta él, después de un hermoso amanecer desde Tudela, nos adentramos en las Bárdenas por Arguedas, hasta el Castildetierra. Partimos caminando (está prohibido el paso de los vehículos a motor) desde la Cabaña de Aguirre, situada a 1,3 Km. de Castildetierra, donde dejamos el coche para comenzar el recorrido. La mayor parte del mismo trascurre por pistas agrícolas sin mayor dificultad que salvar nada más comenzar en Barrando Grande, en el que encontraremos seguramente un buen barrizal que atravesar. Sin ningún problema cruzaremos el Barranco del Vedado, continuando por la pista que abandonaremos al ver el Corral de la Blanca, dirigiéndonos en su dirección e introduciéndonos ya en el Vedado, llegando a los pies del Castillo. Lo rodeamos, continuando en dirección oeste hasta la Casa de Guardas, desviándonos a la izquierda a un par de centenares de metros de esta, rodeando los cerros de "La quemada", llegando a la pista que nos llevara nuevamente hasta las proximidades del Corral de la Blanca, volviendo sobre nuestros pasos hasta donde tenemos aparcado el coche. Un recorrido de unos 12 km. tranquilo, donde poder pasar una buena mañana. 

El Rincón del Bú
Otro de los rincones sugerentes que podemos encontrar en Las Bárdenas es el Rincón del Bú, zona declarada y protegida como Reserva Natural desde 1986. Se trata de una pequeña zona de 460 ha. situada entre la parte sur de la Blanca, casi ya en la Bárdena  Negra, al norte de la carretera que une Tudela con Ejea de los Caballeros. Su paisaje está formado por potentes barrancos, arcillosos acantilados, quebradas llanadas, así como planas mesetas y cabezos de singulares formas, con una original orografía donde la erosión ha tallado con dureza el relieve, ofreciendo una visión de formas espectaculares que no le dejarán indiferente al visitante. Su pobre vegetación, desprovista prácticamente de arbolado y característica de los lugares áridos, está compuesta fundamentalmente por: romero, tomillo, ontina, sisalla, saladares, espartales y sabinar, donde no será difícil observar aves rapaces como el águila real, buitre, alimoche, alcaraván, ortega, ganga o alondra, destacándose el búho real, que cría en los cortados de su territorio y al cual debe su nombre.  

Al contemplarlo desde la altura, nos parece haber llegado a lugares lejanos en la distancia y hasta podríamos imaginar jurasicos tiempos, gracias a su árido paisaje que nos ofrece unas espectaculares vistas. En sus proximidades se encuentra parte de un poblado medieval y el cerro denominado "Balcón de Pilatos", un promontorio mesetario, de los muchos que por la zona hay, desde el que poder observar de forma  privilegiada el vuelo de las rapaces que surcan los limpios cielos de la zona. Su nombre seguramente proviene de “puy lato” o cerro ancho. 

Para acceder al Rincón del Bú hay que coger la carretera NA-125, que va de Tudela a Ejea de los Caballeros. En el punto kilométrico, 17,3, donde la Cañada Real de los Roncaleses cruza la carretera, donde hay una explanada y se sitúa la Cabaña de los Catalanes. Continuando por la pista agrícola hasta la Cabaña y balsa de Cabezogancho, donde giraremos a la izquierda, hasta llegar a la pista del barranco de Santa Catalina, el cual recorreremos hacia la derecha hasta que su estado nos lo impida y tengamos que aparcar el vehículo, a unos 4,4 km. de haber dejado la carretera 

La ruta se inicia en dirección norte, siguiendo la vía pecuaria ahora trasformada en pista, hasta llegar al cartel indicativo (si existiera) de La Reserva Natural del Rincón del Bú. Desde el panel informativo descendemos al Barranco de Valfondo, el cual tendremos que abandonar para ascender a la Plana de Sagasti, por unas aristas arcillosas y después una fuerte pendiente. Justo al otro lado de coronar estas aristas, en la cabecera del Barranco Chimorra, se sitúa el denominado Rincón del Bú, es cual lo divisaremos perfectamente desde la cumbre de la Plana de Sagasti, punto más alto de todo el recorrido con unas estupendas vistas de toda la zona. Cruzamos la plana en dirección este hasta introducirnos en un nuevo barranco que descenderemos, con continuas y obligadas salidas y entradas en él. A su mitad encontraremos "El Rinconcito" curiosa y seca cascada que forma un estrato rocoso con una poza de azul intenso en su fondo. Continuando saldremos al Barranco de Valfondo, en lugar próximo al cartel informativo, y tras retomar nuestros pasos volver al inicio de este interesante paseo.

