sábado, 19 de diciembre de 2015

- El Sur Islandés………… entre los hielos y el mar (Islandia)

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Despertando de nuevo en un brumoso día comenzamos a circular los territorios del sur islandés, diferentes a todo lo anteriormente visto, completando nuestras últimas etapas por este país de gélidos paisajes, que como antítesis han sido cincelados por el fuego de sus volcanes. Un recorrido a través de una carretera que discurre por la estrecha franja de terreno disponible entre las nieves perpetuas y la azulada planicie marina, por las orillas de los hielos que se precipitan hacia el mar, cruzando una tras otra las numerosas lenguas glaciares que desparrama el grandioso Vatnajökull 

Vatna = agua y jökull = glaciar, es el nombre que los islandeses han puesto al mayor glaciar de Islandia y el segundo de Europa, unos 3.300 k3. de hielo, bajo los cuales existen siete amenazantes y activos volcanes, siendo el Grímsvötn el más revoltoso de todos ellos.
Precisamente la cumbre más elevada de Islandia, el volcán Hvannadalshnjúkur con sus 2.100 m. está situada en la periferia sur del glaciar, próxima al Parque Nacional de Skaftafell. No fue hasta el año 1875, cuando un grupo formado por un inglés y varios islandeses atravesó el glaciar de sur a norte, teniendo estos exploradores la coincidencia de poder observar al norte del glaciar la tremenda erupción del Askjá que se produjo en esos días, comunicándoselo a los granjeros asentados el área del lago Mývatn, situados algo más al norte.  

El gran glaciar islandés, al igual que el resto de las masas heladas de estas latitudes, ha sufrido en los últimos tiempos un incesante y progresivo retroceso, producido por el calentamiento global de planeta. En 1958 se calculaba que contaba con algo más de 8.500 km2, de superficie mientras que en 1980 se habían reducido a 8.300, calculándose que ahora no llegan a los 8.100. 

Atravesando uno tras otro estos ríos de hielo, y aunque la más potente de todas estas lenguas heladas Skeidararjökull se sitúa más al oeste, llegamos hasta la más llamativa de todas ellas Breiðamerkurjökull. Es aquí donde los hielos han cincelado el terreno formando la sugerente e impresionante laguna de Jökulsárlón, inmensidad de icebergs desprendidos de su inmediato vecino helado formando ante nuestra vista un soberbio caos. Este lugar; prácticamente inexistente a principios del siglo pasado, es producto del por algunos (negacioncistas) inexistente cambio climático que está haciendo retroceder las masas heladas del planeta de forma estrepitosa y preocupante; es ahora uno de los más frecuentados de toda la geografía isleña, convirtiéndose en un verdadero "parque temático" del agua en sus distintos estados (liquido y solido), por lo que aconsejo a los huidizos de las muchedumbres que lo visiten a
tempranas horas del día, cuando las multicolores gentes aun no son lo suficientemente abundantes, pudiendo de esta manera recrearnos mejor en el espectáculo de los hielos flotando por las tranquilas y gélidas aguas de esta aplacible lamina de color turquesa-turbio. Esta laguna glaciar no es la única que podemos encontrar, algo más adelante una desviación por pista de tierra nos llevará hasta Fjarsárlón y Breidarlon, que son igual de espectaculares pero mucho menos concurridas.  

Llegados a Skaftafell, centro principal de información del Parque Nacional del mismo nombre, realizamos u recorrido que nos llevara toda la mañana. Primero ascendemos hasta el mirador de Sjónarnípa, donde se divisa en toda su magnitud la lengua glaciar de Skaftafelljökull, que con sus 2 km. de anchura y 10 de longitud observamos bajo nosotros desde la elevación a la que hemos ascendido. Toca ahora acercarse hasta la
escondida cascada de Svartifoss "la cascada negra", que con espectaculares e invertidas columnas de basalto perfectamente geométricas, sus paredes asemejan los tubos de un enorme órgano. Posteriormente visitamos la lengua de hielo de Svínafellsjökull, por la que realizamos un entretenido paseo entre sus grises grietas, teñidas en gran parte por las cenizas de las erupciones de cientos de años.
 
Abandonamos el Parque Natural de Skaftafell ya en la tarde en dirección hacia la puesta del sol. Atravesamos las negras planicies de Skeiðararsandur formadas por los sedimentos y grava provenientes del arrastre de los glaciares que se extienden hasta la costa. Estas inmensas llanuras de con más de 50 km. de largo por unos 20 de ancho, se han debido en gran parte por el
desbordamiento que periódicamente realiza la laguna que forma en el interior del Vatnajökul el activo volcán Grímsvötn al derretir el hielo por el calor que desprende. De hecho la acepción islandesa "sandur" sirve para definir en el resto del mundo este prodigio geodésico. Merece la pena parar en medio de estos deshumanizados rasos para sentir la hermosa desolación de su paisaje, donde hasta parece que se puede acariciar la soledad. 

Nada más pasar este negruzco paisaje desértico y ya en tierra fértil pasamos por Núpsstaður. Una vieja granja del siglo XIX que queda a nuestra derecha, en medio de un hermoso entorno y bajo la esbelta montaña de Lómagnúpur, donde aún se mantienen en pie algunos antiguos
edificios con el tejado de turba, típicos de las granjas de Islandia en los siglos pasados. El más notable de ellos es la capilla protestante de San Nicolás, una de las pocas iglesias de césped que quedan en el país. Convertida esta zona al protestantismo en el siglo XVII, fue una de las primeras edificaciones católicas en el siglo XIII 

Poco más adelante y también en un idílico lugar, nos topamos con la Cascada de Sidu, o como aquí la nombran Foss á Síðu. A orillas de la misma carretera y por encima de las granjas Vesturbær y Asturbær, se sitúa esta bella caída de agua que nos hace parar por su hermosa situación y fotogenia.  

Casi sin darnos cuenta atravesamos Kirkjubæjarklaustur, literalmente “iglesia-granja-convento”, que con sus apenas 160 habitantes esta localidad es prácticamente el único centro habitado de relieve en los casi 300 km. que separan las poblaciones de Höfn y Vík í Mýrdal. Gran parte de los visitantes que por aquí pasan únicamente se entretienen en sacar algunas fotos de una especie de suelo formado por pentagonales columnas basálticas conocidas como Kirkjugólfið o Kirkjugólf (literalmente suelo de la iglesia), que como su nombre indica se asemeja a la planta
de un templo. Pero para este curioso que os relata estas notas, lo que más me llamo la atención al documentarme a cerca de estos sitios es su historia, comentándose sobre este lugar, que monjas venidas de la verde Irlanda ya vivían aquí antes de formarse los primeros asentamientos en las ciudades islandesas. Un convento católico de monjas benedictinas fue creado en este lugar en 1186, que sobrevivió hasta mediados del siglo XVI, cuando se implantó en Islandia la Reforma Protestante. 