Menos tranquilo que el recorrido anterior, de unos 11 km. es solo aconsejable para senderistas experimentados, acostumbrados a caminar por malos terrenos y con soporte de GPS y los tracks de la ruta cargados, pues gran parte de su itinerario es por barrancos y terrenos sin camino, no estando en absoluto señalizado. 

Dos nuevos enclaves, con su magia asociada, en medio de uno de los desiertos menos conocidos de esta piel de toro que habitamos.

viernes, 3 de enero de 2014

- Rajasthán (India)..........el País de las Mil y una Noches

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El verde paisaje y los exultantes campos cultivados del territorio de los sijs, del que hasta ahora habíamos estado disfrutando, poco a poco se va trasformado en un panorama más áspero y sórdido en el que las líneas del horizonte son prácticamente planas, la vegetación va paulatinamente desapareciendo y la sequedad empieza a ser nuestra incesante compañía; comenzando a percibir como esa arena fina y melosa se va adueñando gradualmente de nuestro espacio visual, adentrándonos en una atmosfera diferente a todo lo anteriormente vivido en nuestro periplo por este singular país. Atrás quedaron los bosques y los tormentosos ríos de las estribaciones del los Himalayas, también los rasgos diferenciados de los altivos sijs y las contagiosas sonrisas tibetanas de los lugares ya recorridos, pero aun así entramos en un nuevo espacio encantado................. Hemos partido del Punyab, camino hacia ese irremisible sur donde se sitúa el Rajasthán. 

Situado en el noroeste de la India, el territorio Rajasthani es la esencia del exotismo del país. Aunque Indostán es un territorio enorme con cantidad de paisajes diferenciados, esta región representa la imagen onírica de esa India que todos hemos tenido alguna vez en nuestra imaginación, el reino de los maharajás de esas antiguas películas de cine en las que estos singulares gobernantes compartían poder con el Imperio Británico, con sus suntuosos palacios repletos de elefantes y abundancia de lujos y placeres, o incluso a épocas más antiguas, a la india del siglo V, la de los cuentos de "Las Mil y una Noches". Lugar, donde las antiguas historias y leyendas cobran vida, de orgullosos hombres de grandes bigotes, cubiertos con enormes turbantes, y engalanadas mujeres adornadas de elaboradas joyas, ceñidas con coloridos y refinados saris.  

Rajasthán es la tierra de los rajputs (hijos de reyes), tradicional y aguerrido clan guerrero, protector de su tierra, su familia y su dignidad,  que rigieron este territorio del subcontinente indio durante más de un milenio, conforme a un código de honor equivalente al de los caballeros feudales occidentales del medievo. De ascendencia "aria", su historia habla de un romántico sentido del orgullo y del honor que todavía hoy sigue vivo; su coraje y su concepto de la dignidad llegaba a tal nivel, que ante una derrota, se sometían al “jauhar”, un ritual de inmolación en el que las mujeres de estos maharajás y sus hijos, se arrojaban a una pira funeraria y ellos salían al encuentro del enemigo, en busca de una muerte segura. En la actualidad viven con la nostalgia de su esplendoroso pasado, aferrados a un estatus señorial y de dominio, abolido por el gobierno en 1971, pero que en cierto grado, aun detentan sobre las comunidades más rurales. 

Estos feudales hindús, gobernaron la región desde aproximadamente el siglo VI, instaurando diversos reinos que resistieron las incursiones de tucos y musulmanes hasta llegado el siglo XVII, en el que prácticamente toda la india quedó dominada por los "mogoles", regida desde el sultanato de Delhi. Si bien algunos de estos  antiguos reinos no fueron totalmente sometidos, lo que hizo modificar la actuación de los invasores hacia ellos, creando lazos matrimoniales, confiándoles cargos políticos y militares, y otorgándoles una cierta autonomía, pero manteniéndoles como reinos vasallos. Con la decadencia del imperio mogol en el siglo XVIII, los rajputs recuperaron parte de la independencia que más tarde, en 1818, pondrían en manos del Imperio Británico a cambio de autonomía local y protección frente al nuevo peligro invasor, los Marathas, que llegaron a ocupar la importante ciudad de Ajmer en el siglo XVIII. 

Los príncipes rajput lograron conservar ciertos privilegios después de la independencia de india en 1947, cosa que no agradaba mucho a los nuevos gobernantes. Alrededor de 565 maharajás hindúes y nababs (gobernadores) musulmanes gobernaban como soberanos absolutos y hereditarios sobre aproximadamente 100 millones de habitantes, un tercio del territorio de la India. Príncipes como el Maharajá de Cachemira o el Nizam de Hyderabad gobernaban estados tan poblados y extensos como algunos de los países europeos. Entre ellos se encontraban algunos de los hombres más acaudalados del mundo, como también soberanos con peculios tan modestos como los de un comerciante de bazar. Calculándose que cada uno de ellos poseía de media: unas 6 esposas, 11 títulos nobiliarios, alrededor de 10 elefantes, entre 3 y 4 Rolls-Royce, 3 vagones de tren privados y unos 23 tigres abatidos en distintas cacerías.  