Como curiosidad, comentar que otra de las seis "cuevas cantarinas" a las que me referí en el artículo dedicado a la Península de Snæfellsnes se encuentra en las proximidades de la población. De igual nombre que la mencionada (Sönghellir), en el interior de la oquedad solían cantar las religiosas al recibir a los monjes que vivían en el monasterio cercano de Thykkvabæjar, sobre el que comentare más adelante.  

Estas monjas pertenecientes a la orden de San Benito (ora et labora), parece ser que se dedicaban a algunas cosas más que al rezo y el trabajo, pues el monasterio ganó cierta notoriedad en el siglo XVII, cuando se difundieron rumores de relaciones inapropiadas entre las monjas y los frailes de otra no muy lejana abadía. Algo de cierto debió de haber, pues en sus proximidades se pueden encontrar las rocas de Systrastapi, donde la tradición señala que en su cima fueron enterradas dos monjas después de ser quemadas en la hoguera por violar los "códigos de ética". Fue en 1343 cuando la hermana Katrin, religiosa de este monasterio, es declarada culpable de herejía, calumnia y fornicación, siendo la primera persona condenada a ser quemada en una estaca en Islandia. Se la acusó de que había vendido su alma al diablo por medio de una carta manuscrita, también de haber maltratado el pan consagrado lanzándolo a través de la puerta de 
las letrinas, así como de tener relaciones carnales con numerosos hombres y de difamar al Papa de Roma. Curiosamente y durante estos años, siendo abadesa de Kirkjubæjar  Agatha Helgadóttir se sucedieron extraños acontecimientos, como los fuertes "gemidos" que se escuchaban con frecuencia en el suelo de los dormitorios y en el comedor, ocurridos durante el verano de 1336, sin que se encontrase "explicación" alguna a ellos. 

Apenas 6 km. de haber sobrepasado Kirkjubæjarklaustur, una desviación a la derecha de 3 km. nos acercara hasta el Cañón de Fjaðrárgljúfur. Espectacular garganta que el ahora mermado rio Fjaðra ha ido excavando en las rocas durante los últimos 10.000 años, dejándonos una abertura similar a una sinuosa grieta de 100 m. de profundidad y algo más de 2 kilómetros de largo. Acercarnos hasta ella y pasear por su vértice a estas horas con la luz de media tarde, adivinado al fondo la línea de mar cercano, se convierte en uno de esos momentos mágicos con los que nos regala la fascinante y variada naturaleza de estas tierras. 

 
Circulamos ahora por las amplias llanuras Eldhraun, un desierto de lava que se extiende ante nuestra vista hasta prácticamente el infinito, con curiosas rocas de escoria revestidas por un espeso manto de musgo.  El panorama es algo chocante por el contraste de colores, y el caminar por este lugar genera una sensación rara, pues los pies se hunde unos veinte centímetros, es como caminar por un paisaje nevado pero más amortiguados nuestros pasos al hacerlo. Este extraño y surrealista lugar es producto de la erupción del cercano Laki a finales del siglo XVIII. 

Laki o Lakagígar (cráteres de Laki) es una fisura volcánica situada entre los glaciares Vatnajökull y Mýrdalsjökull, formando parte de un sistema eruptivo compuesto por una fisura de 25 km. de longitud en donde se localizan un total de 135 cráteres. En la mitología nórdica los volcanes eran un símbolo del bullicioso dios Loki, el dios del fuego, la destrucción y el caos. También para los primeros cristianos que ocuparon estos territorios durante el siglo XII y que contemplaron las erupciones del Hekla y Laki les pareció algo siniestro, pues le denominaron como las "puertas del infierno" o "la prisión de Judas".  Esta enorme cicatriz es uno de los signos del potencial destructivo de los ímpetus geológicos de este planeta que habitamos, generando durante el siglo XVIII una de los mayores desastres de la reciente historia europea. 

En 1783, y durante 8 meses, el Laki estuvo activo y en plena erupción, provocando la mayor emanación de lava ocurrida en el mundo durante los tiempos en que se tiene constancia histórica, 14 km3 de lava basáltica y nubes letales. El suceso, conocido también como Skaftáreldar "Fuegos de Skaftá" o "Síðueldur", produjo casi un kilometro cubico de cenizas, proyectándose el magma incandescente hasta los 800-1400 m. de altura. Originándose un brutal desfiladero volcánico con más de 130 cráteres sobre la nueva fisura creada. 

Esta potente y nefasta erupción, forma ya parte de la memoria colectiva de los habitantes de esta isla, y aunque no causó sustanciales trasformaciones en el relieve del sur islandés sí que produjo serias secuelas, ocasionando perjuicios de gran importancia. Habiendo sido afectado o exterminado gran parte del
ganado: el 50 % de vacas, 75 % de caballos y el 80 % de las ovejas, fenecieron intoxicadas por los gases tóxicos. A lo que se añadieron devastadoras epidemias que afectaron a una cuarta parte de la población, pereciendo por las consecuencias de la erupción unos 9000 habitantes, causando el peor desastre en la historia del país. Generando así mismo, uno de los sucesos climáticos más trascendentales y con mayores secuelas sociales del último milenio en el resto del planeta. Los gases ocasionados se elevaron hasta altitudes próximas a los 15 km. generando por toda la europa occidental una permanente calima, a la que se denominó como la "bruma de Laki". 

La colosal nube de cenizas que formó, ocasionó una hambruna en todo el mundo que duró tres años, sucumbiendo por ello aproximadamente 6 millones de individuos. Estimándose que la nube de cenizas causada por la erupción, fue responsable de las malas cosechas en Francia durante este periodo, siendo una de las causas de la Revolución Francesa de 1789. Siendo conocido en Gran Bretaña el verano de 1783, como el "sand-summer" (verano de arena) debido a las cenizas que hasta allí llegaron. También se apunta a este hecho para justificar el bajo nivel del agua en el río Nilo durante 1783, lo que originó que muchas tierras agrícolas no pudieran ser cultivadas, ocasionando a una hambruna que redujo la población de Egipto en un veinte por ciento. 

Hoy, pasados más de 350 años de estos desoladores acontecimientos, todo este lugar podría generarlos la sensación de pertenecer a otro planeta, un lugar sin apenas vida, donde las tonalidades dominantes de su contorno poco tienen que ver con las que concebimos como usuales en estos parajes. Su observación desde el punto más alto (818 m.) es un sugestivo panorama desde el que se contempla toda esta área de intensos tonos verdes, descubriendo ante nuestros ojos la hilera de cráteres, algunos de ellos ocupados por lagunas. Siendo precisamente los sedimentos de las escorrentías de la zona del Laki, las que han creado en la costa el estuario del Kúðafljót donde se ubica la zona de Álftaver, nuestro próximo destino y pernocta. 

El azar, pues no estaba previsto, nos llevó hasta la granja-albergue de Nonna og Brynjuhús en Þykkvabæjarklaustur, área de Álftaver, sitiada a unos 50 km. al oeste de Kirkjubæjarklaustur, y donde al llegar, hora ya de recogerse de sus labores agrícolas, pudimos observar a algunos de sus moradores, altos, corpulentos, desgarbados y con rasgos más cercanos a los australopithecus o al protagonista de la Matanza de Texas, que al resto de las gentes que hemos podido contemplar por el resto de nuestro periplo isleño, todo lo contrario que la señora que nos atendió en este lugar, una agradable y grandona dama simpática y atenta, llegando casi por casualidad a la "Islandia profunda". En un país, donde prácticamente casi todos los lugares están horadados por el turismo (Islandia con unos 330.000 habitantes prevé este año 2015 la llegada de 1.500.000 turistas), y donde el uso de la tarjeta de crédito es casi único y obligado sistema de pago, donde como simple ejemplo se usa para utilizar los retretes públicos, y donde la conexión a internet se extiende hasta los sitios más
insospechados y aislados; en este lugar no hay  "datafono" y la conexión a la famosa red de redes una utopía. Su interés precisamente radica en esto mismo, en la discordancia con el modernismo que ha actualizado al país en las últimas décadas, presentándonos la imagen de la Islandia rural de los últimos años del pasado siglo, genuina y autentica. Es aquí también donde durante mediados del siglo XII, se instaló el monasterio de Þykkvabæjarklaustur, esta vez de masculinos hábitos, hábitos para vestir, y "hábitos" en sus relaciones con las vecinas monjas que anteriormente he comentado, y que al igual que su colindante pasó a mejor vida después de la "Reforma". Perteneciente la orden de los agustinos, su primer abad fue Þorlákur Þorhallsson quien fue canonizado después como San Torlak, patrono católico de Islandia. Siendo también en este cenobio donde en el siglo XIV, el monje Eysteinn Ásgrímsson compuso el poema "Lilja" (El Lirio), una de los más famosos poemas medievales de Islandia. 

Acostumbrados ya a la variable climatología de estas latitudes, no nos extraña el desapacible recibimiento con el que nos agasaja en una nueva mañana la población de Vík í Mýrdal, sobre la que destaca y su fotogénica iglesia, que parece colocada a posta en lo alto de la población para ser retratada. Desde su negra playa distinguimos una de las postales típicas de Islandia, las siluetas marinas de las rocas Reynisdrangar o los "trolls" de piedra de Vík. Pues la leyenda dice que los picudos peñascos de basalto se formaron cuando dos trolls (duendes) arrastraban un barco de tres mástiles hasta la costa, pero cuando la luz del día les iluminó se convirtieron en las agujas de roca. Son en realidad un grupo de pilares pétreos de aspecto monolítico que emergen del mar castigados por el continuo oleaje marino. 

Nos acercaremos hacia sus proximidades rodeando el monte Reynisfjall, llegando hasta la playa de Reynisfjara, que con sus arenas negras, está catalogada como una de las 10 más hermosas del planeta. Es aquí en su extremo este y frente a las rocas de los trolls, donde encontramos las perfectas columnas basálticas de Reynishverfi, un lugar aislado a la orilla del mar, pero con una bien servida cafetería, incluida señal "wifi".

Divisamos desde aquí y no muy lejano el farallón que sustenta el faro de Dyrholaey. Esta vez en sus acantilados no encontramos a ningún frailecillo, siendo uno de los lugares donde se pueden observar a estas coloridas, curiosas y confiadas aves, pero el ventarrón que soplaba hasta el punto de tener que luchar contra viento para tenernos en pie, les hizo como a nosotros desistir de su presencia y poder posar ante nuestras cámaras fotográficas. 

Siguiendo por la carretera principal unos 12 km, un desvió a la izquierda de algo menos de 4 kilómetros transitando de nuevo por esas planicies negras, nos acercará hasta el mar en Sólheimasandur. Aquí encontramos los abandonados restos de un avión accidentado, un C-47 Skytrain también conocido como "Dakota", que formando parte de la marina de Estados Unidos, a finales de 1973 tuvo que aterrizar en este lugar al haberse quedado sin combustible. Los miembros de su tripulación no sufrieron daños reseñables y un cuando el incidente fue reseñable, como muestran los restos allí depositados. Las alas y la cola han desaparecido, estando lo que queda de él lleno de agujeros, con las ruinas de su fuselaje cubiertas de arenas negras que el tiempo y el viento han convertido en compañeras perpetuas. 

Retornados a la ruta principal recorremos el escarpe Siða, una extensa zona constituida por una línea de acantilados paralelos al cercano mar, que en la remota época glaciar formaron la antigua línea de costa. Pasada la glaciación, cuando la masa de hielo se fue retirando, la tierra se “elevó” al dejar de soportar el enorme peso del hielo, provocando que la línea de costa avanzara algunos kilómetros. Es en este curioso escalón, donde hoy podemos admirar una ingente y variada cantidad de magníficas cascadas entre las que destacan: Skógafoss, Seljalandsfoss, Gljúfrafoss. 

Skogafoss, con abundante y ancho caudal es una cascada realmente impresionante (60 metros de altura y unos 25 de anchura), se sitúa en un magnífico anfiteatro natural al fondo de un pequeño valle, y en las proximidades de la pequeña y tradicional aldea de Skógar, donde aún se mantienen en pie algunas de esas encantadoras cabañas rurales con sus verdes tejados de turba. La visión de esta catarata en un día soleado, dibujando un arcoíris sobre la nube de agua que desprende, convierte al lugar en pura magia. Cuenta la leyenda que uno de los originarios habitantes de la zona, el vikingo "Þrasi Þórólfsson", ocultó un tesoro en una cueva situada detrás de la cascada, que muchos años después fue hallado por lugareros de las cercanías, pero solo consiguieron un encontrar un añillo. 

Es aquí, justamente en este lugar, donde termina el sendero Laugavegur, uno de los trekkings más afamados del planeta, que durante 6 días recorre de norte a sur estas salvajes e inhóspitas tierras heladas, y partiendo de las coloridas montañas de Landmannalaugar transita entre los glaciares Mýrdalsjökull y Eyjafjallajökull.  