Tras la abolición de sus títulos y prebendas por la Primera Ministra Indira Gandhi en 1971,  empezó el declive de estos feudales del siglo XX. Fue entonces cuando muchos de estos maharajás se vieron forzados a convertir sus palacios y fortalezas, en algunos de los cuales aun viven los descendientes de estas castas medievales de antaño, abriéndolos al público, transformándolos en seductores hoteles de lujo y permitiendo su entrada a los curiosos visitantes que nos acercamos a ellos.  

La antigua Ruta de las Indias
Las leyendas de "Simbad el Marino" (siglo IX), las de su homologo el terrestre "Sindbad el mozo de cuerda" (siglo VIII) y sobre todo el "Libro de Las Maravillas del Mundo" (siglo XIII) con el relato del periplo de Marco Polo, nos hablan de lugares exóticos, de mercantes que hablan desconocidas lenguas y de naves que retornan colmadas de nuevas especias. Esto desarrollo un floreciente comercio con oriente, creando largos y complicados itinerarios para atraer a occidentes tan preciados y desconocidos elementos. 

Así se crearon la Ruta de las Especias y la de la Seda, que desde el siglo VII, gracias a los intermediarios árabes, facilitó descubrir nuevas especias a los refinados paladares europeos, que no solo se usaban para sazonar y condimentar los platos y guisos, también se utilizaban en la preservación de los alimentos, para confeccionar fragancias y perfumes, elaborar afrodisiacos, para su uso en la medicina de entonces. y con fines místicos o sagrados. Fue gracias a las especias que India y Europa se encontraron, lo que dio paso a un fructífero comercio de todo tipo, no en vano las especias eran llamadas “el oro de India” y por ello se buscaban nuevos itinerarios en la búsqueda del otro ‘Dorado’ el oriental. Es conocido que el interés del viaje de Cristóbal Colón era intentar llegar a las Indias por occidente, pero sin quererlo (o sabiéndolo), se encontró un nuevo continente en el camino.  

Todo comenzaba en las Indias Orientales, en Ceilán, Sumatra o Java, donde se cosechaba clavo, pimienta o nuez moscada, que mas tarde eran trasportados hasta el golfo de Bengala. Estos recorridos que en un principio se realizaron por mar, para después llegar a El Cairo, Damasco o Constantinopla, a través del Golfo Perico o el Mar rojo, para posteriormente llegar por Mediterráneo mar a los principales puertos comerciales de aquel entonces de Venecia o Génova.
 
Después de la invasión islámica del Indostán y la unificación de toda la zona con la llegada del Imperio Mogol (musulmanes), estos itinerarios en gran parte marítimos se  sustituyeron por derroteros terrestres más seguros y menos arriesgados, creándose las "Rutas de Caravanas", desplazando los antiguos recorridos por otros que atravesaban el territorio de Rajasthán, convirtiéndose durante la Edad Media estos áridos territorios en lugares de significativo trasiego, en los que florecieron ciudades y fortalezas de importancia que protegían el comercio de enfrentamientos bélicos, piratas, salteadores o pugnas locales, generándose así mismo un potente desarrollo en las vías de comunicación. 

Ya no fueron solo especias las que circulaban por las nuevas vías de comunicación, sino todo tipo de mercancías. La población de Mandawa, encrucijada de las rutas del Rajasthán, situada al norte de Jaipur y Ajmer en pleno corazón de la región de Shekhawati, se convirtió en un lugar de trueque en la que se intercambiaba entre otros productos, la seda china por el opio afgano. Gracias a este prospero comercio se desarrolló enormemente, donde los potentados mercaderes construyeron fastuosas residencias "havelis" decoradas con vistosos colores, hoy casi abandonadas al desaparecer este característico transito de antaño y haberse trasladado el comercio fundamentalmente a los puertos de Bombay o Calcuta, hecho que sucedió en tantas otras poblaciones de todo este territorio, como confirmaremos en nuestros paseos por Bikaner, Jaisalmer, Jodhpur y Jaipur, verdaderos museos vivos de su pasado esplendor. 