Es precisamente este último glaciar y el volcán que existe en su interior el que produjo en el año 2010 el caos aéreo en medio mundo, al tener que ser cerrados gran cantidad de los aeropuertos de media Europa, divido a la gran cantidad de cenizas que expulsó y que se extendieron por los cielos del viejo continente. Pero también en esta zona del sur islandés esta erupción produjo potentes daños, motivados por el inesperado y poderoso deshielo de las aguas del glaciar y las
brutales emanaciones de cenizas, que sobre todo afectaron a la granja Þorvaldseyri situada a su base. Pero "no hay mal que por bien no venga", y la familia Eggertsson dueños de la explotación agrícola supieron pasar de la tragedia al negocio, creando a orillas de la principal carretera de Islandia un centro de información (Þorvaldseyri Visitor Centre) sobre el adverso suceso, que posiblemente sea ahora su principal aporte de recursos en vez de la agricultura. Aparte del pago de la entrada y un fabuloso merchandising, en el que no faltan los jabones de cenizas de volcán y abalorios elaborados con las lavas, se puede visionar un video con las excelentes imágenes y tomas ocurridas durante los días de esta catástrofe que desoló toda esta zona del sur de la isla. Es aquí, donde podrían aprender nuestros Bárcenas y Rajoys de turno para promocionar sus planes de emprendedores, lástima que por estas latitudes, lejanas a la neutral y útil Suiza, no se acerquen. 

Continuamos dirección poniente en busca de más cascadas topándonos con Seljalandsfoss. Bella y elegante caída de agua que forma el río Seljalandsá con los deshielos de los glaciares situados en su cabecera. Curioso es también su emplazamiento pues detrás de sus 60 m. de caída existe un sugestivo, mágico y rociado sendero, pudiéndose observar desde su reverso una imagen sorprendente, pudiendo llegar al "encantamiento" si es al atardecer. 

Apenas caminando unos 700 m. hacia el norte, descubrimos la cascada de Gljúfrafoss también conocida por la "Cascada Escondida", ya que se encuentra oculta al final de un estrecho cañón por el que discurre el de agua. El espectáculo en el interior del barranco es extraordinario e inesperado, aunque bastante húmedo, pero su descubrimiento meceré la pena. Pudiendo además a la salida, contemplar frente a nosotros el archipiélago de las Islas Vestmann, un regalo más de este lugar.
 
Ya camino de retorno a Reykjavik, la silueta del Hekla nos va despidiendo de Islandia, territorio en el que todo es grande menos su extensión y sus caballos. Una isla que posee la cascada mas copiosa de Europa, que cuenta con el glaciar mas grande de continente europeo, separados una y otro por un extenso y extravagante desierto de lava, y lugar donde contemplar los paisajes mas sugerentes y variados que uno puede imaginar. Un territorio en que los contrastes del fuego, hielo, agua y verdor son espectaculares e intensos. Donde las poderosas fuerzas destructivas de la naturaleza: erupciones, inundaciones y tempestades se han aliado en un intento de tallar su carácter, consiguiendo solo cincelar su geografía, pero sin lograr domar a sus moradores que una tras otra han conseguido superar los estragos de sus demoledoras intenciones, ahora trasformadas en salvaje naturaleza. Siendo únicamente su visión real, mucho mejor que estas letras manuscritas, la mejor forma de trasmitir la sensación de sus paisajes. Islandia....... hay que verla, hay que vivirla.
 
 

sábado, 14 de noviembre de 2015

- Otoño Vasco-Navarro

A finales de octubre y principios de noviembre, los colores del otoño comienzan a extender su manto de tonalidades ocres por todos los bosques que hay en nuestro rededor. La policromía del tránsito hacia el inminente invierno dominará nuestro paisaje, siendo este periodo, al que muchos denominan "gris", cuando los matices de bosques se convierten en una verdadera paleta de pintor………. pero pintor de gamas áureas. Pasamos periódica e inevitablemente de los vivos colores del verano a estos tonos melancólicos de equinoccio anual, como si de Picasso se tratara, cuando tras su paso por "Gósol" (pueblo leridano del mediodía de la Sierra del Cadí) mudó sus pigmentos azules y rosas a los amarillos-pardos, en el intervalo de centrarse definitivamente en el arte tridimensional. Traslación natural que también sentimos los humanos terráqueos, pues el carácter se nos vuelve más taciturno y la sonrisa menos alargada, cuando debería ser al contrario, pues hemos dejado atrás los agobiantes calores estivales y el frescor nos hace recobrar la vida.

Es en esta época cuando debemos salir a llenarnos de esos vistosos tonos, y que mejor para ello que acercarnos a la iberia verde, la que se sitúa por encima de la Vieja Castilla, donde aun se cuidan la hayas y sus bosques casi llenan los espacios. Es al sur del país de los vascos y al oeste de las tierras navarras, donde nos encaminamos para observar lo que nos depararan, momento para dedicar este período del ciclo anual de la naturaleza en disfrutar de ellos: de sus rocíos matinales, de sus vaporosas luces, de las nieblas de los montes de Euskal Herría, donde el otoño se nos muestra en su plena magnitud, con sus mágicos pigmentos, pero también con toda su melancólica soledad. Bosques engalanados de centenarios robles, avellanos o castaños, pero sobre todo hayas, la reina de estos dominios, que humanizados con milenarios dólmenes o silenciosas abadías, y trasformados sus claveros en praderías por las que pastan los rebaños de ovejas latxas (de su leche sale el exquisito queso "idiazábal"), yeguas, caballos o becerros, crean fantásticos escenarios salpicados de caseríos y
pequeñas poblaciones. Nada más reconfortante en este tiempo, que un paseo sobre el manto ocre formado por las hojas que caen de los árboles de las navarras Sierras de Urbasa, Andia y Aralar, o por los alaveses valles de Urkiola y las laderas sur del mítico Gorbea. 

Valles y montañas donde el hombre y la naturaleza han convivido y compartido desde la noche de los tiempos, prueba de ello son los incontables restos megalíticos esparcidos por ellos. Siendo el fruto de esa relación una manera de ser que hoy todavía permanece viva en sus gentes, con una forma de entender el mundo que les rodea, de comprender la naturaleza de su entorno. Trasladada a su cultura, a una particular y vigorosa arquitectura rural, que ha dejado su huella al trascurrir la vida con el paso del tiempo, manteniendo sus las tradiciones populares, carnavales, festejos, mercados, gastronomía, etc. Conservando a través de ellos leyendas o personajes mitológicos… hasta un habla ancestral, el más antiguo de Europa, el euskera, impronunciable idioma para un mesetario como yo. En fin, una síntesis mágica que podremos descubrir en cada rincón de estas tierras. 

Por ello nos acercamos hasta estos lugares de los que os dejo unas fotos por aquí. 

Urbasa y Andia 
Estas casi planas y calizas sierras, situadas al norte del valle del Ega y las Amescoas, y al sur de la gran depresión del Valle de Arakil que forma la comarca de La Sakara (La Barranca) en el poniente navarro, se formaron hace millones de años por un hundimiento tectónico que creó una gran meseta a una altura media de mil metros. En ellas destacan sobre todo sus hayedos que cubren casi el 70% de su territorio. 
 
 
 

Aralar
Situada en el noroeste navarro y parte de sur guipuzcoano, esta sierra también comprende un gran macizo cárstico que alterna un paisaje caótico de lapiaces, cuevas, simas y valles ciegos, con otro más humanizado de prados verdes y hayedos de colores sugerentes, en el que podemos observar abundantes vestigios megalíticos, que esparcidos por toda ella nos encontraremos a cada paso.
 
A escasa media hora de Vitoria, pero ya en la provincia vizcaína, se halla el Puerto de Urkiola y su cercano Santuario de los Santos Antonios (el Abad y el de Padua) que conforman el punto neurálgico de este Parque Natural, con la mítica cima del Amboto dominando todo el territorio. Siendo uno de sus mejores tesoros, los bosques de hayas que podemos encontrar por sus valles y laderas, territorios que originariamente estuvieron ocupados por abedules "urkia", origen de su apelativo. Además de ser un enclave especial dentro de la mitología vasca, según la cual es hogar de antiguos dioses y criaturas mágicas, como nos narra la leyenda de Mari (la dama de Amboto), la más clásica y arraigada fábula entre los habitantes de estas tierras vascas.
   

Gorbea
Formando linde entre los entre los territorios históricos de Vizcaya y Álava se encuentra el Gorbea, monte sagrado de los antiguos vascos, referencia para autrigones, berones, caristios y várdulos, añejas tribus que poblaron estas tierras. Siendo desde tiempos remotos escenario de confabuladas leyendas de carboneros, herreros, pastores y otros asiduos de estas alturas; siempre intercaladas con historias de brujas, lamias y gigantes, que en los lugares más apartados consumaban sus ocultos akelarres. Muchas son las leyendas que se refieren al macizo del Gorbea, muchas de ellas referidas a los ovejeros de Orozko que pastoreaban en Itxina. En otras son protagonistas brujas, Basajaun, lamias, Odei, etc. y hasta Mari, “La Dama de Amboto”, sobre la que ya me he referido antes. 

El mitológico monte Gorbea con sus 1.482 m. de altitud está coronado por una cruz metálica de 17 metros construida a principios del siglo XX. Fue así mismo uno de los cinco montes "bocineros" de Vizcaya, desde su cumbre se convocaban, mediante hogueras y el toque de grandes cuernos, las Juntas Generales del Señorío de Vizcaya celebradas bajo el venerado Árbol de Guernica.
Con hermosos rincones tupidos de verdes prados, lugares de frondosos bosques y enigmáticos karst, es la montaña más reputada de todo el País Vasco. Su ladera sur alavesa es más suave y alomada que la septentrional vizcaína, permitiendo con más facilidad la formación de grandes y húmedos bosques, con fantásticas extensiones de hayas y robles que pueblan las laderas y los valles de este Parque Natural. Acogiendo una de las masas forestales más tentadoras para ser visitadas en época otoñal, un territorio mágico en el que dejarse seducir por los colores y la luz de esa estación preinvernal. Destacando sobre todos estos el hayedo de Otzarreta, del que muchos fotógrafos señalan como uno de los sitios más fotogénicos del mundo. Tal vez sea entre estas musgosas hayas y en un día de niebla, cuando entre el silencio de su alfombra de hojarasca se nos aparezca Basajaun, el señor de los bosques. 



Salinas de Añana
Situadas apenas 33 km. al poniente de Vitoria, las Salinas de Añana son uno de los tesoros naturales más bellos y ricos del País Vasco. Ubicadas en el interior del denominado "Valle Salado" y estando surtidas por manantiales de agua salobre, su ahora desolado paisaje está formado por caminos, pasarelas, canales, pozos, eras de sacado y silos de sal que al día proporcionan en torno a 260.000 litros de salmuera, con una densidad salina extraordinaria. Formado un conjunto de más de 5.000 eras sustentadas por pilotes de madera cual palafitos, son en la actualidad uno de los espectáculos culturales al aire libre, más llamativos de Europa. 

Aunque con una antigüedad de aproximadamente 6.200 años, se sabe que fueron explotadas desde los tiempos en que el Imperio Romano colonizó nuestras tierras. Siendo algo anterior a la ocupación árabe en la zona, en el año 822, cuando sus manantiales aparecen ya documentados. Pero es en 1.140, en la recién fundada población de Salinas de Añana, al obtener el primer título de villa alavesa concedido por Alfonso VII de Castilla, cuando se convierten en una verdadera factoría del oro blanco, convirtiendo a la población a través del comercio de la sal en una de las más prósperas del norte peninsular. Actualmente en declive y prácticamente abandonadas a partir de mediados del siglo XX, hoy en día se encuentran inmersas en un proceso de restauración, estando declaradas Monumento Nacional. 

Quien las visite por primera vez quedará deslumbrado al observar entre el verdor del entorno y la inmediatez de la población este paisaje blanco, del que únicamente rompe su inmaculada tonalidad las estructuras de madera que lo complementan. La mejor época para visitarlas es durante los meses de mayo a septiembre, cuando se encuentran en plena actividad los trabajos salineros. Recomendable reservar una visita guiada a través de: www.vallesalado.com. 
 

Espero que os hayan gustado estos paseos de otoño, aunque hoy es un día triste para todos........... yo también me siento en París

viernes, 30 de octubre de 2015

- Los Fiordos del Este - Austfirðir (Islandia)

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Los parajes situados al norte del gran glaciar islandés Vatnajökull, son una inmensa desolación que se dilata prácticamente hasta la costa septentrional de la isla.  Un considerable desierto de piedra y arena fuera de lo cotidiano, pues aun estéril, está surcado por potentes ríos que los hielos forman en su derretir. Son las áridas y despobladas tierras de Ódáðahraun, el campo de lava más extenso de Islandia, que con unos 6.000 Km2. se prolonga al norte del enorme glacial. Donde se han ido acumulando sucesivas capas basálticas procedentes de antiguas erupciones, la última en concreto de principios del siglo XVIII, procedente de la caldera volcánica del Askja. Cien kilómetros a la redonda de lava, arenas volcánicas y blanquecinos ríos procedentes de los hielos perpetuos de su vecino, el otro gran desierto helado. 