Bikaner, encrucijada de la ruta de estas caravanas, fue el primer contacto con una ciudad del Rajasthán, la más importante de las situadas en el desierto de Thar, aunque en la actualidad es bastante más modesta que antaño. Es los tiempos de su mejor esplendor, a sus pobladores les gustaba deleitarse con los placeres terrenales, habiendo documentación escrita en la que se relaciona el abundante uso de opio y asha que en ella se consumía. El "asha" es un apreciado licor, elaborado con azafrán y rosas destiladas que le dan su característico color, al que se añaden perlas molidas, polvo de oro y plata, así como sesos de oveja o cabra, siendo muy apreciado por sus intensas cualidades afrodisiacas. 

Son afamados  sus camellos, contando con la granja más grande de Asia de estos rumiantes. 200 de estos, fueron entregados a los Británicos en 1842 para las campañas militares en Afganistán. Esto y los paisajes que estamos recorriendo, me hace rememorar la inolvidable película John Huston "El hombre que pudo reinar", interpretada magníficamente por Sean Connery y Michael Caine,  basada en el libro del nobel de literatura Rudyard Kipling. Sin duda una de las mejores films de aventuras, y que recomiendo a todo el mundo.  

En Bikaner, además de poder apreciar la arquitectura "raiput", visitamos el fuerte  Junagarh "Viejo Fuerte", el barrio donde se concentran los "havelis", su bazar lleno de actividad y el templo jainista de Bhandasar con su genuino gurú, al que alguien sacó parecido con Almodóvar. Sobre estos atrayentes lugares no me voy a entretener en pormenores, pues cualquier guía escrita los relacionara mucho mejor que yo, solo indicar que fue aquí, en esta ciudad, donde comenzó la india hacerse más patente y genuina, donde empezamos a ver aglomeraciones humanas, y  donde fuimos espectadores de platea sobre un gran atasco, justo en el enclave principal de la urbe, provocado por una vaca que con toda tranquilidad, sin ninguna molestia por parte del gentío y campando a sus anchas era la reina del trafico, sin que ningún conductor o viandante hiciera el menos atisbo de caso al guardia urbano que intentaba contralar aquella daliniana situación.   

En el ocaso de la tarde nos acercamos a cenar al recomendable The Laxmi Niwas Palace, el palacio del Maharajá, hoy convertido parte de él en hotel y restaurante, era la noche del  11 de septiembre, "Diada de Catalunya", día en el que los barretinos formaron la cadena humana por la independencia, entre Le Perthus y el Rio Sénia en la Plana de Vinaroz. En él nos encontramos con un grupo de catalanes (en el nuestro todos lo eran menos nosotros), la algarabía y los cantos dominaron por momentos el espacio del hermoso patio en donde nos situábamos, invitándome a participar con ellos del evento; la escena, fue para mí, no menos surrealista que la de la vaca, ya que uno no entiende muy bien de banderas y menos de fronteras. 

A unos 30 km. al sur de Bikaner se encuentra Desnouk. Conocida por el templo de Karni Mata habitado por ratas. Al entrar se las puede ver moviéndose en total libertad, ya que aquí se los considera animales sagrados. 

Las carreteras por estas zonas no están muy saturadas de tráfico, transitando perfectamente por ellas, no obstante las medias de nuestro conductor en el mejor de los casos, son de 50 km/h. llegando en algunos días de ruta por las montañas a ser de 30 km/h. Con este ritmo nos daba tiempo de sobra a extasiarnos de la vida cotidiana de sus gentes a través de las ventillas, observando escenas del campo y de las poblaciones por las que cruzábamos, comprobando que gran parte del tránsito rodado se debía a la multitud de peregrinos y peregrinajes que de continuo se realizan en este fervoroso país. Un día al comienzo de nuestra actividad habitual (dejarnos llevar por el conductor), nos sorprendió una pequeña aglomeración de circulación rodada, ni más ni menos que eran unos de esos romeros que se dirigían hacia algún lugar sagrado a entregar su ofrendas, pero de tan singular forma que todo viandante se paraba a contemplar la forma de hacerlo, en vez de caminar o en vehículos como el resto de los humanos, estos iban rodando por encima del asfalto solamente protegidos por una alfombra móvil que otros compañeros iban instalando y protegidos de la inclemente solana, por otro par de paisanos que con una especie de lona les facilitaba una compasiva sombra, a su alrededor otras tantos bailaban al son de la música, que emanaba desde unos enormes altavoces, soportados por un vehículo de no sé qué siglo, el cual les servía de apoyo. Surrealista la escena a más no poder, como tantas otras que a través de nuestro recorrido pudimos contemplar en este enorme y curioso país. 