Fue aquí, en Ódáðahraun, donde se entrenaron los primeros astronautas de la NASA que viajaron a la Luna, desde entonces los cineastas hollywoodenses de ciencia ficción extraterrestre o terrícola, han tomado los parajes de Islandia para realizar sus películas más insólitas. Y por aquí también, justo al sur de esta aridez y en el límite de los hielos del glacial, donde "Los   Carolos" y "El Pirracas" (compañeros en este y otros viajes, y aun así amigos) estuvieron hace 25 años filmando un documental para TVE sobre las cuevas de hielo. Cargando y descargado, transportando como mulas el material necesario para su fin, siempre supervisados por el "gran comunicador" Sebastián Álvaro, ya por aquel entonces director de "Al filo de lo imposible", e ínclito plagiador de edulcorantes, sugerentes, escalofriantes y montañiles reseñas literarias de otros autores. Como así mismo record absoluto y campeón mundial de permanecía en los campamentos base, toda vez que nunca supera esa altitud en las montañas sobre las que nos hace sus gelatinosos comentarios, haciéndonos ver que él forma parte del protagonismo de la aventura……… cual mas lejos de la realidad. Pero sigamos con el relato. 

Durante nuestro recorrido por la primera parte de esta ruta, observamos en las proximidades de la carretera una hilera interminable de grandes mojones, pétreas señales que marcaban antiguamente el camino a seguir por estos indómitos y duros parajes. No me imagino cómo se podía transitar por ellos en los tiempos pretéritos, con las extremas condiciones climatológicas de estas tierras, en medio de las nieblas, los fríos y esas incesables ventiscas que nunca dejan de amainar por estas interminables y ásperas mesetas. Estos hitos, "vörður" como se les denomina en islandés, se usaban para marcar las rutas entre alejados lugares durante los pasados siglos, siendo ubicados lo suficientemente cerca para que caminando, el siguiente siempre estuviera a la vista. También se tiene la creencia que servían para proteger a los viajeros de fantasmas, duendes, gentes fuera de la ley, "huldufolk" (gente oculta), así como de los malos espíritus; siendo normalmente ubicados en zonas muy transitadas, denominándoseles "beinakerlingar" (huesos de brujas). 

En medio de este desierto de piedras, se halla un mirador con vistas a un lugar inusual, Biskupsháls "Collado de los Obispos", una cresta de toba entre Grimsstadir y Viðidalur, delimitación entre los condados de Suður-Þingeyjarsýsla y Norður-Múlasýsla. Zona, donde al parece en el año 1106 se juntaron dos prelados, acordando ubicar allí los denominados "Biskupavörður" (mojones de los obispos), hitos que delimitarían la antigua frontera entre la zona septentrional y el este de Islandia, dividiendo el país entre las dos diócesis existentes, la de Hólar que gobernaba en la zona del Norte y la de Skálkholt al sur, marcando la separación entre los
territorios de cada uno de los obispos. Estos dos mitrados, quedaron en volver a verse de nuevo en el occidente de la isla, delimitando el resto de su territorio por el recorrido que hicieran cada uno de ellos montados en sus cabalgaduras. Partió el obispo de Skálholt a caballo tan rápido como pudo, trotando día y noche, mientras que el de Hólar se lo tomó con más calma, disfrutando del camino. Encontrándose de nuevo en el extremo sur del fiordo Hrútafjörður (al noroeste del país), quedando desde entonces, marcando allí el límite occidental de cada una de las jurisdicciones. Obviamente el obispo de Skálholt, después de haber viajado mucho más lejos, consiguió que sus territorios fueran tres veces superiores a los de su acólito de Hólar. Parece ser que posteriormente, durante el siglo XVI, un agricultor donó la misma granja a ambos obispados, provocando una nueva disputa entre ellos. La historia comenta, que nuevamente se juntaron en este lugar, en la frontera sus territorios a fin de encontrar una solución. Mientras que los dos obispos discutían sobre el asunto, sus respectivas comitivas competían en amojonar a su favor. Estos dos mojones que hay hoy en día, son los frutos de esta pugna.

La ruta que trascurre a través Möðrudalsöræfi (La tierra baldía de Möðrudals), fue la primera vía construida por el hombre en este lugar, estando marcada por mojones. Esta antigua comunicación fue sustituida en el año 2005 por el nuevo trazado de la N-1 (la ruta principal del país), dejando este tramo casi sin uso en la actualidad. 

En vez de seguir por la carretera principal, nos desviamos por este antiguo trayecto (hoy en día pista de grava denominado F901) para visitar las granjas de Möðrudalur (7,5 km.) y Sænautasel (36,5 km.). Un recorrido de prácticamente los mismos kilómetros que la Ring Road (carretera de circunvalación de toda la isla), a través de los desolados y ásperos paisajes por los que trascurre, haciendo merecedora de ser transitada. Amplios horizontes carentes de vegetación nos acompañaran desde el principio al fin de nuestro itinerario por ella. 

En Möðrudalur durante el invierno de 1918 se registró la temperatura más baja jamás tomada en una zona habitada de Islandia -38º. Hoy es un complejo agrícola-turístico al que cada vez mas aceden los autobuses de los "turoperadores" cargados de gentes multicolores a visitar y tomar un café, ante lo cual apenas paramos para hacer unas fotos. 

Continuamos por terrenos deshumanizados, áridos, estériles, duros aun en verano. Todo es vacio a nuestro alrededor, solo la altiva silueta del Herðubreið (Trono de Odín); la montaña sagrada en los mitos islandeses; que se divisa a lo lejos rompe esa incontenible visión de desasosiego. Es un mundo extinto, inanimado, yermo y a la vez mágico aun en su desolación………. es la auténtica representación de la nada. La pista se prolonga por horizontes casi infinitos, la mañana es gris y esto aun le da un tono especial, los plomizos cielos se funden con el gris del horizonte como si fueran amantes, un amor salvaje y bravío como lo son estas tierras del Ódáðahraun.
Ódáðahraun se traduce como "campo de lava de las hazañas perversas (desierto de los bandidos)", nombre que le viene por la cantidad de proscritos huidos de la ley que se confinaban allí, donde furtivos de la justicia pasaban los veinte años para que sus fechorías prescribiesen. Entre las leyendas de renegados que existen de esta zona, sobresale la de Fjalla Eyvindur y su amante Halla, que durante el siglo XVIII pasaron la veintena de años ocultados en el oasis de Herðubreiðarlindir de esta región. 

En las proximidades de la granja de Möðrudalur parte una de las pistas, que se dirige por este áspero desierto, hasta la zona de Askja. Uno de los más míticos y temibles volcanes de toda Islandia, habiendo estallado en numerosas ocasiones desde que se tiene constancia histórica de la isla. La erupción de 1875 provocó, además de centenares de víctimas, una enorme crisis económica en todo el norte islandés, tardándose muchos años en ser superada.