Después de vivir esta dadaísta escena, llegamos a Jaisalmer "El Fuerte de la Colina de Jaisal". Totalmente amurallada con 99 torreones, se eleva a 35 mts. de altura sobre la colina de Trikuta, dominando desde sus almenas, troneras y barbacanas la ciudad baja y un gran panorama del árido Thar, en medio del cual se halla, donde entre callejas estrechas y sinuosas se halla la fortaleza y el palacio de los maharajás, en el alfeizar de su puerta, la siniestra imagen de las huellas de las manos de las mujeres que se arrojaban a la pira cuando sus maridos morían. La llamada Ciudad Dorada por el color de sus edificios que le da la arenisca amarilla, es uno de esos enclaves en los que parece haberse parado el reloj del tiempo, pero ha sido convertida en un parque temático de las compras, plagada e invadida de baratijas y quincallería, sobre el que este curioso viajero que os relata considera que no hay tanto turista para todo el género aquí expuesto, aun así atractiva y sugerente. En ella se puede encontrar alguna tranquila terraza en donde tomar un té o una correcta cena como la del  Lake View Restaurant, local del Hotel Surja, en  On Fort Kotari Para, o alguna otra desde la que contemplar los exquisitos relieves de los tejados y cúpulas del interesante complejo que forman los siete templos jainistas situados en medio de su casco antiguo. Uno de los momentos más emotivos lo vivimos aquí...................... era por la mañana, estábamos en el pequeño templo hindú de Lakshminath, donde un grupo no muy numeroso de feligreses, pero que colmaban el templo, realizaban una ofrenda "puya" muy especial entre canticos y alabanzas................... algo mágico envolvía el ambiente. 

Por la parte baja de la urbe, caminamos sus calles en busca de los "havelis", esos palacetes, con sus preciosas celosías, que construyeron los antiguos mercaderes de seda, y que ahora prácticamente abandonados son ocupados por gentes humildes que se dividen sus habitáculos por familias, toda vez que la legendaria Jaisalmer no es ni sombra de su esplendoroso pasado, ya que las rutas de antaño tampoco pasan por aquí, al igual que en Bikaner, condenadas ambas al olvido y al abandono. Nos acercamos a la orilla del lago Gadi Sagar, donde lugareños dan comida a los insaciables peces gato al pie de las escalinatas de sus templos, y esperamos la hora del crepúsculo para acercarnos a los "cenotafios" (mausoleos sin tumbas) de Vyas Chhatris, para desde ellos ver como el sol se despide del día en un lugar tan tranquilo y sereno como este, con excelentes vistas de la ciudad, custodiada por su magnífica fortaleza que durante casi novecientos años ha sido castigada y azotada por los vientos del desierto cercano.  

Otra de las tardes nos acercamos hasta la aldea de Khuri situada a 45 km. de Jaisalmer, para contemplar desde sus proximidades, en las dunas del este desolado paisaje de arenas, otro magnífico y colorido atardecer. Mientras llegaba la hora del ocaso paseamos por sus yermas calles, en las que se asientan viviendas de adobe con tejados de ramas, contemplando el trascurrir de estas menesterosas gentes y su vida cotidiana, en la que nos saludan pudorosas y recatadas mujeres que medio ocultan su rostro con traslucidos velos al vernos, siendo también recompensados con la algarabía de los niños a nuestro rededor, sus sonrisas y sus intensas miradas a través de esos enigmáticos ojos negros complementan estos instantes guardados en mi imaginación.  

Interesante es la leyenda que relata al origen del desierto de Thar: En los escritos del Ramayana, se señala que cuando el dios Rama tuvo que cruzar el océano con su ejército en busca de su esposa, raptada por rey demonio Ravana, decidió usar un arma de fuego para secar el inmenso mar. Todas las criaturas que habitaban en él asustadas por sus vidas le suplicaron que no lo hiciera. Pero era imposible convencerle, decidiendo disparar al mar distante; resultando ser ese mar el lugar en donde se encuentra actualmente el desierto de Thar. A pesar de que esta fabula es pura mitología, curioso es saber que en distintas excavaciones realizadas en este desierto, se han descubierto fósiles que indican la existencia de vida marina en el pasado.

Continuando nuestro transitar por estas baldías tierras llegamos a Jodhpur. Situada igualmente en el desierto de Thar, a mitad de camino entre Jaisalmer y Jaipur, en la estratégica ruta que comunicaba Delhi con Guyarat, beneficiándose durante el siglo XVI del próspero tráfico de opio, seda, cobre, café y dátiles que por ella trascurría. Pudiéndose todavía hoy sentir ese aroma del pasado en sus atiborrados bazares, así como en la cálida hospitalidad y simpatía de estas gentes del desierto. 

Se la conoce en la actualidad como la Ciudad Azul, por el color con que están pintadas de forma mayoritaria sus casas, que originariamente era utilizado por brahmanes en sus viviendas, extendiéndose posteriormente al resto de la población, porque se decía que ahuyentaba el intenso calor y los molestos mosquitos. Está dominada por la altiva y poderosa fortaleza de Mehrangarh, emblema de Jodhpur y uno de los mayores de la India, el cual recorrimos en súbita y efímera visita. A su entrada, también podemos apreciar el grabado que muestra las palmas de las manos representando a las doce viudas de un maharajá, que en 1845 se arrojaron a la pira funeraria de su difunto esposo. Dentro de sus fortificación se encuentra, entre otros múltiples edificios, el palacio de maharajá. La potente construcción domina el centro de la ciudad, ocupando 5 km. sobre una colina a 125 m de altura, orgullosa de no haber sido nunca conquistada. Sus murallas de de 36 mts. altura y 21 de ancho, han soportado innumerables asedios e incluso una guerra de cincuenta años con el Imperio Británico. En uno de sus patios, un camarero junto a una mesa repleta de refrescos nos propone si queremos tomar algo, manifestándonos, que para los foráneos son gratis, toda vez que pagamos una entrada mucho más cara y por ello el maharajá nos recompensa con un bebida. Desde sus baluartes, bajo nuestros pies, observamos unas increíble vistas de la ciudad y sus añiles tonos. En el distancia, la planicie da paso al desierto del Thar, una tierra árida, parajes antaño transitados por mercaderes con sus caravanas de camellos, algunos para comerciar y otros para acarrear especias. Sobre estos baluartes Aldous Huxley, absorto ante este visual espectáculo, subrayó en su diario, "… desde los bastiones del fuerte de Jodhpur uno oye cómo deben hacerlo los dioses desde el Olimpo, a quienes cada palabra pronunciada por el infinitamente habitado mundo de abajo llega de manera clara e individual para ser registrada en los libros de la sabiduría". 

Al atardecer, descendemos caminando hacia el barrio antiguo de la ciudad,  rodeado por una muralla de 10 km. Transitamos por un laberinto de sinuosas calles con la Torre del Reloj como centro neurálgico. Sus casas lucen sus fachadas de azul celeste, como si fuera un Belén de Navidad, paseamos entre la cotidianidad de sus gentes, cruzando calles, recorriendo bazares, saludando a hombres que charlan en las puertas de sus casas y sonriendo a mujeres de vistosos y coloridos saris, que desde sus ventanas observan como su universo inmediato trascurre a sus pies. La multitud abarrota los espacios y dificulta nuestros pasos a cada instante, bacas y cabras moran a sus anchas, pero el vigor y el espíritu de la urbe nos absorbe. Todo ocurre mientras el día se despide y la ciudad parece abrazarte con su ajetreo,.................. es como haber retrocedido en el tiempo a unos siglos atrás. 

Jodhpur es un lugar interesante para comprobar la calidad de sus coloridos saris, es también conocida por su laca, títeres, zapatillas de piel de camello y alfombras, donde adquirir te de buena calidad y encontrar todas las mágicas especias de India, pudiendo localizar todo tipo de productos en el Sardar Bazaar, un buen lugar para visitar, pasear y pasar el rato. Para degustar el famoso "pyaaz ki kachori" con su "chutney" de tamarindo y de postre los deliciosos "laddoos" o  un refrescante "lassi" como complemento perfecto de una cena Rajasthani, deberíamos acercarnos al Jharokha, restaurante del  Hotel Haveli, situado en Makrana Mohalla muy cerca de la Plaza del Reloj, con unas magnificas vistas de la fortaleza iluminada en la noche. 

Por carreteras de segundo nivel, camino de Pushkar, paramos en Merta, colorida y ajetreada población alejada del turismo, donde el sabor de la india se nos hizo más intenso y genuino. Polvo, gestos, miradas y sonrisas fueron nuestra compañía, durante nuestra corta estancia en ella mientras disfrutábamos de unos zumos recién elaborados de naranja con granada. 