Askja, que en islandés significa “la caja”; toda vez que se encuentra en el centro de un macizo volcánico; es un complejo formado por tres calderas superpuestas que ocupando una superficie de 45 km2. se sitúa muy próximo al vértice norte del inmenso glaciar Vatnajókull. Tras la erupción del siglo XIX aparecieron nuevos cráteres, siendo el mas afamado y conocido el también denominado Viti (como el del Krafla, reseñado en el capitulo dedicado al Norte de Islandia). Que posteriormente inundado por los episodios volcánicos de 1961, se trasformó en un delicioso lago de azuladas aguas. Un deposito geotermal de agua a 28º de temperatura, donde es factible bañarse aun en invierno.

El relieve de esta zona es bastante variable al estar situada sobre la falla que separa las placas tectónicas norteamericana y euroasiática. La crudeza de estos territorios, sus desolados paisajes esculpidos por la acción de todos los elementos climáticos, ha potenciado que estos lugares hayan sido usados como escenarios de distintas producciones cinematográficas, entre ellas la ahora de moda "Juego de Tronos". 

Continuando por la ruta alternativa a la N-1 y en medio de este vacío, en una zona apartada de la meseta formada al norte del Askja, y a orillas del lago Sænautavatn, se encuentra la granja Sænautasel, que como otras de estas edificaciones tradicionales de los viejos tiempos; de las que ya no quedan muchas en la geografía islandesa; se encuentra totalmente cubierta de hierba y sus muros levantados con de turba, lo que le aportaba un aceptable aislamiento. Este conjunto
de interesantes construcciones fue edificado en 1843, teniendo que ser abandonada en 1875, ya que tras la erupción del vecino Askja toda la zona se recubrió de cenizas. Recompuesta de nuevo la granja en 1880, fue abandonada definitivamente en 1943- Habiendo partido a principios del siglo XX algunos de sus moradores a tierras del norte americano en busca de mejor vida.

El pastoreo y una exigua agricultura eran labores complejas en esta aislada zona, con inviernos muy duros y largos, por lo que los pastos se cortaban en los veranos, para mantener durante el crudo invierno a las ovejas hasta la primavera siguiente.

En 1992, pasado más de un siglo de la huida de sus pobladores, la granja se restauró de nuevo haciendo las veces de museo, donde poder comprobar las condiciones vividas por las gentes de estas tierras en el pasado. Un verdadero remanso de paz en medio de esta desolación, no habiendo nada a 50 kilómetros a la redonda, pero lugar, donde el viajero se puede alojar y hasta tomarse un chocolate caliente con unas tortitas elaboradas por las muchachas que ahora lo regentan. Un oasis de vida entre tanta desolación.

Los que estéis interesados en ver imágenes de estas antiguas granjas repartidas por toda la geografía islandesa podéis entra en esta pagina, para haceros idea de como fue la vida rural en otros tiempos: http://www.flicriver.com/photos/tags/turfho  



De Nuevo ya en la carretera principal y con un entorno algo más humanizado, pasamos por la catarata de Hofteigur, otra muestra más de la belleza de estos saltos de agua que nos regala esta mágica y desbordante naturaleza. Cruzamos la población de Egilsstaðir, un pueblo de servicios feo y soso, sin absolutamente nada que haga su visita interesante. Continuando conduciendo hacia el sur por la margen derecha (geográfica) del lago Lagarfljot en busca de otra de las cascadas emblemáticas del país, Hengifoss.




Para llegar hasta ella hay un buen repecho que se supera fácilmente por un agradable sendero. Los sofocos de la subida son recompensados con las esplendidas vistas que desde el recorrido se observan hacia los cuatro puntos cardinales, no sabiendo si mirar a diestra y ver como se precipita el torrente entre piedras ocres y pilares de basalto, otear a la izquierda en busca de
otras cascadas mas pequeñas, descubrir delante nuestro la grandeza de Hengifoss o relajar la vista contemplando a nuestro dorso los verdes prados por los que juguetean los plateados meandros que el rio forma hasta llegar al gran lago.

A mitad de la subida, nos tropezamos con otra catarata sorprendentemente atractiva, es la de Litlanesfoss, que se desploma encajonada entre centenares de hileras de columnas de basalto, una original y singular caída de agua que hasta ahora no habíamos visto en nuestro recorrido.

Continuando la ascensión se llega al pie de la cascada, que precipita sus aguas desde una altura de ciento dieciocho metros entre acantilados veteados de diferentes tonalidades ocres. La pendiente que hay que superar y el paseo que conlleva lograr acercarse hasta ella consiguen hacer que no sea muy frecuentada, siendo esa exclusividad, las vistas durante el recorrido para
llegar hasta aquí y la majestuosidad del escenario donde se sitúa, hacen que Hengifoss sea una de las visitas ineludibles por estas tierras.

El lago-embalse de Lagarfljot, se sustenta del río Jökulsa i Fljótsdal que desciende del cercano glaciar Vatnajökull. Recibiendo aparte de sus propias aguas, otras derivadas de grandes obras para el aprovechamiento hidráulico, provocando que el lago acumule cantidad de arenas y cenizas volcánicas, que han modificado sustancial y negativamente los entornos naturales de la zona. Al igual que el escoces Ness, este también cuanta con su propio monstruo, aquí conocido como Lagatfljotsormurinn, cuya existencia está constatada en viejos documentos. Ya de regreso, y situado en la margen derecha de la extensa lamina de agua, cruzamos por Hallormsstaðsrskógur, un bosque de abedules y abetos de buen porte, si lo comparamos con lo que hemos podido observar durante nuestro recorrido por esta isla. 

Los fiordos del Este
La costa este islandesa está formada por un buen número de fiordos (estrechos y profundos golfos creados por glaciares que en tiempos desembocan en el mar). Esta proximidad al océano, ha propiciado que las montañas que los custodian estén revestidas de un verde manto de vegetación no arbóreo. Estando sus pequeñas poblaciones, aldeas y granjas ubicadas y protegidas a la orilla del mar, generalmente al fondo del “fjörður” (fiordo). 

Para llegar a esta costa del levante islandés, en vez de seguir la N-1 por el valle de Breiddalsvik, nos desviamos entre parajes de nevadas cumbres, por la pista 939 que atravesando el puerto de Öxi pass, de apenas 550 m. de altitud, nos lleva a los fiordos del Este, mucho más dulcificados que los del poniente islandés. A pesar de las nieblas de la tarde, somos bien acogidos en el Guesthouse de Eyjólfsstaðir; antigua granja situada en Fossárdal (Valle de la cascada), al fondo del fiordo Berufjörður; donde pasamos una agradable noche. 

Amanece un esplendido día, hoy el sol quiere recompensarnos de otras pasadas jornadas no tan luminosas, y entre los verdes prados de nuestra granja de acogida, diviso frente de mí la piramidal y basáltica montana de Búlandstindur, de la que dicen es la silueta más bonita de Islandia. Ya de ruta paramos para admirar la cascada de Sveinstekksfoss, desde la cual podemos contemplar a nuestros pies el estuario que forma el rio Fossá en su desembocadura, y en su amplitud (20 km. de largo) el sereno y reposado fiordo de Berufjörður. Donde como no podía ser de otra manera en estas tierras, existe una nueva y trágica leyenda con dama incluida, Bera, de la cual le viene el nombre al fiordo. 

En la punta de la península formada por los fiordos Berufjörður y Hamarsfjördur, se sitúa la agradable población de Djúpivogur, con su coqueto puerto pesquero, lugar agradable en esta esplendida mañana para pasear un rato entre alguno de sus históricos edificios, o acercarnos al
muelle para admirar la colección "Eggin í Gledivík" (Huevos en Gleðivík). Esculturas (a escala) de huevos de aves, donde la ultima de todas es la del frailecillo.  

Justo enfrente de la población se sitúa la isla Papey (isla del fraile), cuyo nombre le viene de los frailes islandeses que se establecieron en ella, allá por el siglo VIII, antes de la llegada de los primeros vikingos. 

Desde aquí, comenzamos a circular por la costa en dirección sur, con las montañas pegadas al mar, sin casi espacio por donde trascurrir la carretera, que en algunas ocasiones se ha visto bloqueada por los desprendimientos de las inmensas pedreras que forman las laderas de las cimas inmediatas. Hacemos paradas en algunos de los pocos sitios en donde es posible hacerlo: Mirador de Dalkur, desde el que se divisa la negra playa con el mogote rocoso de lonely rock, y el mirador de Djúpavogshreppur, desde donde se divisa todo el inmenso pedregal que cae hacia el mar. Disfrutamos también de las vistas que nos regala el lugar de Hvalnes, con su cabo, faro y la enorme laguna llena de cisnes, así como de la idílica granja situada a los pies del Hvalsnesfjall. 

Casi sin darnos cuenta habíamos llegado a Statafell, a donde nos hemos acercado para ver unos de los extraños paisajes con los que nos asombran estas tierras, y aunque de nuevo el día no nos acompaña con la luz que merecemos por ir a visitarlos, es agradable pasear por este lugar. Caminamos entre barrancos y cascadas durante un buen trecho, hasta llegar a una especie de collado desde el que se divisaba en la altura el profundo y sorprendente cañón Hvannagil. Un barranco de "riolita" surcado por decenas de estratos basálticos formado por la erosión de escorrentías, y aunque huérfano de vegetación, sus rocas y pedreras nos sorprenden con unos espectaculares colores que van del negro al blanco con infinidad de matices grises, hasta los ocres, rojos, naranja, amarillos y granates se nos presentan ante nuestra vista. Abajo, al fondo de la garganta, discurre un arroyo de blanquecinas aguas con matices esmeralda, y continuando el curso encajonado de las aguas, el río se calma entre laderas de tonos ocres, verdes y
azulados.
 
Descendemos por camino pedregoso y empinado hasta el cauce del arroyo, una vez en él observamos cómo está formado por un mosaico de pequeñas piedras de mil colores, que se intensifican cuando están bañadas por las aguas del torrente. Y como un regalo por nuestra visita, el tiempo cambia y comienza la tarde a obsequiarnos con un esplendido sol. Caminamos ahora por su fondo hasta la desembocadura del barranco en lónsöræfi (desierto de Lon), refiriéndose su nombre a la enorme y baldía extensión que el río Loni ha dejado en forma de residuos, que provenientes de glacial Vatnajökull se han ido depositando durante el trascurso de miles de años. Un paisaje plano de agua y guijarros por donde la corriente juguetea formando bellos meandros. Despidiéndonos la excursión con sugerente vista del estuario del Jökulsá í Loni, vigilado por la inconfundible silueta del Brunnhorn, asemejando con su silueta el emblema de Batman.




Es hora de ir acercándonos a Hofn, donde termina la región de los fiordos de Este, pero antes y como el día se ha trasformado aun tenemos tiempo de recorrer algunos lugares interesantes y curiosos. Para ello debemos de atravesar la barrera montañosa de los picos: Kambhorn, Vestrahorn y el ya mencionado Brunnhorn, lo cual sin dificultad lo hacemos por el túnel que hace una década se ha abierto por debajo del primero de ellos. Nada más salir de este boquete en las entrañas de la tierra nos dirigimos hacia el inmediato mar, parando en el primer (y creo que único) cruce para tomar algo en el Viking Café. Aislado establecimiento de madera, con agradable ambiente y un grado de decoración hippie, situado a los pies de las impresionantes montañas junto al mar. Desde aquí se parte caminado para visitar la reconstrucción de un poblado vikingo edificado para la filmación de una película que después no se realizó.

De nuevo en el vehículo, recorremos el par de kilómetros que nos llevan hasta el Cabo Stokksnes (en realidad una pequeña y plana península), donde hay un antiguo radar de la OTAN que en tiempos de utilizó para controlar el tráfico aéreo soviético. El sitio es tranquilo, la ausencia de visitantes multicolores inexistente, y hasta se pueden observar focas en las rocas de la costa. Pero lo más espectacular son sus vistas y no hacia el mar, si no hacia el interior, donde nos agasajan los asombrosos picachos del Vestrahorn emboinados de nubes, que junto a la playa de tranquilas aguas y negras arenas formando pequeñas dunas, nos generan una sensación de inmensa atracción, hasta el punto de poder sentir el Síndrome de Stendhal, la belleza fundida a la naturaleza creando arte.

Por fin llegamos a Höfn, población rodeada casi enteramente por el mar, y aunque asentada en una gran planicie, está presidida por las mágicas montañas de las que venimos. Si a esto juntamos el inmediato océano, y la visión de las lenguas glaciares del Vatnajökul que ya se empiezan mostrar hacia el oeste, el espectáculo no puede ser más atrayente. Höfn ha sido hasta el año 1974, la población más remota de Islandia, siendo en esa fecha cuando se finalizó la carretera de circunvalación (N-1). Hasta entonces se tardaba mas de diez horas en llegar hasta ella desde Reykjavik, pues había que rodear todo el oeste, norte y este del país. Aquí, nos "albergamos" en el Höfn Hostel: grande, moderno, cómodo, agradable y limpio....... pero impersonal; prefiriendo para blandear nuestros cuerpos, las rancias y vetustas granjas donde nos hemos alojado en días anteriores; aun así, descansamos del intenso día y pasamos en él la noche. Continuando en sucesivos días nuestro periplo por la costa del sur islandés, pero eso será en un próximo capítulo.