Existe la creencia de que los dioses liberaron un cisne con una flor de loto en el pico, con el compromiso por parte de  Brama, el dios de cuatro cabezas, de que donde el ave dejara caer la flor haría un gran sacrificio, cayendo en la actual Púshkar, eso ha motivado que esta población sea una de las cinco ciudades más sagradas para los devotos hinduistas, siendo una de las ciudades más antiguas de la India, desconociéndose la fecha de su fundación. Asentada a orillas del Lago Púshkar, al que los peregrinos acuden para realizar sus baños rituales en alguno de sus 52 "ghats", que plenos de actividad y colorido circundan completamente la lamina de agua. Púshkar acoge infinidad de templos, el más afamado en el dedicado a Brahma que data del siglo XIV, existiendo muy pocos templos dedicados a este dios en todo el mundo, desarrollándose por las calles de sus alrededores sonoras, coloridas y festivas procesiones. También afamada por la Feria Anual del Camello, al que acuden camelleros desde cientos de kilómetros a la redonda, siendo muy populares durante su celebración entre los meses de octubre y noviembre las carreras de camellos que se llevan a cabo durante ella. Existe en su calle principal y más comercial, no muy lejos del lago un restaurante de comida española, "Laura's Café", el cual defrauda y no es por mi parte aconsejable. No así la localidad, en la que se puede sentir el ambiente de la india mas real y autentica.  

Camino de Jaipur, pasamos por Dudu para acercarnos hasta Lapodiya, pequeña aldea donde nos alojamos en la casa del Sr. Lakshman Singh, agradable y familiar lugar, pero en el que sufrimos un enorme calor durante nuestro merecido descanso nocturno. Nuestro anfitrión, nos enseño a la mañana siguiente, su  ingenioso y premiado sistema para recoger las aguas de lluvia, mediante unas charcas denominadas "chowkas", mejorando el aprovechamiento hídrico en el de regadío de tierras cultivables. Visitamos así mismo una cooperativa de mujeres que se autofinancia a base de microcréditos. Sentados en el suelo del poche de la casa de una de ellas, y engalanadas con sus áureos pendientes de aro en la nariz, nos explicaron su forma de funcionar, proporcionándose  prestamos unas a otras, como ayuda a su economía familiar. 

Jaipur, capital del Rajasthán, es apodada la "Ciudad Rosa" por el característico color de sus casas, aunque no siempre gozo de ese rosáceo matiz. Fue en 1883 con la visita de Alberto de Sajonia, consorte de la reina Victoria de Inglaterra, cuando se engalanó la ciudad de ese tono, conservándolo hasta hoy en día en que es ya obligatorio, creando una característica y personalidad propia que podemos comprobar en toda su parte antigua, donde sus fachadas con ventanales elaborados en celosía, dan un toque singular a esta urbe.   

Visitamos el City Palace (Palacio de la Ciudad), extraordinario complejo de edificaciones y patios construidos en arquitectura rajasthani y mogol, que ocupan la séptima parte del interior de la muralla de la vieja ciudad, en el que aun hoy en día parte de él sirve como residencia del maharajá. Es sin duda uno de los lugares imprescindibles de ver en Jaipur, y donde nos encontramos con un grupo de monjas de Teresa de Calcuta, con sus inconfundibles vestimentas............ completando con ellas la colección de atuendos religiosos en nuestro periplo hindú.  

Muy próximo al palacio se halla Jantar Mantar, el Observatorio Astronómico mandado construir en 1716 por Jai Singh II y modelo de precisión para su época. No se trata de un edificio en sí, ni se encuentra en el interior de un edificio, más bien es como un parque urbano lleno de sorprendentes y enormes construcciones astrales: relojes de sol, astrolabios, esferas armilares, estructuras zodiacales, etc.,  todas de un formidable tamaño. 

El Maharajá Sawai Jai Singh II, nació el 3 de noviembre de 1688, un año después de la publicación de los Principios de Newton, accediendo al trono con tan solo 11 años, compaginando sus estudios y formación con los de la gobernanza. Guerrero, diplomático, culto, erudito y gran aficionado a la arquitectura y a las ciencias, en especial a la astronomía, mando construir 5 observatorios similares al de Jaipur por toda la India (Delhi, Benarés, Ujjain, Mathura y Jaipur). Conocía y había estudiado las obras de Newton, de John Flamsteed y Domenico Cassini, creando una edad de oro en las artes, el urbanismo y la arquitectura, fundando en 1728 la ciudad de Jaipur, sobre novedoso, simétrico y astral diseño. 

Por detrás del observatorio, casi en la esquina de las calles donde se sitúa el bazar Tripolia y Hawa Majal road, se encuentra el famoso y afamado  Palacio de los Vientos, "Hawa Majal", uno de los símbolos de Jaipur e imagen que encontraremos en todos los quioscos de postales. Tras franquear unos hermosos patios que se encuentran es su trasera, accedemos a un  edificio de cinco pisos; los dos superiores, más estrechos, dibujan la cola de un pavo real, uno de los animales que en la India tiene un valor simbólico. Es apenas una curiosa y bonita portada de trabajadas celosías en rosa y blanco, por donde las damas y esposas  del maharajá, para las que fue construido, podían observar el exterior sin ser vistas a través de sus numerosos miradores repletos de casi un millar de ventanas. Para unos impresionante y majestuoso, a mi me dejo una sensación de cierta decepción, permaneciendo en mi retina los "havelis" de  Jaisalmer y sus laboradas fachadas, me parecieron mas autenticas; este repintado y perifollo edificio, se me asemejó más a una tramoya de película.   

A pocos pasos se sitúa el Ishwari Minar Swarga Sal (Isar Lat), elevado  minarete y uno de los puntos de referencia más importantes de la ciudad. Erigido para dominar toda ella en 1749 por Sawai Ishwari Singh, hijo de Jai Singh II (el que construyó el observatorio astronómico), para conmemorar la victoria frente a su hermanastro Madho Singh I. Está situado cerca de la Puerta Tripolia, una de las siete curiosas y magníficas puertas que tiene la muralla que rodea la ciudad antigua. La entrada se encuentra por la parte de atrás siguiendo un callejón unos 50 metros, siendo posible subir hasta su cúspide, desde donde se pueden obtener unas estupendas vistas de la ciudad y de los alrededores de Jaipur. Pero al que no pudimos ascender por estar en obras, no obstante, a notar nuestra decepción ante este  hecho, un piadoso y gentil ciudadano se nos ofreció a enseñárnoslo desde la terraza de un templo hindú situado enfrente, en Tripolia Bazar. 

Recorremos sus animados bazares, hasta llegar al aconsejable restaurante LMB (Laxmi Mishthaan Bhandar), situado en Johari Bazar road, donde comer su bien preparada comida vegetariana, lograda a través de correctas recetas hindús. En la tarde paseamos tranquilamente a "nuestra bola", sin someternos a la disciplina grupal, dejándonos cautivar y perder por esta ciudad rebosante de vida, actividad y color. Llegando hasta  Mirza Ismail (ML) road, con sus joyerías, tiendas de marca internacional y boutiques de moda, como si tal cual camináramos por las madrileñas Serrano u Ortega y Gasset. Encontramos un sitio para tomar una cerveza, complicada y no muy fácil labor en esta ciudad, era la cafetería del Hotel Imperial, el lugar no podía ser de lo mas sicodélico y extraño, ni una sola mujer había es su oscuro interior, solo alumbrado por tenues neones de intenso azul y rojo, como si se tratara de un "lucecitas" de carretera, pero con las luminarias dentro. A pocos pasos de este antro, se ubica Raj Mandir, el más grande, ostentoso y famoso cinema del país, como un merengue rosa, hortera a más no poder, donde visionamos una de esas interminables películas románticas y bailonas de Bollywood, donde cada beso es una algarabía de gritos y aplausos, subiéndose a las butacas los espectadores locales, al mínimo atisbo sugerente de la proyección........................ todo un espectáculo, mucho más que el propio filme. 

En las cercanías de Jaipur, a tan solo 11 km. se encuentra la población de Amber y su grandiosa fortaleza, a la que también llegamos pillados de tiempo y de la que pudimos recorrer sus dependencias mientras el sol comenzaba a esconderse por detrás de los cerros de su alrededor. El Fuerte Amber domina desde un altozano la pequeña localidad a la orilla de un ajardinado lago, una ciudad que se muestra blanca y azul sobre la boca de una rocosa garganta, al abrigo de tres colinas, a través de las cuales los rayos del sol tan sólo consiguen colarse por turnos. Ya en pleno atardecer descendimos entre grupos de monos hasta la aldea, en la que visitamos el baori  (pozo de agua) de Panna Meena ka Kund,  junto a un grupo de jóvenes que jugaban al críquet, deporte nacional en India. 

Ya en la oscuridad de la tarde avanzada y tras un breve recorrido en autocar conseguimos llegar hasta Nahargarh Fort, para ver Jaipur desde la altura y en la noche. Tomando plácidamente unas cervezas en su terraza, oyendo bajo de nosotros el ajetreo de la ciudad y los canticos fervorosos de los hindús; mientras a nuestra espalda, parte del grupo discutía sobre la propina que había que dar al chofer del autocar y su ayudante, a los que solo por llegar hasta aquí desde el Fuerte Amber, arañando el vehículo con la vegetación de los arboles de la carretera y por la atención que hacia nosotros tuvieron durante todo el viaje, se la tenían con creces ganada................, pero la pelaaaaaaaa, es la pelaaaaaaaaaaaaa. 
 
 
Rajasthán  es un país dentro de otro, un mundo árido y dulce a la vez, lleno de color y escenas irrepetibles, con gentes humildes devotas de sus dioses, un lugar donde el tiempo parece detenido hace cientos de años................... donde el viajero al recorrerlo parece estar viviendo la realidad del cuento de Las Mil y una Noches.